jueves, 5 de noviembre de 2026

Un varón de 52 años con pérdida de visión en ojo izquierdo

Un hombre de 52 años fue evaluado por consultorio externo de oftalmología debido a una pérdida de visión en el ojo izquierdo.

Veintisiete meses antes de la presentación actual, se le diagnosticó en otro hospital un cáncer de pulmón de células pequeñas con metástasis hepáticas. Se inició un tratamiento con carboplatino y etopósido; un mes después, se añadió atezolizumab al régimen terapéutico. Cuatro meses más tarde, una tomografía por emisión de positrones combinada con tomografía computarizada (PET-CT) mostró signos de respuesta al tratamiento; se suspendió la administración de carboplatino y etopósido, mientras que el tratamiento con atezolizumab continuó.

Veintiún meses antes de la presentación actual, una PET-CT reveló un nuevo nódulo suprarrenal izquierdo hipermetabólico, de 14 mm en su dimensión mayor, sugestivo de enfermedad metastásica. Dos meses después —es decir, 19 meses antes de la presentación actual—, se administró radioterapia corporal estereotáctica sobre la glándula suprarrenal izquierda en otro centro hospitalario. Un mes más tarde —18 meses antes de la presentación actual—, una resonancia magnética (RM) cerebral reveló nuevas lesiones hemorrágicas multifocales compatibles con metástasis, por lo que se administró radioterapia holocraneal. La PET-CT mostró, además, evidencia de enfermedad en la región cervical, con afectación de los ganglios linfáticos a lo largo de la vena yugular interna; durante el mes siguiente, se suspendió el tratamiento con atezolizumab y se inició la administración de lurbinectedina. Las posteriores RM cerebral y PET-CT mostraron signos de respuesta al tratamiento.

Ocho meses antes de la presentación actual, el paciente comenzó a experimentar visión borrosa y dolor intermitente en el ojo izquierdo. Seis meses antes de la presentación actual, presentó un episodio convulsivo, acompañado de afasia y debilidad en el hemicuerpo derecho. La RM cerebral reveló la progresión de las lesiones supratentoriales, hallazgos compatibles con enfermedad metastásica. Se inició tratamiento con levetiracetam y glucocorticoides por vía oral. Un mes después, se administró radioterapia estereotáctica. Se interrumpió el tratamiento con lurbinectedina y se inició el tratamiento con irinotecán.

Una resonancia magnética (RM) cerebral y una PET-TC posteriores mostraron indicios de respuesta al tratamiento.

Tres semanas antes de la presentación actual, la visión borrosa en el ojo izquierdo comenzó a empeorar. El paciente presentaba miodesopsias («moscas volantes»), dolor intermitente y una disminución reciente de la visión en la periferia temporal del ojo izquierdo. Fue evaluado en la consultorio de oftalmología.

En dicha clínica, se recabaron más antecedentes. El paciente refirió haber padecido dolor de garganta y fatiga durante una semana, dos meses antes de la presentación actual; ambos síntomas se resolvieron de forma espontánea. No presentaba antecedentes de fiebre, escalofríos, sudores nocturnos, odinofagia ni diarrea. Sus antecedentes médicos incluían fibrilación auricular, diabetes mellitus, fracturas por compresión torácica y depresión. Su tratamiento farmacológico consistía en levetiracetam, pantoprazol, dexametasona a dosis bajas en días alternos para las náuseas (además de una dosis mayor de dexametasona diariamente durante los 3 días posteriores a la administración de quimioterapia) y sulfametoxazol-trimetoprima como profilaxis frente a la neumonía por *Pneumocystis jirovecii*. No refería reacciones adversas conocidas a medicamentos. El paciente nació en Egipto y vivió en el norte de África y Oriente Medio durante la mayor parte de su vida. Se trasladó a Nueva Inglaterra 5 años antes de la presentación actual. Estaba jubilado y vivía con su esposa, sus hijos adultos y sus nietos. Había fumado un paquete de cigarrillos al día durante los últimos 38 años; no consumía alcohol ni drogas ilícitas. Un tío paterno había padecido cáncer de próstata, y una tía paterna, cáncer de estómago.

