Una colega de CABA Argentina envió esta imagen con el
siguiente texto:
Hola Doc. Le mando esta imagen de un paciente con
herpes simplex labial porque me pareció de muy buena calidad para compartir con
el grupo del Rincón
Anónimo como siempre Doc.
Espacio virtual creado para discutir casos clínicos, actualizar temas y comentar inquietudes relacionadas con la práctica de la Medicina Interna
Una colega de CABA Argentina envió esta imagen con el
siguiente texto:
Hola Doc. Le mando esta imagen de un paciente con
herpes simplex labial porque me pareció de muy buena calidad para compartir con
el grupo del Rincón
Anónimo como siempre Doc.
La Dra Emma Callaghan de Hamilton, Ontario, Canadá
envió a un foro estas imágenes con el siguiente texto:
Mujer de 46 años, Ontario. Inicio agudo de hinchazón
perioral leve, eritema, entumecimiento y sensación de ardor tras
contacto/posible mordedura/picadura de un insecto en la mandíbula izquierda.
Refiere sentir algo en la mandíbula y al limpiarlo, notó que la piel se
desprendió inmediatamente, seguido de supuración. Sin prurito, fiebre ni dolor
de garganta/lengua/labios. Desarrollo casi inmediato de pustulosis. Las fotos
muestran la progresión en 72 horas. Inicialmente se le recetó crema tópica de
cetirizina e hidrocortisona al 1%. La hidrocortisona parece agravar el eritema,
por lo que ahora usa abundante crema hidratante (Cerave). El entumecimiento y
el ardor desaparecieron en 48 horas. Solo toma candesartan desde hace más de 5
años. La hipertensión es su única condición médica. No ha usado cosméticos
nuevos, ni ha estado expuesta a alimentos o alérgenos conocidos. ¿Alguna idea
sobre el diagnóstico y el tratamiento recomendado? ¿Es probable que esto deje
hiperpigmentación y, de ser así, cómo prevenirla? ¡Cualquier comentario es
bienvenido!
Opinión: Efectivamente lo que presenta es una dermatosis
pustular aguda en la región centrofacial baja, específicamente perioral y sobre
todo en la región mentoniana. Las pustulosis pueden tener diversas etiologías,
y se las suele dividir en infecciosas (bacterianas, parasitarias, fúngicas y
virales), no infecciosas o estériles (psoriasis pustular, dermatosis
neutrofílicas, pustulosis eosinofílicas, pustulosis inducidas por fármacos (una
larga lista), y las pustulosis por contacto irritativo severa, dermatitis
tóxica por Paederus, escarabajos u orugas urticantes, y por último algunas
reacciones fototóxicas o fotoalérgicas como las fitofotodermatitis y la
exposición a medicamentos fotosensibilizantes.
En el caso de esta
paciente existe un antecedente de posible contacto con un “insecto” por
lo que podría ser una dermatitis tóxica por Paederus. Sin embargo, en general
las reacciones a Paederus suelen ser muy sintomáticas, dolor y ardor, y en este
caso no hubo casi síntomas. Después del uso de la crema con corticoides el
cuadro empeoró lo que es perfectamente posible ya que los corticoides están
dentro de los fármacos capaces de generar pustulosis así como exacerbar una
dermatosis previa. Entre otras dermatosis que pueden exacerbar los corticoides
están la dermatitis perioral.
En cuanto a la conducta, creo que la paciente
evolucionó bien al cabo de 72 horas y en la última imagen se puede ver una
hiperpigmentación postinflamatoria en las zonas ocupadas antes por las
pústulas. Por lo tanto, creo que no haría demasiado además de suspender los
corticoides tópicos, trataría de mantener una buena hidratación de la región
con emolientes, no usar jabones irritantes, y tratar de evitar la exposición
solar que suele empeorar la hiperpigmentación postinflamatoria, inclusive
utilizando un protector solar de amplio espectro. Vigilaría diariamente a la
paciente por si presenta signos de exacerbación del cuadro
Un hombre
de 50 años presentó dolor torácico pleurítico, hinchazón facial y secreción
purulenta durante tres días. Su historial médico incluía diabetes tipo 2 mal
controlada.
A
continuación se muestra una tomografía computarizada del rostro con ventanas
para tejidos blandos y huesos en cortes axiales secuenciales.
Al
paciente se le realizó una radiografía de tórax y una tomografía computarizada
de tórax con contraste intravenoso. A continuación se muestran imágenes
representativas.
Tomografía
computarizada de la cara: Se observa una extensa inflamación bilateral del
cuero cabelludo frontal, el puente nasal, la región periorbitaria y los
párpados, con líquido difuso mal definido y gas moteado, lo que sugiere una
posible infección de tejidos blandos y un absceso. No se observan signos de
celulitis orbitaria. No se observan signos de etiología odontogénica.
Engrosamiento de la mucosa del seno maxilar derecho.
Radiografía
de tórax: Se observan opacidades en el espacio aéreo de la zona inferior
derecha del pulmón, que podrían indicar neumonía.
Tomografía
computarizada de tórax: Se observa consolidación del lóbulo inferior derecho
con opacidad central en vidrio deslustrado y cavitación, que posiblemente
represente un halo invertido o un signo de nido de pájaro.
Diagnóstico
diferencial
Mucormicosis
Neumonía
organizada criptogénica
Granulomatosis
con poliangeítis
Adenocarcinoma
Diagnóstico
final: Mucormicosis
Discusión
Mucormicosis
La mucormicosis es la tercera infección fúngica invasiva más común después de la aspergilosis y la candidiasis. La infección pulmonar se produce por la inhalación de esporas, que son omnipresentes en la descomposición del suelo y los vegetales. Los principales factores de riesgo incluyen un estado de inmunosupresión debido a un trasplante de órganos, tratamiento con esteroides, diabetes mal controlada o leucemia/linfoma. Los pacientes generalmente presentan fiebre, tos, disnea o dolor torácico. También pueden presentar infección sinonasal, como en este caso.
