sábado, 8 de agosto de 2026

Mujer de 30 años con ulceración nasal persistente.

Una mujer de 37 años fue evaluada en un consultorio de rinología afiliada a este debido a una ulceración nasal persistente.

Diecisiete años antes de la presentación actual, la paciente notó un bulto doloroso en el interior de la fosa nasal derecha. Presentaba formación de costras asociada. La paciente se retiraba la costra de la lesión varias veces por semana y sufría sangrado intermitente en la zona. Utilizaba a diario un aerosol nasal de composición desconocida, sin que ello redujera los síntomas.

Diez años antes de la presentación actual, la paciente fue evaluada en una clínica de otorrinolaringología. Según los informes, la exploración reveló una irritación grave del cornete inferior derecho, acompañada de costras que se atribuyeron al uso prolongado de aerosol nasal. Se le indicó que evitara el uso de aerosoles nasales y que no se sonara la nariz con fuerza. Una exploración realizada un mes después mostró, al parecer, una disminución de la irritación del cornete; se inició tratamiento con pomada de mupirocina y se programó una nueva evaluación al mes siguiente para comprobar la resolución del cuadro. Sin embargo, la paciente no regresó a la clínica para una evaluación adicional.

Cinco meses antes de la presentación actual, la paciente notó que la lesión nasal había aumentado de tamaño, con una inflamación asociada que ocasionalmente dificultaba la respiración a través de la fosa nasal derecha. No presentaba dolor facial, dolor dental ni inflamación facial, y no había experimentado cambios en la audición ni en el sentido del olfato. 

Seis semanas antes de la presentación actual, la paciente acudió a su médico de atención primaria para una revisión anual rutinaria. Durante la visita, informó que persistían los síntomas nasales. Presentaba varices en las piernas. No se examinaron las fosas nasales. El hemograma completo con recuento diferencial fue normal, al igual que los niveles séricos de electrolitos y los resultados de las pruebas de función renal. Se derivó a la paciente a la clínica de otorrinolaringologíaafiliada a este hospital para evaluar los síntomas nasales persistentes.

Tres semanas después, y tres semanas antes de la presentación actual, la paciente fue evaluada en la clínica de otorrinolaringología. Informó que había dejado de utilizar el aerosol nasal 10 años antes. No presentaba antecedentes de fiebre, escalofríos, pérdida de peso, dolor articular, erupción cutánea, diarrea, dolor abdominal, hemoptisis, tos, disnea ni dolor torácico. Ella señaló que no se arrancaba los pelos ni introducía los dedos en su nariz para remover las costras de la lesión nasal.  Sus antecedentes médicos incluían asma infantil, varices en las piernas y nefrolitiasis. Se había trasladado a Massachusetts desde Honduras 15 años atrás. Durante su infancia en Honduras, presentó una lesión cutánea que no cicatrizaba y que finalmente se resolvió tras un tratamiento con lo que la paciente describió como "metal caliente". Su último contacto con el sistema sanitario antes de la evaluación por parte de su médico de atención primaria había sido cinco años atrás, con motivo del nacimiento de su segundo hijo. La paciente no tomaba medicación alguna ni presentaba alergias medicamentosas conocidas. Estaba casada y vivía con su esposo y sus dos hijos pequeños en Massachusetts. No consumía alcohol, tabaco ni drogas ilícitas, incluidas las de administración intranasal. Su madre había padecido una lesión recurrente similar en la nariz, por la cual recibió medicación prescrita en Honduras, logrando una mejoría de la lesión.

En la exploración, la temperatura temporal era de 36,6 °C, la presión arterial de 114/67 mmHg, la frecuencia cardíaca de 65 latidos por minuto, la frecuencia respiratoria de 16 respiraciones por minuto y la saturación de oxígeno del 100 % respirando aire ambiente. Su estado general era bueno. La rinoscopia anterior reveló una zona con restos y ulceración en la parte anteroinferior del cornete inferior de la fosa nasal derecha; el cornete estaba en contacto con el tabique nasal. En la fosa nasal izquierda, las mucosas estaban húmedas y no presentaban pólipos, secreción purulenta ni sangrado. El tabique nasal estaba desviado hacia la derecha. La mucosa bucal, la lengua y el paladar blando presentaban un aspecto normal, al igual que la orofaringe y las amígdalas. Se observó una cicatriz bien curada de 4 cm de diámetro en el brazo izquierdo. El resto de la exploración no mostró hallazgos anómalos. Se inició tratamiento con mupirocina intranasal y se derivó a la paciente a la clínica de rinología. En la consulta actual, tres semanas después, se evaluó a la paciente en la clínica de rinología. Refirió que, tras iniciar el tratamiento con pomada de mupirocina, las costras habían disminuido y no se habían producido nuevos episodios de epistaxis. La endoscopia nasal reveló abundantes costras en la fosa nasal derecha, las cuales se retiraron sin provocar sangrado; la mucosa subyacente del cornete inferior y del tabique presentaba eritema y edema leve, pero no se observaron masas ni ulceraciones definidas. Se mantuvo el tratamiento con mupirocina.

Dos meses más tarde, la paciente regresó a la clínica de rinología para una evaluación de seguimiento. A pesar del uso continuado de mupirocina, la paciente refirió formación recurrente de costras y epistaxis intermitente. La endoscopia nasal reveló una abundante formación de costras en la fosa nasal derecha, que se retiraron nuevamente sin provocar sangrado; la mucosa subyacente del cornete inferior y del tabique nasal presentaba eritema, edema leve y ulceración leve.

Se realizó una prueba diagnóstica.

 

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL

Esta mujer de 37 años, originaria de Honduras, presentaba un historial de 17 años de formación de costras y sangrado nasal unilateral, sin síntomas sistémicos asociados. El examen endoscópico reveló una marcada formación de costras y ulceración que afectaba al cornete inferior derecho y al tabique nasal, con una distribución multifocal.

Entre las afecciones frecuentes que afectan al sistema sinonasal se incluyen la rinitis alérgica y la rinosinusitis crónica; estas no suelen manifestarse con formación de costras nasales ni epistaxis. Por el contrario, los pacientes con estas afecciones suelen presentar congestión u obstrucción nasal, producción de moco y disminución del sentido del olfato.

 

Formación de costras nasales

Las causas frecuentes de formación de costras nasales (Tabla 1) incluyen la vestibulitis nasal, la manipulación digital crónica, la cirugía o los traumatismos nasales previos, los efectos secundarios de medicamentos intranasales (como los aerosoles de glucocorticoides) y el consumo de drogas intranasales (incluidas la cocaína y los opioides). Diez años antes de la presentación actual, la formación de costras nasales de la paciente se había atribuido al uso prolongado de un aerosol nasal desconocido. Sin embargo, las costras persistieron tras suspender la medicación. La paciente negó haber sufrido traumatismos nasales o consumido drogas intranasales, y sus síntomas no remitieron con el uso de un emoliente antibiótico tópico.