En la exploración, la agudeza visual era de 20/100 en el ojo derecho y de 20/80 en el ojo izquierdo. Las pupilas eran simétricas y reactivas a la luz. La presión intraocular era normal en ambos ojos. Se observó un déficit parcial en el campo visual inferior externo del ojo izquierdo. Los movimientos extraoculares eran normales. El examen con lámpara de hendidura reveló cataratas en ambos ojos; por lo demás, los segmentos anteriores eran normales. El examen de fondo de ojo con pupila dilatada (Fig. 1A y 1B) mostró células en el vítreo (grado 2+) y una lesión extensa en forma de cuña en el ojo izquierdo; dicha lesión, caracterizada por un blanqueamiento retiniano asociado a hemorragias y algunos exudados duros, partía del borde inferior de la papila óptica y se extendía hacia la zona temporal inferior de la retina periférica. No se observaron anomalías en el ojo derecho durante el examen de fondo de ojo con pupila dilatada.

 


Figura 1. Estudios de imagenología oftálmica multimodal.

Las fotografías en color del fondo de ojo muestran que el ojo derecho es normal (panel A), mientras que el ojo izquierdo presenta una lesión retiniana (panel B). Las imágenes de tomografía de coherencia óptica muestran el ojo derecho normal (panel C) y la lesión en el ojo izquierdo (paneles D y E); se observa líquido intrarretiniano (panel D, asterisco) en la mácula nasal del ojo izquierdo, junto con un engrosamiento intrarretiniano extenso (panel E, asterisco) en el límite entre la retina normal y la lesión. Una ecografía del ojo izquierdo muestra el marcado engrosamiento de la lesión (panel F, asterisco).

 

 

La tomografía de coherencia óptica (OCT) (Fig. 1C, 1D y 1E) reveló líquido intrarretiniano en la mácula nasal del ojo izquierdo, junto con engrosamiento en el límite entre la retina normal y la lesión. La ecografía del ojo izquierdo (Fig. 1F) mostró un marcado engrosamiento retiniano en la zona de la lesión. Se realizaron estudios de laboratorio.

El recuento de glóbulos blancos, el recuento diferencial y el recuento de plaquetas fueron normales; la concentración de hemoglobina en sangre fue de 11,9 g por decilitro (intervalo de referencia: 13,5 a 17,5). Los niveles de electrolitos fueron normales, al igual que los resultados de las pruebas de función renal. Las pruebas de detección del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) tipos 1 y 2 fueron negativas. Basándose en el aspecto de la lesión en el ojo izquierdo, se sospechó una retinitis atípica por citomegalovirus (CMV). Se recomendó la obtención de una muestra de líquido de la cámara anterior del ojo izquierdo con fines diagnósticos.

Tras analizar con el paciente los riesgos y beneficios del procedimiento, se introdujo una aguja de calibre 30 en la cámara anterior a través de la córnea temporal del ojo izquierdo, obteniéndose aproximadamente 100 μl de humor acuoso. Se realizó una prueba de amplificación de ácidos nucleicos (NAAT, por sus siglas en inglés) para detectar ADN de CMV, virus del herpes simple (VHS) y virus varicela-zóster (VVZ). El paciente recibió foscarnet intravítreo y valganciclovir por vía oral ante el diagnóstico presuntivo de retinitis por CMV.

Dos días después, se dispuso de los resultados de otras pruebas de laboratorio. El recuento de linfocitos T CD4+ fue de 239 por microlitro (intervalo de referencia: 295 a 1471), y la carga viral de ADN de CMV en sangre fue de 348 UI por mililitro (valor de referencia: no detectable). Se administró una segunda dosis de foscarnet intravítreo, y el paciente continuó recibiendo dos dosis por semana durante las 2 semanas siguientes. El paciente informó la desaparición de las «moscas volantes» (cuerpos flotantes) en su ojo izquierdo. El área de blanqueamiento retiniano permaneció sin cambios.

Diez días después, la carga viral de ADN de CMV en sangre había disminuido a 47 UI por mililitro; la prueba de IgM para CMV resultó no reactiva, mientras que la prueba de IgG para CMV fue positiva. No se detectó ADN de CMV, HSV ni VZV en el humor acuoso.

Se llevó a cabo un procedimiento diagnóstico.