La
radiografía de tórax no es específica y puede mostrar un nódulo solitario,
consolidación lobar o una lesión cavitaria. En la tomografía computarizada de
tórax, puede observarse una opacidad consolidativa grande con un centro en
vidrio deslustrado, que se describe como un halo invertido o signo de nido de
pájaro. Esto contrasta con las múltiples opacidades más pequeñas y difusas con
signo de halo invertido que se observan en la neumonía organizada criptogénica.
El
tratamiento consiste en la administración sistémica de anfotericina B y la
resección lobular del lóbulo afectado. El pronóstico suele ser desfavorable y
la mortalidad oscila entre el 60 % y el 100 % en personas inmunodeprimidas.
Referencias
La iridodonesis (o iridodonesis) es
precisamente ese temblor o vibración involuntaria del iris que ocurre con los
movimientos oculares rápida y típicamente se debe a la pérdida del soporte
cristalino posterior.
Causas principales de iridodonesis:
A diferencia del nistagmo o el hipus, que son
trastornos del movimiento neurológico o neuromuscular del ojo/pupila, la
iridodonesis es un signo puramente mecánico de inestabilidad estructural
del segmento anterior.
Un niño de 10 años acudió a consulta con dolor abdominal en la región epigástrica que se irradiaba a la espalda, asociado a múltiples episodios de vómitos en los últimos tres días. Una ecografía abdominal inicial realizada en otra clínica resultó normal al momento de la consulta.
Ante el aumento progresivo del dolor abdominal
superior y los vómitos, el niño fue trasladado a nuestro instituto, un centro
de atención terciaria, para una evaluación más exhaustiva. Se realizó una
ecografía de control el cuarto día, que reveló un páncreas ligeramente
aumentado de tamaño y líquido en la transcavidad de los epiplones y la pelvis.
El hemograma completo y las pruebas de función hepática fueron normales. Los
valores de amilasa sérica (596 UI/L) y lipasa sérica (396 UI/L) estaban
elevados. Se realizó una tomografía computarizada con contraste (TCC) del
abdomen.
Las imágenes de CECT del abdomen (imágenes axiales a
dos niveles diferentes del páncreas y una imagen coronal oblicua) muestran un
páncreas voluminoso y edematoso con un área de necrosis parenquimatosa sin
realce en el cuerpo. Se observa infiltración grasa y líquido libre en el saco
menor y el espacio pararrenal anterior izquierdo, extendiéndose caudalmente a
lo largo del cono lateral izquierdo y la fascia de Gerota. Se aprecia un objeto
delgado y curvilíneo de alta densidad en la región antral del estómago que se
extiende a través de la pared gástrica hacia el parénquima pancreático.
Diagnóstico final: Pancreatitis necrotizante aguda
causada por la migración transgástrica de un cuerpo extraño penetrante.
Tratamiento
El departamento de gastroenterología médica realizó un
examen fluoroscópico que mostró un cuerpo extraño delgado, curvilíneo y de alta
densidad en la parte superior del abdomen, a la altura del antro gástrico
(véase la figura a continuación).
La endoscopia reveló un alambre metálico curvilíneo y
afilado que perforaba la pared posterior del antro gástrico (b). Se extrajo
intacto en una sola pieza con pinzas de biopsia dentales (c). Posteriormente,
se trató al paciente de forma conservadora por pancreatitis, experimentó una
mejoría sintomática y fue dado de alta en condición estable tras cinco días.
Discusión
De las diversas causas de pancreatitis, el traumatismo
por lesión contusa o penetrante es una causa poco común. Aún más inusual e
infrecuente es la lesión traumática directa por un cuerpo extraño ingerido que
perfora el tracto gastrointestinal superior.
Si bien la mayoría de los cuerpos extraños ingeridos
se eliminan con las heces, solo alrededor del 1 % causa perforación. Además de
la unión cricofaríngea y el esfínter esofágico, los puntos de angulación o
estrechamiento en el tracto gastrointestinal superior, como el píloro, la curva
duodenal y el ligamento de Treitz, son sitios comunes de perforación. La perforación puede ser aguda o crónica; en
ocasiones, el cuerpo extraño se incrusta y tarda meses en erosionar la pared
gástrica o duodenal, por lo que el tiempo de aparición de los síntomas puede
variar ampliamente.
Existen casos muy raros de cuerpos extraños que migran
al páncreas; estos pueden ser asintomáticos y detectarse incidentalmente en
estudios de imagen o presentarse con dolor abdominal, pancreatitis y
complicaciones como pseudoaneurisma, absceso y pseudotumor. Uno de los primeros casos documentados en la
literatura de cuerpos extraños ingeridos que perforaron el tracto
gastrointestinal superior y migraron al páncreas fue el de Hashmonai et al.,
quienes informaron una serie de 10 casos de perforación del tracto
gastrointestinal superior por una aguja de coser, de los cuales cuatro
perforaron el duodeno y migraron al páncreas.
Tras revisar la literatura, encontramos 20 casos de
afectación pancreática por la ingestión de objetos punzantes, como espinas de
pescado, agujas de coser y palillos de dientes, que penetraron en el estómago o
el duodeno. De estos, seis pacientes desarrollaron síntomas de pancreatitis.