 


Tabla 1. Causas de formación de costras y ulceración nasal.

Entre las causas poco frecuentes de formación crónica y persistente de costras y ulceración de la cavidad nasal se incluyen el cáncer, las enfermedades mediadas por el sistema inmunitario y las infecciones (Tabla 1). Los rasgos diferenciales importantes incluyen el aspecto y la localización de la lesión, la velocidad de progresión y los síntomas asociados. La evaluación de estas afecciones suele implicar la realización de una biopsia antes de iniciar el tratamiento para garantizar un diagnóstico preciso; el tratamiento empírico con antibióticos o antiinflamatorios previo a la biopsia puede enmascarar el diagnóstico.

 

Cáncer

El cáncer sinonasal más frecuente es el carcinoma de células escamosas, que puede asociarse al virus del papiloma humano (VPH) y originarse a partir de un papiloma invertido preexistente.1 Otros cánceres notables, aunque menos frecuentes, incluyen el adenocarcinoma, el melanoma sinonasal, el neuroblastoma olfatorio, el linfoma, el carcinoma adenoide quístico, el carcinoma sinonasal indiferenciado y la enfermedad metastásica.1 Sin embargo, los cánceres de la cavidad nasal suelen manifestarse como masas definidas en lugar de como una enfermedad mucosa multifocal con formación de costras —como se observó en este paciente—, lo que hace que muchos de estos cánceres sean diagnósticos poco probables.

Un tipo de cáncer que puede presentarse con afectación mucosa difusa y multifocal acompañada de costras es el linfoma de células T/NK (natural killer). El linfoma de células T/NK está fuertemente asociado a la infección por el virus de Epstein-Barr (VEB) y es más prevalente en el sudeste asiático y en América del Sur que en los Estados Unidos. Los pacientes con linfoma de células T/NK suelen presentar obstrucción nasal progresiva, epistaxis, formación de costras, secreción nasal fétida y dolor facial. A medida que la enfermedad progresa, pueden producirse perforación del tabique y afectación del paladar, dando lugar al término «lesión destructiva de la línea media».1 Aunque la evolución de 17 años de este paciente es más prolongada de lo que cabría esperar para la mayoría de los cánceres sinonasales, la biopsia es esencial para descartar la presencia de cáncer.

 

Enfermedad mediada por el sistema inmunitario

 

Granulomatosis con poliangeítis

La granulomatosis con poliangeítis (GPA) es una vasculitis granulomatosa necrosante asociada a anticuerpos anticitoplasma de neutrófilos (ANCA) que a menudo afecta al tracto sinonasal. Las manifestaciones habituales incluyen formación de costras nasales, epistaxis y dolor facial. Aunque puede producirse afectación sistémica de las vías respiratorias superiores, los pulmones y los riñones, no es infrecuente observar enfermedad sinonasal aislada. Con el tiempo, si la GPA no recibe tratamiento, pueden desarrollarse perforación del tabique y afectación de los senos paranasales; sin embargo, en fases iniciales, la enfermedad puede manifestarse únicamente con formación de costras y ulceración nasal.2 La evaluación inicial incluye la determinación de marcadores inflamatorios (velocidad de sedimentación globular, niveles de proteína C reactiva) y pruebas de ANCA, a pesar de que los resultados pueden ser negativos en pacientes con enfermedad localizada.

 

Vasculitis asociada a ANCA

El consumo intranasal de cocaína puede provocar una vasculitis asociada a ANCA. Es importante reconocer esta afección, ya que el cese del consumo de cocaína no conlleva la resolución de la inflamación nasal y está indicado el tratamiento de la vasculitis.3

 

Enfermedad relacionada con IgG4

La enfermedad relacionada con IgG4 es un trastorno fibroinflamatorio que se caracteriza típicamente por lesiones que forman masas. Puede afectar a múltiples sistemas orgánicos, incluidos el páncreas, el retroperitoneo y las glándulas lagrimales y salivales. La afectación sinonasal aislada es poco frecuente, pero puede manifestarse con congestión nasal, formación de costras y epistaxis. Por lo general, el diagnóstico de la enfermedad relacionada con IgG4 se establece mediante biopsia.4 Otras afecciones mediadas por el sistema inmunitario, como la sarcoidosis y la enfermedad de Rosai-Dorfman extraganglionar, son causas poco probables del cuadro clínico de este paciente, pero aun así deben tenerse en cuenta.

Los Tests iniciales de laboratorio en este paciente deben medir los niveles de marcadores inflamatorios, ANCA, inmunoglobulina, y subclases de enzima convertidora de angiotensina, anticuerpos antinucleares. Sin embargo, la biopsia es típicamente necesaria para un diagnóstico definitivo.5

 

Infección

La evolución prolongada del cuadro clínico de este paciente sugiere una infección crónica más que aguda. Sin embargo, una afección crítica que debe descartarse es la enfermedad fúngica invasiva, causada típicamente por mohos del orden *Mucorales*. La sinusitis fúngica invasiva aguda es una infección grave y potencialmente mortal que se observa con mayor frecuencia en pacientes con diabetes mellitus mal controlada (especialmente en el contexto de cetoacidosis diabética), inmunocompromiso o uso prolongado de glucocorticoides. Los pacientes suelen presentar fiebre, así como dolor y presión facial; los síntomas pueden progresar rápidamente hacia neuropatías craneales y complicaciones orbitarias, incluyendo pérdida de visión, oftalmoplejía y proptosis. El reconocimiento temprano, la biopsia inmediata y el tratamiento mediante desbridamiento quirúrgico y terapia antifúngica sistémica son esenciales en pacientes con enfermedad fúngica invasiva, dado que esta afección se asocia con una elevada morbilidad y mortalidad.6

Otros procesos infecciosos crónicos también pueden afectar la cavidad nasal y manifestarse con formación de costras, inflamación y ulceración. El rinoescleroma, una infección causada por *Klebsiella rhinoscleromatis*, progresa típicamente desde una fase catarral de rinitis hasta una fase granulomatosa caracterizada por epistaxis y obstrucción, seguida de una fase cicatricial (es decir, una fase en la que se forman cicatrices). La rinosporidiosis, una infección causada por *Rhinosporidium seeberi*, suele afectar el suelo nasal y los cornetes inferiores, manifestándose con lesiones polipoideas o nodulares.7 La lepra, una infección causada por *Mycobacterium leprae*, a menudo afecta la cavidad nasal en las etapas iniciales de la enfermedad y puede provocar formación de costras, ulceración, destrucción del tabique y deformidad nasal en silla de montar. La tuberculosis y la sífilis también pueden presentar manifestaciones sinonasales. La leishmaniasis, una enfermedad causada por el parásito protozoario *Leishmania*, se transmite mediante la picadura de flebótomos infectados y puede manifestarse en formas visceral, cutánea o mucosa. La leishmaniasis mucosa puede afectar la cavidad nasal y provocar inflamación, formación de costras y epistaxis.7

La evolución prolongada de la enfermedad en esta paciente es compatible con una infección crónica. Además, la paciente refirió que su madre había padecido una afección nasal similar, tratada con éxito mientras residían en Honduras. También informó sobre una lesión cutánea que no cicatrizaba, originada en Honduras y tratada mediante la aplicación de "metal caliente", descripción compatible con la cauterización utilizada para la leishmaniasis cutánea. Este caso subraya la importancia de indagar sobre los antecedentes de viajes y exposición en pacientes que presentan ulceración y formación de costras nasales atípicas.