 

Diagnóstico diferencial

Se trata de un hombre de 52 años con cáncer de pulmón de células pequeñas metastásico que presentó pérdida de visión en el ojo izquierdo. El examen oftalmológico reveló vitritis y una extensa área de infiltración retiniana. La ecografía ocular mostró engrosamiento retiniano en la zona de la lesión. Dada la inmunosupresión del paciente, debida a la quimioterapia y la terapia con glucocorticoides, comenzaré considerando las causas infecciosas de la retinitis. Retinitis por CMV: El paciente recibió tratamiento empírico con foscarnet intravítreo y valganciclovir oral ante un diagnóstico presuntivo de retinitis por CMV, basado en la apariencia de la lesión retiniana y los antecedentes de inmunosupresión. Dos días después de iniciar el tratamiento, se detectó viremia por CMV de bajo nivel, lo que apoyó el diagnóstico de retinitis por CMV. Sin embargo, un examen de seguimiento realizado dos semanas después del inicio del tratamiento no mostró mejoría en la apariencia de la lesión. Además de la falta de respuesta al tratamiento, varios otros aspectos de la presentación clínica del paciente no son compatibles con un diagnóstico de retinitis por CMV.

 

Primero, no se detectó ADN de CMV en el humor acuoso. La prueba NAAT para CMV en humor acuoso es positiva en más del 90 % de los pacientes con retinitis por CMV, por lo que un resultado negativo tiene un alto valor predictivo negativo.1 Segundo, la retinitis por CMV suele presentarse en pacientes con un compromiso inmunológico más grave que el de este paciente. El tratamiento con carboplatino —el fármaco con mayor actividad inmunosupresora de todos los que formaban parte del régimen de quimioterapia previo del paciente— se había administrado más de un año antes del desarrollo de los síntomas oculares. El recuento de linfocitos T CD4+ de 239 por microlitro es superior al recuento típico de linfocitos T CD4+ en personas con infección por VIH que presentan retinitis por CMV.² En tercer lugar, el nivel de viremia por CMV era bajo y no podía utilizarse para establecer un diagnóstico definitivo de retinitis por CMV, especialmente en el contexto de la prueba NAAT negativa para CMV en el humor acuoso. Finalmente, la presencia de engrosamiento retiniano en la ecografía ocular sería bastante inusual en la retinitis por CMV.

 

Otras causas de retinitis viral

La retinitis viral debida a la infección por VZV o HSV es un posible diagnóstico en el caso de este paciente.

El VZV y el HSV pueden causar enfermedad retiniana tanto en personas inmunocompetentes como inmunodeprimidas. El engrosamiento retiniano se produce en raras ocasiones. Se sospecha retinitis por VZV y retinitis por HSV.3 Sin embargo, el resultado negativo de la prueba NAAT en el humor acuoso hace que ambos diagnósticos sean improbables. Además, la retinitis por VZV o HSV debería haber remitido tras el tratamiento con foscarnet intravítreo y valganciclovir oral.

 

Toxoplasmosis ocular

La infección por Toxoplasma gondii también puede causar retinitis. Pueden verse afectadas grandes áreas de la retina, pero la lesión retiniana de este paciente era mayor de lo esperado en una toxoplasmosis ocular.4 El grado de hemorragia intrarretiniana observado en este caso también sería atípico para la toxoplasmosis ocular. Aunque la toxoplasmosis ocular puede presentar manifestaciones inusuales en personas inmunocomprometidas, este paciente no tenía un inmunocompromiso. Además, la toxoplasmosis ocular provoca una exudación perivascular retiniana y vitritis asociadas más graves que las observadas en este paciente, especialmente considerando el tamaño de su lesión.

 

Infecciones por espiroquetas

La retinitis asociada a la sífilis suele presentar un aspecto placoide sin engrosamiento ni hemorragia,⁵ a diferencia de la lesión observada en este paciente.

Además, en pacientes con retinitis sifilítica, la OCT generalmente muestra una pérdida de la arquitectura retiniana externa, junto con pequeñas áreas nodulares de hiperreflectividad que se extienden por encima del epitelio pigmentario retiniano;⁶ ninguno de estos hallazgos se observó en este paciente.

La enfermedad de Lyme puede causar retinitis en casos raros.⁷ Sin embargo, el grado de engrosamiento retiniano observado en este paciente sería atípico para la retinitis asociada a la enfermedad de Lyme.