Sin embargo, solo encontramos tres casos de alambres metálicos ingeridos que
perforaron el tracto gastrointestinal superior y penetraron en el páncreas. De
estos, un paciente presentó síntomas de pancreatitis.
En 2006, Wu et al. informaron de un caso similar de un
hombre de 45 años con dolor abdominal y niveles elevados de amilasa y lipasa,
en quien un trozo de alambre había perforado el estómago y migrado a la cabeza
del páncreas, provocando un absceso peripancreático. El alambre se detectó
mediante tomografía computarizada y se extrajo por laparoscopia. No se conocía
ningún antecedente de que el paciente lo hubiera ingerido.
Hao et al. informaron en 2022 el caso de una mujer de
36 años que presentaba dolor epigástrico sordo y cuya tomografía computarizada
mostró un cuerpo extraño lineal de alta densidad similar que se extendía desde
la pared gástrica posterior y estaba incrustado en el páncreas. Se extrajo
quirúrgicamente un alambre metálico de 3 cm, que se supuso que había sido
ingerido a partir de restos de un cepillo metálico utilizado para limpiar ollas
y sartenes. Sin embargo, en esta paciente no se observó formación de
abscesos, inflamación ni pancreatitis.
En 2022, Sulieman et al. informaron de un caso de
ingestión accidental de un alambre metálico de cepillo de parrilla que simulaba
una inflamación peripancreática y paraduodenal en la tomografía computarizada.
Dado que los valores séricos de amilasa y lipasa eran normales, se realizó una
resonancia magnética del abdomen superior para una evaluación más exhaustiva,
que reveló un objeto metálico que se presentaba como un artefacto de susceptibilidad
dentro de la inflamación paraduodenal. Mediante enteroscopia de empuje, se
encontró un alambre/cerda metálica de cepillo perforando la tercera porción del
duodeno y se extrajo.
Un cuerpo extraño ingerido accidentalmente o sin
saberlo que perfora el tracto gastrointestinal puede, en ocasiones, ser
asintomático o presentar síntomas vagos varios años después, pero la morbilidad
potencial resultante de un cuerpo extraño migratorio que penetra en el páncreas
puede ser significativa.
La tomografía computarizada (TC) abdominal desempeña
un papel fundamental en el diagnóstico. La presencia de un pequeño objeto
lineal de alta densidad, ubicado intramuralmente, fuera del intestino o
incrustado en las vísceras, en cualquier paciente con dolor abdominal superior,
debe hacer sospechar la presencia de un cuerpo extraño perforado proveniente
del tracto gastrointestinal superior, incluso en ausencia de antecedentes de
ingestión de cuerpos extraños al momento de la consulta.
La presencia de dicho objeto dentro de una colección o
masa flemonosa es aún más característica. Las técnicas de imagen no solo pueden
ayudar en el diagnóstico, sino también en la toma de decisiones entre la
extracción endoscópica y la laparoscopia o la laparotomía para la extracción.
En nuestro caso, el extremo proximal del cuerpo
extraño curvilíneo se observó dentro de la luz gástrica en la tomografía
computarizada, lo que facilitó la extracción endoscópica. Signos indirectos
como la presencia de líquido circundante, burbujas de aire, inflamación
peritoneal en la zona o edema de la pared intestinal pueden indicar el sitio de
perforación incluso cuando el cuerpo extraño ha migrado.
Si bien los hallazgos de las imágenes de la tomografía
computarizada en nuestro caso eran característicos de un cuerpo extraño —y su
presencia y naturaleza se demostraron mediante endoscopia y durante su
extracción— no existía ningún antecedente de ingestión del mismo.
Los cuerpos extraños de pequeño calibre y difícilmente
visibles pueden suponer un gran reto diagnóstico, ya que la inflamación
circundante puede dificultar su visualización en la tomografía computarizada
(TC). En estos casos, una evaluación adicional mediante resonancia magnética
(RM) puede ayudar a detectar la presencia de un cuerpo extraño a través del
artefacto de susceptibilidad magnética.
Puntos de aprendizaje
Este caso muestra una causa muy inusual de
pancreatitis por lesión traumática causada por un alambre metálico que perfora
el estómago y llega hasta el páncreas.
La tomografía computarizada abdominal desempeña un
papel fundamental en el diagnóstico de la perforación intestinal por un cuerpo
extraño, ya que permite visualizar un objeto pequeño, lineal o curvilíneo, de
alta densidad, con o sin acumulación de tejido circundante, infiltración grasa
y edema en la pared intestinal adyacente. La ubicación exacta del cuerpo
extraño, la presencia de cualquier componente intraluminal en el tracto
gastrointestinal, la presencia de infiltración grasa circundante, acumulación
de tejido o masa flegmonosa deben incluirse en el informe para facilitar la
planificación del tratamiento.
No siempre existe antecedente de ingestión de cuerpos
extraños al momento de la presentación clínica o la realización de pruebas de
imagen. La ausencia de dicho antecedente, junto con hallazgos radiológicos
altamente sugestivos, no debe impedir que el radiólogo diagnostique una
perforación por un cuerpo extraño, por las siguientes razones: primero, es
probable que los pacientes ingieran pequeños alambres o agujas metálicas sin
darse cuenta; segundo, los pacientes pueden ser asintomáticos a pesar de la
perforación; y tercero, las perforaciones crónicas pueden manifestarse
tardíamente, a veces meses o incluso años después de la ingestión.