Pasos a seguir

Sospecho que el diagnóstico más probable en esta paciente es leishmaniasis mucosa, dada la cronicidad de la infección, la probable exposición en Honduras y el aspecto clásico de la lesión. No obstante, la formación de costras nasales debida a cáncer, enfermedades mediadas por el sistema inmunitario o infecciones crónicas puede manifestarse con características superpuestas, lo que plantea un desafío diagnóstico. Es fundamental realizar una biopsia del tejido nasal afectado. Ante la sospecha de una infección como la leishmaniasis, resulta crucial coordinarse con los especialistas en patología para determinar qué pruebas diagnósticas aplicar a la muestra de biopsia.

 

DIAGNÓSTICO PRESUNTIVO

Leishmaniasis mucosa.

 

PRUEBAS DIAGNÓSTICAS

Se obtuvo una muestra de biopsia nasal para descartar vasculitis. La muestra consistía en un conjunto de tejido blando de la mucosa que medía 2,0 cm en su dimensión mayor. El examen microscópico reveló mucosa escamosa metaplásica ulcerada (Fig. 1A), con un infiltrado inflamatorio masivo y granulomas mal formados (Fig. 1B y 1C). No se observó material extraño bajo luz polarizada ni hubo evidencia de vasculitis. La tinción de Grocott-Gomori (metenamina-plata) de la muestra para detectar hongos resultó negativa, al igual que la tinción para bacilos ácido-alcohol resistentes. Las pruebas de marcadores inmunohistoquímicos hematopoyéticos mostraron un patrón reactivo, sin evidencia de trastorno linfoproliferativo ni de proceso reumatológico mediado por IgG4.

 


Figura 1. Muestra de biopsia nasal.

La tinción con hematoxilina-eosina de una muestra de biopsia nasal obtenida del tabique, observada a bajo aumento (Panel A), muestra una marcada metaplasia escamosa superficial con queratinización profunda (flechas), un hallazgo sugestivo de un proceso inflamatorio intenso. A mayor aumento, la tinción con hematoxilina-eosina revela granulomas mal formados (Paneles B y C, flechas) y glándulas nasales atrapadas (Panel C, asterisco). La tinción de Giemsa (Panel D), realizada para detectar amastigotes de *Leishmania* en el interior de los histiocitos, resulta negativa.

 

DIAGNÓSTICO PATOLÓGICO

Mucosa escamosa ulcerada con infiltrado inflamatorio masivo, granulomas mal formados e infiltrados reactivos de linfocitos y células plasmáticas.

 

DIAGNÓSTICO DE ENFERMEDADES INFECCIOSAS

Una úlcera nasal crónica caracterizada por granulomas mal formados en la evaluación histopatológica de una muestra de biopsia puede ser causada por infecciones bacterianas, micobacterianas, fúngicas y parasitarias.8 Aunque la infección por algunos virus (incluidos el virus del herpes simple, el VEB y el VPH) puede conllevar manifestaciones nasales, la presencia de granulomas en el examen patológico hace improbable una causa viral en este paciente.

 

Infección bacteriana

Aunque la mayoría de las infecciones bacterianas se manifiestan de forma aguda, algunas tienen un curso indolente y se convierten en afecciones de larga duración. Por ejemplo, la sífilis terciaria puede provocar una enfermedad gomosa que afecte al tabique nasal y al paladar. La ausencia de antecedentes conocidos de sífilis no descarta la enfermedad tardía; muchos pacientes no recuerdan haber tenido un chancro primario u otros síntomas. Los gomas nasales suelen manifestarse como nódulos indurados e indoloros y úlceras de bordes netos ("en sacabocados") con tejido de granulación, lo que puede conducir a una perforación del tabique. Sin embargo, el examen histopatológico suele mostrar inflamación granulomatosa con necrosis central, y la sífilis terciaria probablemente presentaría otras manifestaciones de enfermedad tardía a lo largo de una década, como afectación cardiovascular y presencia de gomas en otras localizaciones.

El rinoescleroma, una infección granulomatosa crónica causada por *K. rhinoscleromatis*, es endémico en partes de África, Asia, Europa del Este y América Latina. Puede invadir la cavidad nasal y las vías respiratorias superiores a lo largo de varios años. No obstante, suele manifestarse con nódulos firmes y lesiones desfigurantes similares a masas, y la biopsia generalmente muestra macrófagos espumosos que contienen bacterias, hallazgo que no se describió en la muestra de biopsia del paciente.

 

Infección micobacteriana

La tuberculosis, que es endémica en Honduras —país de nacimiento del paciente—, puede afectar a la mucosa nasal mediante nódulos o úlceras indoloros que pueden progresar hasta provocar una perforación del tabique. Sin embargo, en pacientes con tuberculosis, el examen histopatológico suele mostrar granulomas caseificantes bien formados. La afectación nasal aislada constituiría una forma poco frecuente de tuberculosis extrapulmonar, y esta paciente no presentaba signos ni síntomas sistémicos que sugirieran que su afección sea consecuencia de una enfermedad diseminada. Además, sin tratamiento, la tuberculosis suele progresar en un plazo de semanas a meses.

La lepra también es endémica en Honduras, aunque el riesgo es bajo, y puede progresar lentamente a lo largo de varios años o décadas. La afectación de la mucosa nasal puede ocurrir en etapas tempranas de la enfermedad, presentándose con congestión nasal e hiposmia, y puede derivar en una perforación del tabique indolora. Sin embargo, en el transcurso de una década, lo más probable es que la lepra progrese hasta incluir afectación cutánea y nerviosa, manifestándose mediante lesiones cutáneas hipopigmentadas o eritematosas con sensibilidad disminuida o ausente, así como neuropatía periférica.

Otras micobacterias no tuberculosas, como *M. chelonae* o *M. marinum*, se encuentran ampliamente en el medio ambiente y pueden afectar la mucosa nasal en casos excepcionales. No obstante, son causas poco frecuentes de ulceración nasal crónica aislada y serían diagnósticos improbables en ausencia de traumatismo o inmunocompromiso.