 

Infecciones fúngicas y bacterianas

Las infecciones fúngicas y bacterianas de la retina y la coroides tienen mayor probabilidad que la retinitis viral de causar engrosamiento de la retina e incluso pueden provocar abscesos. Estas infecciones suelen introducirse mediante cirugía ocular o diseminación hematógena al ojo.⁸ Este paciente no tenía antecedentes de cirugía ocular ni síntomas sistémicos sugestivos de bacteriemia o fungemia. Además, las infecciones bacterianas de la retina suelen ser rápidamente progresivas y destructivas; sería muy inusual que un paciente tuviera endoftalmitis bacteriana durante 8 meses sin daño ocular clínicamente significativo. Si bien la endoftalmitis fúngica puede ser más indolente que la bacteriana, una zona de infiltración fúngica retiniana tan extensa como la observada en este paciente difícilmente se mantendría estable durante 2 semanas. Reacciones adversas al tratamiento del cáncer

El paciente había recibido tratamiento con atezolizumab, un inhibidor de puntos de control inmunitarios dirigido al ligando 1 de muerte programada.

Los inhibidores de puntos de control inmunitarios pueden causar uveítis grave que imita la retinitis infecciosa.⁹ Sin embargo, el tratamiento con atezolizumab se había interrumpido casi un año antes del inicio de los síntomas oculares en este paciente.

El inicio de la uveítis inducida por inhibidores de puntos de control puede retrasarse, pero este grado de retraso sería muy inusual.

Lurbinectedina, el medicamento, que estuvo asociado temporalmente con la aparición de sus síntomas oculares, es un inhibidor selectivo de la transcripción oncogénica y no se conoce que cause uveítis.

 

Cáncer

La metástasis en la retina ocurre en raras ocasiones en pacientes con cáncer de pulmón de células pequeñas.10 La metástasis en la coroides es más frecuente. En general, las metástasis intraoculares son más comunes en pacientes que también presentan metástasis cerebrales,11 las cuales se observaron en este paciente. El grado de engrosamiento retiniano, evidenciado mediante OCT y ecografía ocular en este paciente, es más compatible con un cáncer que con una infección o una reacción adversa al tratamiento oncológico.

 

Pasos a seguir

Dada la variedad de posibles diagnósticos, cada uno con un tratamiento muy distinto, el siguiente paso para determinar el diagnóstico en este paciente es realizar una biopsia. En la mayoría de los pacientes con retinitis, el abordaje diagnóstico comienza con una vitrectomía (biopsia del humor vítreo), la cual conlleva menos riesgos que una biopsia retiniana o coriorretiniana. La vitrectomía solo proporciona información citológica, pero, en muchos casos, permite llegar a un diagnóstico definitivo. Por lo general, solo se recurre a una biopsia retiniana o coriorretiniana si la biopsia del humor vítreo no resulta diagnóstica. No obstante, añadir una biopsia retiniana aumenta las probabilidades de obtener un diagnóstico en comparación con realizar únicamente una biopsia del humor vítreo.12 Si el paciente desea minimizar los procedimientos adicionales e iniciar el tratamiento con prontitud, estaría justificado proceder directamente a realizar una biopsia retiniana, además de la biopsia del humor vítreo.

 

Impresión clínica

La infección latente por CMV está muy extendida en la población general, con una seroprevalencia de entre el 60 % y el 85 % en adultos.13 La retinitis por CMV se ha descrito casi exclusivamente en pacientes con una infección previa y un compromiso inmunitario celular clínicamente significativo, lo que permite la reactivación del virus latente. La afección es más frecuente en pacientes con síndrome de inmunodeficiencia adquirida14 y menos frecuente en pacientes con una inmunosupresión profunda de células T, inducida farmacológicamente (p. ej., receptores de trasplantes de órganos sólidos o de células hematopoyéticas).15-17

Tratamiento oncológico con un único agente inhibidor de la topoisomerasa, que se le había administrado a este paciente, no provoca linfodepleción y no cabría esperar que generara una predisposición a la enfermedad por citomegalovirus (CMV) en órganos diana.18 Los ciclos breves de glucocorticoides a dosis altas, que este paciente recibió para tratar las náuseas inducidas por la quimioterapia, pueden derivar en viremia por CMV (descrita recientemente como ADNemia por CMV)19 y en disminuciones transitorias del recuento de linfocitos T CD4+.20 Por lo general, estos efectos no conllevan una predisposición a infecciones oportunistas. Cabe destacar que el recuento de linfocitos T CD4+ no parece correlacionarse bien con el riesgo de retinitis por CMV en pacientes sin infección por VIH.16,21