Una colega de CABA Argentina, envió esta imagen con el
siguiente texto:
Hola doctor. Me pareció interesante compartir con el
grupo esta imagen que me encontré en un Instituto Geriátrico de una mujer
añosa. No es dificultoso el diagnóstico pero igualmente creo que ver la imagen
no está de más. Me olvidaba, 15 días de evolución, y oligosintomática. Dice que
sólo tiene ardor leve, no dolor, y que prefiere no tomar nada para controlarlo
por antecedentes ulcerosos.
Anónimo por favor
Opinión: “Primum non nocere”. Creo que aquí se podría aplicar
esta máxima que debemos siempre recordar. Si la paciente está casi asintomática
y la evolución es mayor de 15 días creo que no cabe tratarla con antivirales,
ya que después de 5 días, excepto en situaciones muy puntuales, el tratamiento
antiviral no cambia la evolución natural del zóster, ni con analgésicos,
sencillamente porque no hay dolor. Sólo ardor leve. Las raíces afectadas son
aparentemente C3 a C5. A pesar de las dos semanas de evolución, llama la
atención que hay lesiones vesiculares que parecen nuevas, solo como comentario.
Creo que, sobre el caso, hay que decir que no siempre una patología requiere
necesariamente un tratamiento. A veces, creemos estar ante la necesidad de
tratar siempre, o que se espera de nosotros que algún tratamiento indiquemos
después de la consulta. Y esto no siempre es así. El criterio de
costo/beneficio creo que cobra aquí mucha importancia. En este caso, por
ejemplo, la evolución es de 15 días, con lo cual la indicación de un antiviral
sería de eficacia dudosa, y por otro lado, el tratamiento sintomático del
dolor, en realidad tiene poco sentido porque no hay dolor, sólo ardor. Así que,
más allá de que en estos pacientes ancianos, nuestro temor en ciernes es la
neuralgia post herpética que puede ser una complicación dramática, en este
caso, no parece que la paciente vaya a evolucionar hacia eso ya que cursando su
etapa aguda no hay dolor.
En este ejercicio clínico se presenta un caso que es discutido por un médico internista al que se le van proporcionando datos de la historia clínica en forma secuencial, y este analiza el cuadro a la luz de los nuevos elementos, de una manera análoga al proceso diagnóstico en la práctica real de la medicina
Una mujer de 60 años con cáncer de mama triple
negativo en estadio II acudió al servicio de urgencias con un cuadro clínico de
una semana de evolución caracterizado por fiebre, escalofríos, malestar
general, tos no productiva y náuseas. Refería mareos intermitentes, cefalea y
dolor cervical durante los episodios febriles, pero negaba dolor de garganta,
rinorrea, disnea, vómitos, dolor abdominal o disuria. No había realizado viajes
recientes ni había estado en contacto con personas enfermas. Dos meses antes de
la consulta actual, había completado un tratamiento neoadyuvante con
carboplatino, paclitaxel y doxorrubicina y, un mes antes, se le había realizado
una tumorectomía de mama izquierda y una biopsia del ganglio centinela.
Asimismo, había recibido tratamiento en el marco de un ensayo clínico con
múltiples ciclos de pembrolizumab (la primera dosis, 6 meses antes de la
consulta; la última, 6 días antes). Aunque había presentado neutropenia
transitoria secundaria a la quimioterapia, el recuento de leucocitos se había
normalizado tras el último ciclo. En el posoperatorio, desarrolló una leve
sensibilidad dolorosa e inflamación en la axila izquierda, sin signos
sistémicos de infección; la tomografía computarizada (TC) mostró hallazgos
compatibles con un seroma no complicado. En los días previos a esta consulta,
la sensibilidad en dicha zona había desaparecido.
Ponente
En esta paciente con inmunosupresión secundaria a la
quimioterapia, mi principal preocupación es que una infección sea la causa de
la fiebre y los síntomas asociados. La tos sugiere la posibilidad de una
infección de las vías respiratorias superiores o inferiores. Dado el seroma axilar
residual, una infección sobreañadida de los tejidos blandos también podría
estar provocando la fiebre, aunque la ausencia de un empeoramiento de la
sensibilidad en la zona hace que esta hipótesis sea menos probable. También
deben considerarse los trastornos inflamatorios asociados al pembrolizumab,
como el síndrome de liberación de citocinas o la linfohistiocitosis
hemofagocítica (LHH). El cáncer en sí mismo puede causar fiebre, pero esto es
poco frecuente en el caso del cáncer de mama.
Evolución
La paciente no tomaba medicación alguna ni presentaba
alergias medicamentosas. Residía en una zona suburbana del noreste de Estados
Unidos y no tenía contacto con animales. Le gustaba practicar senderismo y
ciclismo al aire libre, pero no refería picaduras de insectos recientes. Su
hijo, con quien convive, había viajado recientemente a los Emiratos Árabes
Unidos, pero no presentó síntomas de infección. Ella no había ingerido
productos alimenticios crudos, sin pasteurizar o importados, aunque refirió
haber manipulado recientemente carne cruda de cabra y cordero adquirida en una
carnicería local.
Ponente
La exposición a carne cruda de cabra y cordero suscita
preocupación por una posible infección por *Brucella* o *Toxoplasma gondii*.
Aunque no se tiene constancia de picaduras, reside en una zona donde son
endémicas las infecciones transmitidas por garrapatas (*Borrelia*, *Babesia*,
*Anaplasma* y *Ehrlichia*), por lo que estas deben tenerse en cuenta. Dada la
presencia de tos, también cabe considerar las infecciones respiratorias, incluida
la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19).