 

Infección fúngica

La paracoccidioidomicosis está causada por la inhalación del hongo dimórfico *Paracoccidioides*, endémico en América Central y del Sur. La mayoría de los pacientes con esta infección son asintomáticos. La forma aguda de la enfermedad es poco frecuente, más común en niños que en adultos, y se manifiesta como una enfermedad sistémica con posible diseminación. La enfermedad crónica se presenta en adultos, con afectación predominantemente pulmonar y de las mucosas. Sin embargo, la mucosa oral se ve afectada con mucha mayor frecuencia que la nasal. Las manifestaciones orales incluyen úlceras dolorosas con tejido granular de aspecto «similar a una mora» y puntos hemorrágicos, así como el hallazgo histopatológico característico de células de levadura en gemación con apariencia de «timón de barco» u «orejas de Mickey Mouse»; ninguna de estas características estaba presente en este paciente. Además, la paracoccidioidomicosis crónica es mucho más frecuente en hombres que en mujeres.

La histoplasmosis puede causar lesiones en las mucosas en el contexto de una enfermedad diseminada crónica, con hallazgos similares en la biopsia y formas de levadura en gemación visibles mediante tinciones especiales para hongos. No obstante, tales hallazgos suelen ir acompañados del desarrollo de síntomas sistémicos y afectación de otros órganos en un periodo de semanas a meses.

 

Infección parasitaria

La infección por el parásito *R. seeberi* (similar a un hongo) puede causar rinosporidiosis, la cual se manifiesta mediante pólipos nasales granulomatosos, friables e indoloros, o bien nódulos o masas vascularizados. Aunque este parásito se encuentra en todas las regiones tropicales, la mayoría de los casos de rinosporidiosis se han notificado en Asia y se asocian a la exposición a aguas estancadas.

La leishmaniasis es una infección parasitaria transmitida por flebótomos y causada por múltiples especies de *Leishmania*; diferentes especies pueden provocar formas cutáneas, viscerales o mucosas de la enfermedad. La leishmaniasis cutánea suele manifestarse como nódulos de progresión lenta que pueden evolucionar hacia úlceras indoloras en el lugar de la picadura del flebótomo. Las lesiones pueden curarse espontáneamente o tratarse mediante crioterapia o termoterapia local (como la aplicación de «metal caliente»), agentes tópicos o terapia sistémica. En ambos casos, suelen dejar una cicatriz residual. En ambos casos, suelen dejar una cicatriz residual.

Pueden presentarse casos entre familiares que comparten el mismo entorno y las mismas exposiciones.

Ciertas especies de *Leishmania* pueden persistir en estado latente tras la resolución aparente de la enfermedad cutánea y dar lugar posteriormente a leishmaniasis mucosa. Esta manifestación se asocia más comúnmente con, aunque no exclusivamente con, Leishmania braziliensis y otros miembros del subgénero viannia, que son endémicos en partes de Latinoamérica, particularmente Bolivia, Brasil y Perú (Fig. 2).9-11

 

 


Figura 2. Patogenia, presentación clínica y tratamiento de la leishmaniasis mucosa causada por la infección por *Leishmania braziliensis*.

*Leishmania braziliensis* se transmite mediante flebótomos (moscas de la arena) en diversas zonas de América Latina, particularmente en Bolivia, Brasil y Perú. Durante la ingesta de sangre, los promastigotes se inoculan en la piel, donde son internalizados por macrófagos y otras células fagocíticas, transformándose en amastigotes intracelulares que se replican y diseminan localmente y hacia tejidos distantes. Los flebótomos adquieren la infección al alimentarse de huéspedes infectados. La leishmaniasis cutánea suele comenzar como una pápula en el sitio de la picadura que evoluciona hacia una úlcera indolora de bordes elevados y cicatriza lentamente, dejando a menudo una cicatriz. A pesar de la aparente resolución clínica, pueden persistir amastigotes viables durante años, especialmente en el tejido nasofaríngeo, que es un sitio de tropismo para *L. braziliensis*. En menos del 10 % de los casos, la infección cutánea deriva en leishmaniasis mucosa, ya sea de forma simultánea o años después de la infección inicial; este proceso está mediado por una respuesta inmunitaria celular exagerada. El resultado es una inflamación granulomatosa y una destrucción tisular progresiva que afecta principalmente a la mucosa nasal, con una afectación menos frecuente de las mucosas orofaríngea y laríngea. Los pacientes pueden presentar congestión nasal, obstrucción, epistaxis o perforación del tabique; la afectación de la orofaringe o la laringe también puede manifestarse mediante úlceras bucales dolorosas, disfonía o tos. Una proporción considerable de pacientes con enfermedad mucosa presenta antecedentes de lesiones cutáneas previas. El diagnóstico se basa en el examen microscópico, el cultivo o la prueba de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) del tejido afectado. Si bien la leishmaniasis cutánea localizada causada por otras especies puede tratarse a veces mediante terapias locales o simple observación, la infección por especies que conllevan riesgo de enfermedad mucosa, como *L. braziliensis*, requiere tratamiento sistémico para erradicar el parásito y prevenir la aparición posterior de enfermedad mucosa. La leishmaniasis mucosa requiere tratamiento sistémico, habitualmente con anfotericina B liposomal, siendo la miltefosina oral, la anfotericina B desoxicolato, los antimoniales pentavalentes (con o sin pentoxifilina) o el isetionato de pentamidina las alternativas terapéuticas.

Debido a que las terapias locales pueden no ser efectivas, para erradicar completamente el parásito, se recomienda un tratamiento sistémico en casos de infección cutánea confirmada o sospechada por estas especies, con el fin de reducir el riesgo de desarrollar posteriormente enfermedad mucosa. La leishmaniasis mucosa puede manifestarse de forma concomitante o aparecer meses o incluso décadas después de una infección cutánea tratada de manera inadecuada. Afecta con mayor frecuencia a la mucosa nasal; con menor frecuencia, a la orofaringe; y raramente, a la laringe. Las lesiones suelen presentarse como nódulos granulomatosos y úlceras indoloras que pueden persistir durante años y evolucionar hacia una enfermedad destructiva. En una proporción considerable de los casos de leishmaniasis mucosa, se observa una cicatriz derivada de una infección cutánea previa. El examen histopatológico suele revelar infiltrados de células plasmáticas y granulomas mal formados. Por lo general, la carga parasitaria es baja, lo que hace que el examen microscópico y el cultivo sean métodos de bajo rendimiento diagnóstico. Los métodos moleculares, como las pruebas de amplificación de ácidos nucleicos, ofrecen la mayor sensibilidad. No se recomiendan las pruebas serológicas para la enfermedad mucosa, ya que no permiten distinguir entre infecciones activas y pasadas, además de presentar baja sensibilidad y especificidad.