En conjunto, este paciente representaría un caso sumamente atípico de retinitis por CMV. No se recomienda el uso de pruebas de amplificación de ácidos nucleicos (NAAT, por sus siglas en inglés) en sangre para el diagnóstico de la retinitis por CMV, ya que esta afección no se desarrolla en la mayoría de los pacientes con una infección por CMV detectable.22 Además, el CMV solo se detecta en la sangre en una pequeña proporción de los pacientes que padecen retinitis por CMV.23 Por consiguiente, la presencia de CMV en la sangre de este paciente no constituía un indicador sólido de retinitis por CMV. La falta de respuesta al tratamiento antiviral sistémico e intravítreo sugirió la posibilidad de otro diagnóstico, por lo que se procedió a realizar una evaluación adicional para determinar un diagnóstico alternativo.

 

Procedimiento diagnóstico

Dada la ausencia de respuesta clínica al tratamiento antiviral intravítreo y sistémico, junto con un resultado negativo en la prueba NAAT para CMV en el humor acuoso, se recomendó realizar una biopsia para obtener un diagnóstico tisular definitivo de una posible lesión metastásica derivada del carcinoma pulmonar de células pequeñas que padece el paciente. Se informó al paciente sobre los riesgos y beneficios de una vitrectomía diagnóstica con biopsia retiniana; un procedimiento que conlleva riesgos tales como hemorragia intraocular, desprendimiento de retina y pérdida permanente de la visión. La agudeza visual del paciente en el ojo izquierdo, antes de la biopsia, había disminuido hasta el punto de que solo podía contar dedos, y se consideraba que el pronóstico para la recuperación de la visión era desfavorable. Se tomó la decisión de proceder con una vitrectomía y una biopsia retiniana.

Se realizó una vitrectomía vía pars plana utilizando un sistema de calibre 25 (25-gauge) y se obtuvo tejido vítreo para su análisis citológico.

A continuación, se delimitó una zona en el límite entre la lesión y la retina sana (de 3 mm por 4 mm) mediante endodiatermia y endoláser antes de la disección con tijeras intraoculares. El tejido retiniano fue disecado del epitelio pigmentario retiniano subyacente, dejando intacta la coroides, y se extrajo mediante pinzas intraoculares a través de una incisión de esclerotomía temporal para su examen histopatológico. Se logró la hemostasia mediante diatermia, se realizó un intercambio fluido-aire y el ojo se rellenó con aceite de silicona de 1000 centistokes.

 

Discusión patológica

Dado el tamaño y la fragilidad de la muestra de biopsia retiniana, el cirujano de retina entregó el tejido personalmente en el laboratorio de patología. Un fragmento de tejido de color blanco amarillento y semitranslúcido (que medía 0,5 cm x 0,2 cm x <0,1 cm) fue aislado de inmediato, colocado sobre una tarjeta de montaje, envuelto en papel de filtro especial y sumergido, dentro de un casete, en formalina para su fijación.

La tinción con hematoxilina y eosina de los cortes de la muestra, incluidos en parafina, reveló láminas de células redondas azules de aspecto primitivo, de alto grado y con actividad mitótica, sin formación de rosetas verdaderas (Fig. 2A); pequeñas franjas de retina externa ocupaban una minoría de la muestra. Las células tumorales presentaban pleomorfismo nuclear, una cantidad mínima de citoplasma y cromatina nuclear de aspecto pulverulento (Fig. 2B). El diagnóstico diferencial de un tumor compuesto por células redondas primitivas es amplio; no obstante, el diagnóstico más probable para un tumor intrarretiniano formado por células redondas azules pequeñas sería el retinoblastoma. Por tanto, el contexto clínico resultó fundamental para determinar qué estudios adicionales solicitar, especialmente dada la escasa cantidad de tejido disponible.

 


Figura 2. Figura 2. Muestra de biopsia retiniana obtenida del ojo izquierdo.

La tinción con hematoxilina y eosina (Panel A) muestra células tumorales redondas, indiferenciadas y de aspecto primitivo. A mayor aumento (Panel B), las células tumorales son pleomórficas, presentan un citoplasma eosinófilo escaso y una cromatina nuclear finamente punteada (aspecto de «sal y pimienta»); se observan restos de cariorrexis y una actividad mitótica evidente (flechas). Se aprecia una pequeña porción de la retina externa adyacente (óvalo), donde la capa nuclear externa está compuesta por células redondas monomórficas situadas junto a los segmentos externos de los fotorreceptores —bastones y conos—, que son eosinófilos (asteriscos). La inmunohistoquímica para pancitoqueratina (AE1/AE3/CAM5.2) (Panel C) muestra una tinción de intensidad variable en las células tumorales, a menudo con un patrón perinuclear en forma de punto o anillo (flechas), sin que se observe tinción en la retina (óvalo). La inmunohistoquímica para sinaptofisina (Panel D) resulta positiva, lo que confirma la naturaleza neuroendocrina del tumor; también se observa una tinción normal en forma de banda dentro de la retina (óvalo).