Evolución
En la exploración física, la paciente se encontraba en
buen estado general. La temperatura oral era de 38,9 °C, la frecuencia cardíaca
de 120 latidos por minuto, la presión arterial de 100/63 mmHg y la saturación
de oxígeno del 99 % respirando aire ambiente. El cuello presentaba movilidad
conservada y no se palpaban adenopatías cervicales, submandibulares ni
supraclaviculares. No se observaron lesiones en la mucosa oral. La exploración
cardíaca reveló taquicardia, sin soplos, roces ni galope. La auscultación
pulmonar fue normal. El abdomen estaba blando, no distendido y no doloroso a la
palpación, sin hepatoesplenomegalia. La paciente estaba alerta y orientada, sin
déficits neurológicos focales. La exploración cutánea mostró una pápula
pequeña, eritematosa y dolorosa a la palpación —pero sin fluctuación— en el
cuero cabelludo (Fig. 1), así como una incisión en la axila izquierda
(correspondiente a la zona de una tumorectomía) que cicatrizaba correctamente,
sin eritema, fluctuación ni dolor a la palpación en la zona suprayacente.
Figura 1. Lesión en el cuero cabelludo.
Se observó una pápula pequeña (diámetro <1 cm),
levemente eritematosa y dolorosa a la palpación —pero sin signos de
fluctuación— en el cuero cabelludo, la cual estaba presente desde hacía 4 días.
El paciente no había notado la lesión hasta que esta se identificó durante el
examen físico inicial.
Ponente.
La exploración pulmonar normal resulta
tranquilizadora, pero carece de la sensibilidad necesaria para descartar una
infección respiratoria. La ausencia de eritema o dolor a la palpación en la
región axilar sugiere que no se trata de un absceso posoperatorio, aunque está
indicada la realización de pruebas de imagen, ya sea mediante ecografía o
tomografía computarizada (TC). El diagnóstico diferencial de la lesión en el
cuero cabelludo, hallada de forma incidental, es amplio. El aspecto papular de
la lesión, sin fluctuación evidente ni drenaje purulento, es menos compatible
con celulitis o absceso. Aunque su apariencia no es típica del eritema
migratorio asociado a *Borrelia*, este debe mantenerse en el diagnóstico
diferencial. En esta paciente inmunodeprimida, debe considerarse la
reactivación de la infección por el virus varicela-zóster, la cual podría
manifestarse de esta forma a pesar de la ausencia de síntomas. También deben
tenerse en cuenta etiologías malignas, como metástasis cutáneas o el síndrome
de Sweet; no obstante, este último suele asociarse a múltiples lesiones más que
a una lesión aislada, como ocurre en este caso.
Evolución
El recuento de leucocitos fue de 1860 por microlitro,
la concentración de hemoglobina de 9,2 g por decilitro y el recuento de
plaquetas de 66.000 por microlitro. (Un mes antes, estos valores eran de 4670
por microlitro, 11,2 g por decilitro y 162.000 por microlitro,
respectivamente). El recuento de neutrófilos fue de 1390 por microlitro
(intervalo de referencia: 1920 a 7600), el de linfocitos de 350 por microlitro
(intervalo de referencia: 720 a 4100) y el de monocitos de 100 por microlitro
(intervalo de referencia: 160 a 1100). Los resultados del panel metabólico
completo, los estudios de coagulación (incluidos el tiempo de protrombina
—expresado como índice internacional normalizado o INR—, el tiempo de
tromboplastina parcial y la concentración de fibrinógeno) y la concentración de
lactato no mostraron alteraciones significativas. La prueba de reacción en
cadena de la polimerasa (PCR) nasofaríngea para COVID-19, influenza,
parainfluenza, adenovirus y virus respiratorio sincitial resultó negativa. Los
cultivos de esputo y de faringe fueron negativos. Se obtuvieron hemocultivos.
El nivel de proteína C-reactiva fue de 248,9 mg por litro (valor normal:
<3,0) y la velocidad de sedimentación globular fue de 34 mm por hora (valor
normal: <30). Las pruebas de anticuerpos contra *Bordetella pertussis* y
*Mycoplasma pneumoniae* fueron negativas. Las pruebas serológicas para
*Brucella* y *Toxoplasma* resultaron negativas. Estudios de PCR en suero para
el virus de Epstein-Barr, parvovirus, citomegalovirus y *Toxoplasma* fueron
también negativas, así como los tests para beta-D-glucano y galactomanano. El
análisis de orina mostró escasas bacterias sin leucocitos no glóbulos rojos; en
el urocultivo crecieron menos de 10.000 unidades
formadoras de colonias por ml y especies de corynebacterium, y 10.000 a 50.000
unidades formadoras de colonias de especies de lactobacilos.
Ponente
Aunque esta paciente presenta neutropenia (definida
como un recuento absoluto de neutrófilos <1500 células por microlitro), el
grado de neutropenia es leve (1000 a 1500 células por microlitro), lo cual no
aumenta sustancialmente su riesgo de infección. No obstante, la infección sigue
siendo una preocupación, y la tomografía computarizada (TC) resultaría útil
para evaluar sus síntomas respiratorios y la sensibilidad en la axila.
Evolución
Se realizó una TC de tórax, abdomen y pelvis con
contraste intravenoso, la cual reveló una colección líquida persistente en el
espacio axilar izquierdo (Fig. 2A), zona donde se le había practicado la
tumorectomía y la biopsia de ganglios linfáticos axilares. Aunque la colección
era ligeramente mayor que en estudios de imagen previos, no presentaba
características que sugirieran un absceso sobreañadido. También se observó una
esplenomegalia leve (Fig. 2B), pero no hubo otros indicios de procesos inflamatorios
o infecciosos.
Figura 2. Tomografía computarizada de tórax, abdomen y
pelvis con contraste intravenoso.