La leishmaniasis mucosa se consideró el diagnóstico más probable en este paciente, quien había residido anteriormente en Honduras y presentaba ulceración nasal crónica, una cicatriz en el brazo y un familiar con una lesión nasal similar.

 

PRUEBAS DIAGNÓSTICAS ADICIONALES

Tras surgir la sospecha de una posible leishmaniasis, se envió una muestra de tejido de la biopsia —fijado en formalina e incluido en parafina— para realizar pruebas moleculares. Una prueba de amplificación de ácidos nucleicos (detección de ADN de mini-exón; Universidad de Washington, Seattle) confirmó la presencia de *L. (Viannia) braziliensis*. En retrospectiva, cabe destacar que la tinción de Giemsa posterior de la muestra de biopsia (Fig. 1D) no reveló la presencia de amastigotes —formas inmóviles de los organismos en desarrollo que pueden observarse en el citoplasma de los histiocitos—; su ausencia es indicativa de una enfermedad de baja carga parasitaria.

 

DIAGNÓSTICO ANATOMOPATOLÓGICO MOLECULAR

Leishmaniasis mucosa por *Leishmania braziliensis*.

 

CONSIDERACIONES SOBRE EL MANEJO

La leishmaniasis mucosa requiere una evaluación inmediata por parte de un otorrinolaringólogo para determinar la extensión y gravedad de la enfermedad. En pacientes con riesgo de obstrucción de la vía aérea, debe considerarse el tratamiento con glucocorticoides antes de iniciar la terapia antiparasitaria. Se recomienda tratamiento sistémico para todos los casos de leishmaniasis mucosa; las opciones incluyen anfotericina B liposomal, anfotericina B desoxicolato, antimoniales pentavalentes (disponibles en Estados Unidos mediante un protocolo de fármaco en investigación), con o sin pentoxifilina, o miltefosina oral.9 La respuesta al tratamiento debe evaluarse clínicamente; por lo general, se observa una reducción del tamaño de la lesión y de la inflamación entre 40 y 60 días después de iniciar el tratamiento, lográndose la curación completa tras 3 a 5 meses de terapia. Los pacientes deben someterse a un seguimiento periódico durante al menos 1 o 2 años para vigilar la posible aparición de recidivas.

Esta paciente recibió anfotericina B liposomal por vía intravenosa, además de premedicación con líquidos intravenosos, paracetamol y difenhidramina. Durante la primera infusión, presentó rubor y disnea transitoria, síntomas que remitieron tras administrar una dosis adicional de difenhidramina, interrumpir temporalmente la infusión y reanudarla a una velocidad menor. El curso del tratamiento se vio complicado por una lesión renal aguda leve, hipomagnesemia y náuseas; estos cuadros cedieron con la reposición de líquidos y electrolitos y el uso de antieméticos.

En una visita de control con el otorrinolaringólogo, dos semanas después de finalizar la infusión, una nueva endoscopia mostró la resolución de la inflamación, con una mínima formación de costras residuales en la parte anterior derecha del tabique nasal; se indicó a la paciente que utilizara lavados con solución salina según fuera necesario. Presentó un único episodio de epistaxis tras desprender una costra con un hisopo de algodón. Nueve meses después del tratamiento para la leishmaniasis mucosa, la inflamación y la formación de costras habían desaparecido por completo. Hasta la fecha, el paciente permanece clínicamente bien.

 

DIAGNÓSTICO DEFINITIVO

Leishmaniasis mucosa por *Leishmania braziliensis*

 

 

Traducido de

A 37-Year-Old Woman with Persistent Nasal Ulceration

Stacey T. Gray, M.D.,1,2 Carolina D. Geadas, M.D.,3,4 and Peter M. Sadow, M.D., Ph.D.5,6

NEJM

 

 

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viernes, 7 de agosto de 2026

Casos Clínicos: Varón de 16 años con lesiones pustulares.

Un colega de CABA Argentina envió estas imágenes con el siguiente texto:

Una joven de 16 años se queja de lesiones dolorosas en la región medial del muslo derecho desde hace 4 días. Refirió que al principio la lesión era única, pero que con el tiempo aparecieron otras. Comenzó a usar ketoprofeno y desarrolló epigastralgia.

La exploración revela múltiples lesiones nodulares, con halo eritematoso en la zona medial del muslo derecho.

 

 

Opinión: El cuadro es compatible con FORUNCULOSIS. Se ven pequeños nódulos aparentemente foliculocéntricos, con eritema perilesional y un centro pustuloso o necrótico. Las lesiones involucran zonas distantes entre sí, lo que hace sospechar colonización por estafilococo aureus. En los últimos años se ha visto aumento de la incidencia de S aureus de la comunidad resistentes a la meticilina (SARM). El forúnculo, que es una infección profunda del folículo piloso, puede complicarse a absceso cutáneo, celulitis, ántrax cutáneo, bacteriemia, endocarditis, artritis séptica u osteomielitis, infección metastásica, sepsis y síndrome de shock tóxico. La mayoría de las personas pueden ser tratadas con antibióticos orales en el ámbito ambulatorio. Para estos pacientes, es apropiada una terapia empírica dirigida que cubra S. aureus, con cefalosporinas de primera generación (cefalexina, cefadroxilo, y si la prevalencia de SARM en esa comunidad es alta se puede usar TMP/SMX (uno o dos comprimidos de doble concentración por vía oral dos veces al día; para pacientes que pesen más de 70 kg y tengan una función renal normal, se aconseja dos comprimidos de doble concentración dos veces al día), o doxiciclina  (100 mg por vía oral dos veces al día). O minociclina  (200 mg por vía oral una vez al día, y luego 100 mg por vía oral dos veces al día), o clindamicina (450 mg por vía oral cada ocho horas) es una alternativa aceptable, pero generalmente se evita debido al riesgo de infección por Clostridioides difficile y la posibilidad de resistencia estafilocócica. El tratamiento debe durar no menos de 5 a 7 días. Si existe colonización, sospechado por la recurrencia de los episodios, se procede a descolonizar de S aureus con mupirocina tópica al 2% en las narinas 2 veces al día durante 5 días, y baños corporales con antiséptico (clorhexidina) durante 5 a 7 días.

 

 

jueves, 6 de agosto de 2026

Casos Clínicos: Varón de 56 años con masa en la región del codo de 1 año de evolución.

 

El Dr. Junior Sandoval, de Ciénaga Colombia envió esta imagen con el siguiente texto:

Dr. Mire esto



Que pueda usted orientar a un tratamiento?

Pacientede 56 años, sexo masculino, él tuvo un accidente, cayó de su propia altura y sufrió una herida importante hace ya más de un año. De allí le promueve esto que en un momento presentó miasis. Y al parecer se le extrajeron gusanos.

 



 

Dr. Junior Sandoval.

