Un colega de CABA Argentina envía esta inquietud al grupo
Buenos días Doctor, quiero plantear una inquietud en
el grupo, que creo que puede ser una problemática común a nuestros tiempos para
muchos colegas, y si todavía no lo es, vamos a tener que lidiar con ella en los
próximos años
Un paciente sano de 21 años, deportista me consulta
para comenzar semaglutida ya que considera que su peso es excesivo y “no se
siente bien con ese estado”. El BMI es de 28 y por lo demás, no registra antecedentes patológicos
personales ni familiares. El examen físico es negativo, y se lo ve sano. Mi
inquietud es, qué hay que hacer con este paciente referido a su inquietud. ¿Qué
haría usted? ¿Le indicaría la droga?,
¿lo trataría de convencer que no tiene indicación del uso de la misma?, ¿lo
deriva a otra especialidad? (endocrinología por ejemplo)
Opinión: Creo que lo primero que hay que tener en cuenta en la
práctica médica antes de iniciar cualquier tratamiento con fármacos, es la
consideración de los riesgos y beneficios de los mismos. En el caso concreto
que planteas y aunque parezca una obviedad hay que transmitirle a nuestro
paciente la necesidad de una alimentación saludable, actividad física y
modificación del comportamiento, ya que el uso de medicamentos sin estos
cambios suele ser ineficaz a largo plazo. Dicho esto, creo que la respuesta a
tu pregunta pasa por conocer los criterios aceptados actualmente para el uso de
los agonistas deL GLP1 en el tratamiento de la obesidad o el sobrepeso. En este
sentido, los candidatos para terapia
farmacológica incluyen personas que no han alcanzado los objetivos de pérdida
de peso (pérdida de al menos el 5 por ciento del peso corporal total en tres a
seis meses) con una intervención integral en el estilo de vida y que: o tengan
obesidad (IMC>30), o tengan un IMC de 27 a 29,9 más una o más
comorbilidades relacionadas con el peso o tengan adiposidad central (p. ej.,
circunferencia de cintura elevada) más una o más comorbilidades relacionadas
con el peso. En este caso, creo que el paciente no reúne los criterios para iniciar
aunque no conocemos la circunferencia de la cintura. Debemos saber que estos
tratamientos no son por un tiempo limitado y que como la obesidad
es una enfermedad crónica, la mayoría de las personas requieren terapia de por
vida, y la interrupción del tratamiento se asocia a una recuperación del peso.
Por otro lado, el costo de estos medicamentos es alto y que las obras sociales
o prepagas, no siempre se hacen cargo.
Respecto a la semaglutida en el tratamiento de la
obesidad y el sobrepeso, hay que decir que se usa por vía subcutánea una vez por
semana con una dosis inicial de 0,25 mg,
aumentándose la dosis cada 4 semanas hasta alcanzar la dosis recomendada de 1,7
o 2,4 mg una vez a la semana. A veces produce efectos secundarios como náuseas
o vómitos. En cuanto a la eficacia en el descenso de peso, en un metanálisis la
semaglutida mostró un descenso de -10,7%
en comparación con placebo después de 6 a 17 meses. Además de náuseas y vómitos
se describen diarrea o estreñimiento como efectos adversos menores, que suelen
desaparecer con el tiempo. Pero también se describen efectos adversos graves
aunque menos comunes como pancreatitis, enfermedad de la vesícula biliar y
obstrucción intestinal. Todas las terapias basadas en GLP-1 están
contraindicadas durante el embarazo y en pacientes con antecedentes personales
o familiares de cáncer medular de tiroides o neoplasia endocrina múltiple 2A o
2B.
En definitiva, el paciente comentado, no me parece, al
menos inicialmente un candidato para el uso de semaglutida.