El panel A muestra una colección líquida de 4 cm por 3
cm (flecha) en el espacio axilar izquierdo, donde la paciente se había sometido
a una tumorectomía y a una biopsia de ganglios linfáticos axilares. No se
observó engrosamiento de la pared circundante a la colección, realce con
contraste, loculaciones de gas en su interior ni infiltración de la grasa que
sugirieran una infección sobreañadida. El panel B muestra una esplenomegalia
con un tamaño de 13,7 cm (valor anómalo, >13,0 cm en el eje craneocaudal);
en estudios de imagen realizados un mes antes, el tamaño del bazo era inferior
a 11,5 cm.
Ponente
El hallazgo más destacado en la TC de la paciente fue
la colección líquida alrededor de la zona de la linfadenectomía. Las
colecciones líquidas posoperatorias pueden consistir en líquido seroso que
ocupa un nuevo espacio anatómico vacío dejado por la cirugía, o bien pueden ser
indicativas de infección. En este caso, no se observaron hallazgos radiológicos
sugestivos de infección, ni tampoco dolor o sensibilidad localizados. La
esplenomegalia es un hallazgo inespecífico que puede presentarse en cuadros
infecciosos, neoplásicos o inflamatorios. No hubo otros hallazgos que
sugirieran una neoplasia hematológica subyacente. La infección debe mantenerse
como la principal sospecha en el diagnóstico diferencial; asimismo, cabe
considerar un trastorno inflamatorio, especialmente dada su reciente exposición
a pembrolizumab.
Evolución
Al ingreso, se inició tratamiento antibiótico
intravenoso con vancomicina y cefepima. La paciente persistió febril y, al
tercer día de hospitalización, se sustituyó la cefepima por
piperacilina-tazobactam para lograr una mejor cobertura frente a anaerobios. Se
añadió doxiciclina para el tratamiento empírico de enfermedades transmitidas
por garrapatas. A pesar de los antibióticos de amplio espectro, la paciente
continuó presentando fiebre y, al cuarto día de hospitalización, desarrolló
hipotensión sintomática.
Ponente
Dada la persistencia de la fiebre a pesar de un
estudio infeccioso negativo y la ausencia de nuevos medicamentos o evidencia de
cáncer en la tomografía computarizada, los dos diagnósticos más probables son
linfohistiocitosis hemofagocítica (HLH) o síndrome de liberación de citoquinas,
ambos conocidos por presentarse tras la inmunoterapia con pembrolizumab. Dado
que el síndrome de liberación de citoquinas suele ocurrir poco después del inicio
de la inmunoterapia y esta paciente se presentó tras haber recibido varios
ciclos con pembrolizumab, la cronología es más compatible con la HLH.
Evolución.
La hipotensión de la paciente se resolvió con la
administración de bolos de líquidos por vía intravenosa. El recuento de
leucocitos y el nivel de hemoglobina continuaron disminuyendo, alcanzando
valores mínimos de 1010 por microlitro y 7,0 g por decilitro, respectivamente.
Pruebas de laboratorio adicionales mostraron un nivel de ferritina de 37.956
microgramos por litro (rango normal: 13 a 150), un nivel de triglicéridos de
296 mg por decilitro (3,3 mmol por litro; rango normal: 35 a 150 mg por
decilitro [0,4 a 1,7 mmol por litro]), un nivel de fibrinógeno de 222 mg por
decilitro (rango normal: 200 a 400), un nivel de CD25 soluble de 4268,1 pg por
mililitro (rango normal: 175,3 a 858,2) mediante ensayo por inmunoabsorción
ligado a enzimas (ELISA), y un nivel de interleucina-6 de 56,2 pg por mililitro
(valor normal: <7,1). La citometría de flujo y las pruebas moleculares no
mostraron evidencia de neoplasia hematológica.
Ponente
La combinación de fiebre, esplenomegalia, citopenias,
hipertrigliceridemia, hiperferritinemia y un nivel elevado de CD25 soluble (una
forma soluble de la cadena alfa del receptor de interleucina-2) es compatible
con un diagnóstico de HLH. No está claro si el nivel de CD25 cumple con los
criterios diagnósticos, ya que los criterios establecidos se basaban en un
ensayo funcional diferente y no existe un factor de conversión aceptado. No
obstante, en este contexto clínico y con las otras características presentes,
el diagnóstico de HLH parece certero.
El quinto día se inició el tratamiento con
metilprednisolona intravenosa (1 mg por kilogramo de peso corporal al día), lo
que resultó en la resolución inmediata de la fiebre, la mejoría de las
citopenias y una reducción del nivel de ferritina. Para el octavo día, los
hemocultivos seguían siendo negativos y se suspendió la doxiciclina tras
obtenerse resultados negativos en las pruebas de PCR para *Babesia*,
*Borrelia*, *Ehrlichia* y *Anaplasma*. El noveno día se cambió el tratamiento a
prednisona por vía oral (100 mg diarios) y se le dio el alta el undécimo día de
hospitalización, con la indicación de reducir gradualmente la dosis de
prednisona en 10 mg semanales. Su evolución clínica siguió siendo favorable,
por lo que se decidió suspender el pembrolizumab. Tras el alta, aparecieron
nuevas lesiones en el cuero cabelludo; las biopsias realizadas confirmaron un
cuadro de herpes zóster, por lo que se inició tratamiento con valaciclovir. Aunque
la varicela puede desencadenar HLH, por lo general ocurre como consecuencia de
una infección primaria por el virus de la varicela o tras la vacunación.
Además, dada la mejoría clínica previa a la administración de valaciclovir y la
aparición de lesiones adicionales durante el tratamiento con glucocorticoides,
es poco probable que la reactivación de la infección por el virus de la
varicela sea el desencadenante de su HLH, por lo que el pembrolizumab sigue
siendo la causa más probable.