Ciénaga Colombia




Opinión: Se trata de una formación de gran tamaño, de aspecto vegetante, con intensa proliferación exuberante, de superficie anfractuosa, ulcerada, saniosa, zonas necróticas cubiertas de fibrina lo que la vuelve una masa húmeda con segura sobreinfección bacteriana. Las características no brindan otro diagnóstico diferencial que una lesión de origen neoplásico, más probablemente CARCINOMA DE CÉLULAS ESCAMOSO CUTÁNEO (CEC), que deberá ser confirmado anatomopatológicamente por una biopsia. Llama la atención el tamaño de la lesión y su estado, así como la presencia del antecedente de miasis, lo que habla en parte de aspectos personales del propio paciente y descuido por su salud. El diagnóstico presuntivo de ÚLCERA DE MARJOLIN, es muy interesante, ya que explica el origen de esta lesión, injertada sobre un tejido previamente traumatizado. Sin embargo, hay que decir que la úlcera de Marjolin, además de ser una forma rara de CEC, que surge en sitios de heridas crónicas o cicatrices, clásicamente aparece alrededor de 30 años después del insulto tisular. Existe una forma aguda de úlcera de Marjolin, más rara aún que la forma clásica crónica, que puede presentarse después de unos meses de la lesión inicial, y que puede presentar un rápido crecimiento. En estos casos, la explicación puede estar en algunas condiciones del propio paciente, como puede ser entre otras el inmunocompromiso que, en cualquier caso, estamos obligados a descartar en este paciente. Pero más allá de si se trate o no de una úlcera de Marjolin, aquí lo importante es confirmar el diagnóstico de CEC y proceder rápidamente a su estadificación y a su tratamiento, que obviamente incluirá la cirugía, sea esta para tratamiento curativo o paliativo de acuerdo a los resultados de la estadificación. La cirugía requerirá una escisión amplia con márgenes oncológicos, y reconstitución con injertos o colgajos reconstructivos. Obviamente, en una lesión de este tamaño se debe considerar también la amputación. La radioterapia, y la quimioterapia, pre o post cirugía debe ser considerada o discutida por un “comité de tumores” que suele funcionar en hospitales de cierta complejidad, integrada por cirujanos, oncólogos, radioterapeutas, clínicos, cirujanos plásticos, que son los organismos más autorizados para diseñar y administrar el mejor tratamiento posible

 

miércoles, 5 de agosto de 2026

Varón de 28 años con cefalea y pérdida de visión en ojo derecho

Un hombre de 28 años ingresó en este hospital por dolor de cabeza y pérdida de visión en el ojo derecho.

El paciente se encontraba en su estado de salud habitual hasta dos semanas antes del ingreso actual, cuando desarrolló dolor de garganta e hinchazón facial en el lado derecho, que afectaba al pliegue nasolabial, la mejilla y el párpado inferior. Los resultados de las pruebas fueron compatibles con una infección estreptocócica, por lo que se inició tratamiento con amoxicilina. Tanto el dolor de garganta como la hinchazón facial desaparecieron.

Siete días antes del ingreso actual, tras levantar bruscamente un objeto muy pesado en el trabajo, notó moscas volantes y destellos en el ojo derecho. También presentaba dolor de cuello, cefalea frontal derecha y dolor retroorbitario derecho que empeoraba con el movimiento ocular. Durante la semana siguiente, el paciente notó una pérdida progresiva de visión en el ojo derecho. La noche anterior a su ingreso actual, fue evaluado en el servicio de urgencias de un hospital afiliado especializado en oftalmología.

La temperatura temporal era de 36,3 °C, la frecuencia cardíaca de 73 latidos por minuto, la presión arterial de 126/80 mm Hg y la saturación de oxígeno del 100 % mientras el paciente respiraba aire ambiente. La agudeza visual era de 20/20 en el ojo izquierdo y de 20/250 en el ojo derecho. En la prueba de Ishihara, no identificó correctamente ninguna de las ocho láminas de color con el ojo derecho, mientras que identificó correctamente las ocho láminas de color con el ojo izquierdo. Las pupilas eran iguales, redondas y reactivas a la luz, con un defecto pupilar aferente relativo en el ojo derecho. En la prueba de confrontación, se detectó una deficiencia parcial en el campo visual nasal inferior del ojo derecho. La perimetría automatizada reveló una pérdida generalizada grave del campo visual en el ojo derecho, con hallazgos normales en el ojo izquierdo. La presión intraocular fue de 9 mm Hg (rango de   referencia, 10 a 21) en ambos ojos.

El examen con lámpara de hendidura de los ojos mostró un leve eritema periorbitario en el ojo derecho, córneas transparentes y anexos oculares, conjuntivas y escleróticas normales. Las cámaras anteriores, los iris, los cristalinos y los cuerpos vítreos eran normales en ambos ojos. El nervio óptico izquierdo era normal (Fig. 1A). El examen del nervio óptico derecho (Fig. 1B) mostró edema del disco óptico equivalente al grado 5 en la escala de Frisén (que va del grado 0 [normal, sin edema del disco óptico] al grado 5 [grave, edema circunferencial del disco óptico con oscurecimiento de todos los vasos, con presencia de líquido macular y subretiniano que se extendía circunferencialmente 1 diámetro de disco desde el disco óptico. Los vasos parecían normales en ambos ojos. Los movimientos extraoculares eran completos, sin dolor ni nistagmo. La tomografía de coherencia óptica mostró edema del disco óptico en el ojo derecho, junto con líquido subretiniano.

 


Figura 1. Fotografías iniciales del fondo de ojo.

En el momento de la presentación en el servicio de urgencias del otro hospital, la fotografía del fondo del ojo izquierdo (Panel A) no muestra anomalías, mientras que la fotografía del fondo del ojo derecho (Panel B) muestra edema de la papila óptica con hemorragias (flecha negra) y hemorragias periféricas (flecha azul).

 

Se realizó una resonancia magnética cerebral y orbital al ingreso en el servicio de urgencias del otro hospital.

Una imagen axial ponderada en T1 con supresión de grasa (Panel A), obtenida tras la administración de contraste, muestra un realce focal de la cabeza del nervio óptico derecho sin extensión al resto del nervio (flecha).

Una imagen coronal ponderada en T1 con contraste (Panel B) confirma que el realce se localiza en la unión del nervio óptico y el globo ocular (flecha).

 


Figura 2 A y B. Resonancia magnética cerebral y orbital

La resonancia magnética (RM) del cerebro y las órbitas (Fig. 2A y 2B), realizada con y sin la administración de contraste intravenoso, reveló engrosamiento de los tejidos blandos y realce aislado en el disco óptico derecho. En las imágenes ponderadas en T2, se observaron múltiples focos de hiperintensidad dentro de la sustancia blanca supratentorial, pero no se detectaron lesiones con realce. Se observó un engrosamiento mucoso importante en el seno maxilar derecho, sin extensión directa desde el seno hacia la órbita derecha. La angiorresonancia magnética craneal no mostró anomalías.