 

Debido a la edad del paciente y a sus antecedentes oncológicos conocidos, se llevó a cabo un panel limitado de tinciones inmunohistoquímicas. Las células tumorales mostraron inmunopositividad para pancitoqueratina (AE1/AE3/CAM5.2) (Fig. 2C), con un patrón parcial en forma de puntos y anillos, así como para sinaptofisina (Fig. 2D). Cabe destacar que tanto el carcinoma pulmonar de células pequeñas como el retinoblastoma presentarían una pérdida de tinción para la proteína del retinoblastoma (análisis no realizado en este caso); este hallazgo podría constituir una posible trampa diagnóstica si se considera sin el contexto clínico adecuado.

Los hallazgos confirmaron la afectación retiniana por un carcinoma neuroendocrino de alto grado y fueron compatibles con una metástasis retiniana de un carcinoma pulmonar de células pequeñas primario, el cual ya había demostrado presentar metástasis en el sistema nervioso central. Una muestra citológica del humor vítreo, obtenida durante el mismo procedimiento, reveló escasas células atípicas, redondas e hipercromáticas, con moldeamiento nuclear focal, en un contexto de inflamación y restos celulares procedentes de cariorrexis y apoptosis. Aunque habría resultado muy difícil establecer un diagnóstico definitivo basándose únicamente en el examen citopatológico, al considerar los resultados de la biopsia retiniana, los hallazgos indicaron una afectación mínima del humor vítreo por células tumorales en degeneración.

Diagnóstico anatomopatológico

Metástasis retiniana de carcinoma pulmonar de células pequeñas.

 

Análisis del manejo clínico

El paciente fue derivado al servicio de oncología ocular para una evaluación y tratamiento adicionales. En la exploración del ojo izquierdo, no se observó percepción luminosa y la presión intraocular era de 28 mm Hg. La cámara anterior presentaba células clínicamente significativas, lo que sugería la presencia de un tumor intraocular diseminado. El deterioro gradual de la visión del paciente, hasta llegar a la ausencia de percepción luminosa, planteaba la posibilidad de una infiltración tumoral del nervio óptico.

Se informó al paciente y a su familia sobre el pronóstico visual desfavorable. Se analizaron las posibles opciones terapéuticas, que incluían la observación, la quimioterapia sistémica, la radioterapia local y la enucleación. El paciente optó por la radioterapia ocular paliativa, con el objetivo de proporcionar bienestar y preservar el globo ocular. Fue derivado al servicio de oncología radioterápica, donde se recomendó la irradiación generalizada del globo ocular izquierdo para aumentar las probabilidades de control local de la enfermedad.

Se realizó una resonancia magnética (RM) específica de la cara y las órbitas para evaluar la carga tumoral con el fin de planificar la radioterapia. La RM reveló un realce nodular en la región posterolateral del globo ocular izquierdo, así como un leve realce en el segmento intraocular del nervio óptico izquierdo; hallazgos compatibles con una metástasis. Posteriormente, se administró radioterapia de arco modulado volumétrico (VMAT) en el globo ocular izquierdo, con una dosis total de 20 Gy repartida en cinco fracciones. Se programó una cita de seguimiento en la clínica de oncología ocular para 6 semanas después. Sin embargo, durante ese periodo, el paciente regresó a su país de origen y, más tarde, falleció debido a complicaciones derivadas de un cáncer de pulmón de células pequeñas en progresión.

Diagnóstico final

Metástasis retiniana de un cáncer de pulmón de células pequeñas.

 

 

Traducido de:

“A 52-Year-Old Man  with Vision Loss in the Left Eye”

Lucia Sobrin, M.D., M.P.H.,1‑3 K. Matthew McKay, M.D.,1‑3 Victor Kovac, M.D.,4,5

Frances Wu, M.D.,1‑3 and Anna M. Stagner, M.D.1,3,6‑8

The New England Journal of Medicine.

 

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