Comentario
Esta paciente presentó fiebre y neutropenia que
persistieron a pesar del uso de antibióticos de amplio espectro, sin evidencia
de infección activa. En el contexto de un tratamiento reciente con
pembrolizumab, esplenomegalia y otros marcadores serológicos, finalmente se le
diagnosticó linfohistiocitosis hemofagocítica (LHH) asociada a pembrolizumab,
cuadro que respondió rápidamente al tratamiento con glucocorticoides.
La LHH es una afección hematológica rara caracterizada
por una activación inapropiada del sistema inmunitario que conduce a una
actividad persistente de los macrófagos.1 La respuesta inflamatoria patológica
resultante puede provocar choque distributivo y fallo multiorgánico en casos
graves. Aunque tradicionalmente se diagnostica mediante criterios clínicos,
existen múltiples sistemas de puntuación para facilitar el diagnóstico.2,3 Los
criterios HLH-2004, un sistema de uso frecuente, indican que se puede
establecer el diagnóstico si el paciente presenta una mutación genética
asociada documentada o si cumple cinco de los siguientes ocho criterios:
fiebre; esplenomegalia; citopenias que afectan al menos a dos linajes
sanguíneos; hipertrigliceridemia o hipofibrinogenemia; hemofagocitosis en
médula ósea, bazo o ganglios linfáticos; actividad baja o nula de células
asesinas naturales (NK); hiperferritinemia; y niveles elevados de CD25
soluble.3 Ninguna de estas características es específica de la LHH por sí sola.
Además, un estudio reciente demostró que excluir la actividad de las células NK
de los criterios HLH-2004 no reducía la precisión diagnóstica, lo que plantea
dudas sobre su relevancia para el diagnóstico.4
Estos criterios derivan directamente de la patogenia
de la enfermedad, la cual implica una activación inapropiada de células
inmunitarias (incluidos linfocitos T y macrófagos), lo que conduce a la
liberación de citocinas proinflamatorias y a fiebre. La inflamación excesiva
suprime la médula ósea, provocando así citopenias. Además, se considera que el
entorno inflamatorio, en particular el aumento del factor de necrosis tumoral
alfa (TNF-α), inhibe la lipoproteína lipasa (que normalmente degrada los
triglicéridos), lo que conduce a hipertrigliceridemia. Por último, los
macrófagos también secretan enzimas que promueven la degradación de la fibrina
y sintetizan ferritina en exceso, lo cual origina el resto de las anomalías en
los parámetros de laboratorio.5,6 Otros marcadores asociados a la HLH incluyen
niveles elevados de CXCL9 (un marcador de la producción de interferón gamma) e
interleucina-18.1,6
La HLH puede clasificarse en subtipos primarios o
secundarios. La HLH primaria o familiar se manifiesta predominantemente en la
infancia y es consecuencia de mutaciones en genes implicados en la
citotoxicidad de los linfocitos T o células NK, o en la actividad del inflamasoma,
tales como *PRF1* (perforina-1), *UNC13D* (MUNC13-4), *STXBP2* (MUNC18-2) y
*STX11* (sintaxina-11).1 La HLH secundaria se presenta asociada a diversas
afecciones subyacentes, como cáncer, infecciones y enfermedades
autoinmunitarias.1 En una muestra representativa a nivel nacional de pacientes
adultos ingresados de forma no programada con HLH, el cáncer fue la afección
asociada más frecuente, predominando los linfomas.7 Las infecciones ocuparon el
siguiente lugar en frecuencia, principalmente las de origen viral (destacando
entre ellas el virus de Epstein-Barr y el citomegalovirus), aunque también se
notificaron infecciones por patógenos intracelulares como hongos, micobacterias
y parásitos. Una variante de HLH secundaria particularmente sensible a los
glucocorticoides también se ha asociado con enfermedades autoinmunes sistémicas
(denominada síndrome de activación macrofágica en este contexto), tales como el
lupus eritematoso sistémico, la enfermedad de Still del adulto y la artritis
idiopática juvenil sistémica.1,3,5,8 Estudios sobre la HLH en ausencia de
cáncer han identificado variantes de hipofunción heterocigota en genes
canónicos que podrían contribuir a su desarrollo.9,10
La HLH desencadenada por terapias con inhibidores de
puntos de control inmunitario es una entidad poco frecuente, pero cada vez más
reconocida11; una base de datos de la Organización Mundial de la Salud incluyó
recientemente 681 notificaciones de estos casos (231 correspondientes a
nivolumab, 179 a pembrolizumab, 169 a ipilimumab, 90 a atezolizumab y 12 a
durvalumab).12 Esta afección forma parte de un amplio espectro de reacciones
causadas por la sobreactivación iatrogénica del sistema inmunitario mediada por
inhibidores de puntos de control, incluido el síndrome de liberación de citosinas
y los efectos órgano específicos. La característica fisiopatológica principal
de la HLH asociada a inhibidores de puntos de control inmunitario es la
desinhibición de moléculas coestimuladoras que habitualmente suprimen la
activación de los linfocitos T. Aunque este es el efecto deseado de los
inhibidores de puntos de control inmunitario, la desinhibición de la activación
de los linfocitos T puede provocar una liberación inapropiada de citocinas
inflamatorias (como la interleucina-6, el TNF-α y el interferón-γ, de forma
similar al síndrome de liberación de citocinas)13. A diferencia del síndrome de
liberación de citocinas, que suele aparecer pocos días después de la
inmunoterapia, la HLH asociada a inhibidores de puntos de control inmunitario
suele manifestarse más tarde. En una serie de 18 casos, la mediana del tiempo
hasta la aparición de los síntomas fue de 6,7 semanas (con un rango de 3 a 16
semanas) tras el inicio del tratamiento11.