 

La tomografía computarizada (TC) facial reveló una zona de radiolucidez periapical asociada al primer molar y al segundo premolar superiores derechos, relacionada con la inflamación del seno maxilar derecho. No hubo evidencia de dehiscencia ósea en el suelo orbitario ni en otras paredes de la órbita que sugiriera una vía de extensión de la infección sinusal hacia la misma.

El especialista en otorrinolaringología realizó una endoscopia nasal, que mostró un meato medio derecho permeable y sin secreción purulenta visible. Se recomendó tratamiento antibiótico para una sinusitis maxilar de probable origen odontogénico, así como seguimiento por parte de un cirujano oral.

A la mañana siguiente, el paciente fue trasladado a este hospital e ingresado en el servicio de neurología. Refería cefalea persistente y alteraciones visuales acompañadas de fotofobia leve. No había presentado fiebre ni escalofríos. Sus antecedentes médicos incluían un episodio de meningitis en la infancia, apendicitis (tratada mediante apendicectomía) y heridas por arma de fuego que requirieron una colectomía parcial. El paciente también tenía antecedentes de consumo excesivo de alcohol, llegando a ingerir hasta una botella de licor al día; durante el último mes, había consumido aproximadamente una botella de vino diaria. No presentaba antecedentes de síndrome de abstinencia alcohólica. Fumaba marihuana a diario, pero no consumía otras sustancias. Trabajaba en la construcción y vivía en las afueras de Boston con su pareja, dos gatos adultos y un perro. Mantenía relaciones sexuales con hombres; refirió haber tenido dos parejas en los últimos 6 meses, con uso incompleto de métodos de barrera. No tomaba medicación alguna ni presentaba reacciones adversas conocidas a fármacos. No existían antecedentes familiares de problemas de visión. En la exploración, la temperatura temporal fue de 36,7 °C, la frecuencia cardíaca de 79 latidos por minuto, la presión arterial de 133/71 mmHg y la saturación de oxígeno del 99 % mientras el paciente respiraba aire ambiente. Presentaba buen estado general y se encontraba alerta y orientado; las evaluaciones de fuerza, sensibilidad, reflejos y función cerebelosa fueron normales. El cuello era flexible. No se observaron adenopatías cervicales, supraclaviculares ni axilares. Faltaban varias piezas dentales; no se observó candidiasis oral. Se observó una cicatriz abdominal en la línea media bien curada.

El resto de la exploración fue normal.

Los niveles sanguíneos de electrolitos, alanina aminotransferasa, aspartato aminotransferasa, bilirrubina, proteínas totales y albúmina fueron normales, al igual que el hemograma completo con fórmula leucocitaria y los resultados de las pruebas de función renal y coagulación. La velocidad de sedimentación globular fue de 33 mm por hora (intervalo de referencia: 0 a 14) y el nivel sanguíneo de proteína C reactiva fue de 7,1 mg por litro (valor de referencia: <8,0). Se obtuvieron muestras de sangre para cultivo. Las pruebas para la enfermedad de Lyme y la sífilis resultaron negativas. Una prueba rápida para el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) tipos 1 y 2 fue positiva. Se inició tratamiento con ceftriaxona, vancomicina, ampicilina y aciclovir por vía intravenosa.

El segundo día de hospitalización, el paciente refirió cefalea persistente y empeoramiento de la visión en el ojo derecho. Las pruebas de confirmación y diferenciación de anticuerpos contra el VIH resultaron positivas para el VIH tipo 1 (VIH-1); la carga viral de ARN del VIH era de 41.900 copias por mililitro y el recuento de linfocitos T CD4+ era de 315 por microlitro (rango de referencia: 523 a 1475). La agudeza visual en el ojo derecho era de 20/400 y el examen con lámpara de hendidura mostró edema persistente del disco óptico, equivalente al grado 5 de la escala de Frisén, con nuevas hemorragias papilares y peripapilares. Los intentos de realizar una punción lumbar para obtener una muestra de líquido cefalorraquídeo (LCR) no tuvieron éxito, por lo que se planificó una punción lumbar guiada por imagen.

Persistieron la cefalea y las alteraciones visuales. Al quinto día de hospitalización, se realizó una punción lumbar. El análisis del LCR reveló 17 eritrocitos por microlitro (rango de referencia: 0 a 5) y 235 células nucleadas por microlitro (rango de referencia: 0 a 5), ​​con un 87 % de linfocitos, 7 % de monocitos, 4 % de neutrófilos y 1 % de eosinófilos; la concentración de glucosa en el LCR era de 40 mg por decilitro (rango de referencia: 50 a 75) y la concentración de proteínas totales era de 98 mg por decilitro (rango de referencia: 5 a 55). La tinción de Gram, el cultivo bacteriano y el cultivo fúngico resultaron negativos, al igual que la prueba de antígeno de criptococo en LCR y las pruebas de amplificación de ácidos nucleicos para patógenos asociados a meningitis y encefalitis, incluidos los enterovirus y los virus del herpes simple tipos 1 y 2. Se suspendió la administración de ceftriaxona, vancomicina, ampicilina y aciclovir.

La TC de tórax, abdomen y pelvis, realizada tras la administración de contraste intravenoso, mostró adenopatías prominentes en las regiones axilar derecha (Fig. 2C), periportal y ganglios linfáticos retroperitoneales, junto con dos lesiones hipodensas mal definidas en el hígado; una lesión medía 2,2 cm de diámetro (figs. 2D y 2E) y la otra, 0,7 cm de diámetro. Se realizaron pruebas adicionales.



Figura 2 C,D y E. Imágenes de TC.

El quinto día de hospitalización se realizó una tomografía computarizada (TC) de tórax, abdomen y pelvis. Una TC de tórax en plano coronal (Panel C), obtenida tras la administración de contraste intravenoso, muestra linfadenopatía axilar presente predominantemente en el lado derecho (flecha). Las TC de abdomen con contraste en planos axial y coronal (Paneles D y E, respectivamente) muestran una lesión hipodensa mal definida en la periferia del segmento hepático 8 (flechas).

 

El sexto día de hospitalización se realizó una angiografía con fluoresceína (figs. 3A y 3B). Se observó una zona de extravasación en el ojo derecho. Un nuevo examen con lámpara de hendidura reveló células grado 1+ en la cámara anterior y el vítreo anterior derechos.

Las pruebas de anticuerpos contra la neuromielitis óptica y la acuaporina-4 resultaron negativas.

El décimo día de hospitalización, el examen con lámpara de hendidura mostró células escasas (grado traza) en la cámara anterior derecha y células grado 2+ en el vítreo anterior derecho. Las fotografías de campo amplio del fondo de ojo mostraron exudados amarillos con patrón radial que afectaban a la mácula y signos de crecimiento de nuevos vasos pequeños; estos hallazgos no se habían identificado en exámenes anteriores (fig. 3C).