Existen datos limitados sobre el manejo adecuado de la
HLH asociada a inhibidores de puntos de control inmunitario. Ante la ausencia
de ensayos controlados aleatorizados, los datos proceden en gran medida de
series de casos o se extrapolan de estudios sobre otras formas de HLH secundaria.
El tratamiento de la HLH asociada a inhibidores de puntos de control
inmunitario suele incluir la suspensión de la inmunoterapia y la administración
de glucocorticoides a dosis altas o de fármacos como anakinra (antagonista del
receptor de interleucina-1) y ruxolitinib (inhibidor de las quinasas Janus 1 y
2), considerando además el uso de etopósido a dosis bajas en casos
refractarios13,14. Dada la elevación de los niveles de interferón-γ, algunos
expertos sugieren un posible papel para el emapalumab (anticuerpo frente al
interferón-γ), que demostró eficacia en un estudio abierto con niños que
padecían HLH primaria15.
Finalmente, se determinó que la fiebre, la
esplenomegalia y los niveles elevados de marcadores inflamatorios que presentó
este paciente tras el tratamiento con pembrolizumab eran manifestaciones de HLH
asociada a la terapia con inhibidores de puntos de control. Aunque se trata de
una entidad clínica poco frecuente, este caso pone de relieve la importancia de
considerar los síndromes inflamatorios sistémicos como causa de fiebre en
pacientes con cáncer y subraya una manifestación de toxicidad por inmunoterapia
que a menudo pasa desapercibida.
FUENTE:
Clinical Problem-Solving: “Consumed with Inflammation”
Hae Lin Cho, M.D.,1 Nancy Berliner, M.D.,1 Stephen
Babcock, M.D.,2 Yee-Ping Sun, M.D.,3 and Bruce Levy, M.D.1
NEJM
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Un colega envió esta imagen al grupo sin más datos
Doctor, que le parece esto?
¿Lo podrá subir al Rincón?
Anónimo por favor
Opinión: La localización, distribución y agrupamiento
son típicamente herpéticos. Probablemente HSV-1). La afectación de la piel de
la región perioral demás de los labios, hacen alejar la posibilidad de que se
trate de manchas o gránulos de Fordyce (glándulas sebáceas agrandadas y
ectópicas). De todas maneras, es un diferencial a tener en cuenta y que
bastaría solamente con interrogar al paciente para confirmar una y descartar la
otra hipótesis. Las lesiones herpéticas agudas como sería este caso, son
generalmente muy sintomáticas, ardor, dolor, malestar, mientras que las manchas
de Fordyce suelen ser asintomáticas además de no estar presentes en zonas donde
existen folículos pilosos como presenta este paciente.
Una mujer de 75 años presentó tos crónica no
productiva durante varios meses. Se le realizó una radiografía de tórax frontal
y lateral.
Posteriormente se realizó una tomografía computarizada
de tórax. A continuación se incluyen imágenes axiales y coronales.
HALLAZGOS
Radiografía de tórax: Opacidades intersticiales en la
zona media del pulmón derecho y en el segmento lingular del lóbulo superior
izquierdo, probablemente indicativas de bronquiectasias. La silueta
cardiomediastínica es normal. Se observan cambios degenerativos en la columna
vertebral.
Tomografía computarizada de tórax: Bronquiectasias
dispersas y engrosamiento de la pared bronquial, más pronunciado en el lóbulo
medio derecho y la língula. Nodularidad dispersa en patrón de árbol en brote y
tapones mucosos, por ejemplo, en la base del pulmón izquierdo.
DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL
Neumoconiosis
Enfermedad pulmonar intersticial
aspergilosis broncopulmonar alérgica
infección pulmonar por Mycobacterium tuberculosis
infección pulmonar por micobacterias no tuberculosas
DIAGNÓSTICO: INFECCIÓN PULMONAR POR MICOBACTERIAS NO
TUBERCULOSAS (MNT).
Infección pulmonar por micobacterias no
tuberculosas (MNT)
Fisiopatología
Las infecciones pulmonares por micobacterias no
tuberculosas son causadas por un gran número de especies de micobacterias
distintas de Mycobacterium tuberculosis ; por ejemplo, M.
avium , M. kansasii y M. abscessus .
Estos microorganismos se inhalan y suelen alojarse en las vías respiratorias
inferiores, donde pueden provocar una respuesta inflamatoria y causar neumonía.
Epidemiología
Las infecciones por micobacterias no tuberculosas
(MNT) suelen presentarse en pacientes con enfermedades pulmonares
preexistentes, como fibrosis quística o EPOC, o en pacientes inmunodeprimidos.
Existe un subgrupo de infecciones por MNT que históricamente se ha asociado con
mujeres blancas mayores que suprimen deliberadamente el reflejo de la tos,
conocido como «síndrome de Lady Windermere». La epidemiología exacta de las
infecciones pulmonares por MNT es difícil de determinar con precisión, debido a
la falta de diferenciación entre colonización y enfermedad, la variabilidad en
las pruebas diagnósticas y muchos otros factores.
Presentación clínica
Los pacientes suelen presentar tos crónica, disnea y/o
aumento de la producción de esputo. También pueden presentar febrícula, fatiga
y pérdida de peso.
Características de imagen
Tratamiento
El tratamiento suele incluir terapia combinada con
fármacos antimicobacterianos, como rifampicina, azitromicina y etambutol.
Referencias