 


Figura 3. Imágenes de angiografía con fluoresceína y fotografías de fondo de ojo de seguimiento.

Se realizó una angiografía con fluoresceína al sexto día de hospitalización. Una imagen angiográfica del ojo izquierdo (Panel A) muestra hallazgos normales. Una imagen angiográfica del ojo derecho (Panel B) muestra una fuga anómala en la papila óptica (flecha). Las fotografías de fondo de ojo del ojo derecho obtenidas al décimo día de hospitalización (Panel C) y 30 días después (Panel D) muestran edema de papila con hemorragias (flechas azules) y una estrella macular (flechas negras).

Se realizó una prueba diagnóstica y se estableció un diagnóstico.

 

Diagnóstico Diferencial

 Este hombre de 28 años, con infección por VIH-1 recién diagnosticada y antecedentes recientes de faringitis e inflamación facial, presentó pérdida de visión monocular de rápida progresión. En la exploración del ojo derecho, se detectó edema de la papila óptica con líquido subretiniano. Los hallazgos de imagen incluyeron realce de la papila óptica, sinusitis, lesiones hepáticas y linfadenopatía. El análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR) mostró pleocitosis linfocítica, niveles bajos de glucosa y niveles elevados de proteínas. Los hallazgos oftalmológicos evolucionaron en un periodo de 10 días e incluyeron células intraoculares, neovascularización de la papila óptica y exudados maculares.


LOCALIZACIÓN

Salvo raras excepciones,2,3 la pérdida de visión monocular se origina por cambios patológicos situados por delante del quiasma óptico. El defecto pupilar aferente en este paciente sugiere una disfunción, ya sea retiniana difusa o del nervio óptico. La presencia de edema y realce de la papila óptica sugiere neuropatía óptica. Para determinar el diagnóstico más probable en este paciente, consideraré las causas de neuropatía óptica que pueden manifestarse de forma súbita, asimétrica y con edema de la papila óptica clínicamente significativo.

 

Edema agudo y asimétrico de la papila óptica

Papiledema

El edema de la papila óptica causado por una presión intracraneal elevada se denomina papiledema y suele afectar a ambos ojos. Aunque es posible que exista un papiledema asimétrico, el grado de asimetría observado en este paciente resultaría atípico. Además, no se observaron signos radiológicos de presión intracraneal elevada, y el paciente no refirió síntomas clásicos de papiledema, como acúfenos pulsátiles, cefalea postural o diplopía horizontal. Si bien las alteraciones visuales transitorias se asocian frecuentemente al papiledema, también pueden producirse ante cualquier causa de apiñamiento de la papila óptica. Sospecho que la breve alteración visual que experimentó el paciente al levantar objetos pesados ​​se debió probablemente a una hipoperfusión transitoria provocada por el aumento de la presión venosa intraocular —inducido por la maniobra de Valsalva— en el contexto de un edema grave de la papila óptica. Cabe destacar que el edema de la papila óptica de este paciente se describió correctamente como «equivalente al» grado 5 de la escala de Frisén, dado que dicha escala se diseñó específicamente para el papiledema, una causa poco probable de neuropatía óptica en este paciente.

 

Neuropatía óptica isquémica

La neuropatía óptica isquémica anterior arterítica, asociada típicamente a la arteritis de células gigantes, puede descartarse dada la corta edad del paciente. La neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica (NOIA-NA) se manifiesta clásicamente en pacientes de edad avanzada como una pérdida aguda e indolora del campo visual (de tipo altitudinal) acompañada de un edema sectorial correspondiente en la papila óptica. Aunque la NOIA-NA puede presentarse en pacientes más jóvenes, este paciente no mostraba factores de riesgo predisponentes identificables. En la NOIA-NA puede observarse líquido retiniano peripapilar, pero el grado de afectación retiniana, el dolor y los hallazgos sistémicos observados en este paciente resultarían atípicos para esta patología.

 

Neuritis óptica

La neuritis óptica (inflamación del nervio óptico) suele ser idiopática, pero se presenta con mayor frecuencia en el contexto de una enfermedad desmielinizante autoinmunitaria. También puede asociarse a otras enfermedades autoinmunitarias o ser causada por una infección. En pacientes con neuritis óptica puede observarse una inflamación aislada de la papila óptica, particularmente en aquellos con enfermedad asociada a anticuerpos contra la glicoproteína de la mielina de los oligodendrocitos (MOGAD),11pero es menos frecuente que la afectación retrobulbar.12 El dolor con los movimientos oculares es una característica distintiva de la neuritis óptica (Tabla 1). Se postula que el dolor se debe a la tracción sobre la vaina del nervio óptico en los puntos de origen de los músculos rectos medial y superior, razón por la cual suele presentarse cuando existe afectación del nervio óptico intraorbitario.13,14 El dolor que presentaba este paciente al mover los ojos resultó algo inesperado, dada la inflamación limitada a la porción intraocular del nervio óptico. No obstante, el paciente no tenía antecedentes de otros síntomas neurológicos, ni signos radiológicos de enfermedad desmielinizante, ni evidencia de trastornos autoinmunitarios sistémicos. Aun así, la neuritis óptica sigue siendo una posibilidad diagnóstica a considerar. Neuropatía óptica infiltrativa Tanto el cáncer (particularmente el linfoma en pacientes con infección por VIH)15 como la sarcoidosis pueden infiltrar el nervio óptico. Sin embargo, no cabría esperar que la infiltración asociada al cáncer produjera exudados maculares prominentes; por otro lado, la sarcoidosis es poco frecuente en el contexto de la infección por VIH y suele presentar un curso más insidioso.16 La ausencia de afectación del nervio óptico retrobulbar y de otros hallazgos relevantes en la resonancia magnética también hace improbable que se trate de cáncer o sarcoidosis.

 

Neuropatía óptica infecciosa

Es especialmente importante considerar las causas infecciosas de neuropatía óptica en este paciente con infección por VIH recién diagnosticada y no tratada. Una infección sinusal puede provocar neuropatía óptica,17 pero en este caso, la sinusitis maxilar ipsilateral parecía tener un origen odontogénico y se localizaba fuera de la órbita. La prueba de sífilis resultó negativa, aunque este resultado debe interpretarse con cautela, ya que los falsos negativos son más frecuentes en pacientes con infección por VIH.18,19 La prueba de antígeno criptocócico en LCR fue negativo y el recuento de linfocitos T CD4+ del paciente era superior al que cabría esperar en una persona VIH-positiva con meningitis criptocócica. Incluso en ausencia de antecedentes clásicos de exposición, debería realizarse una prueba de tuberculosis a este paciente. Sin embargo, la RM no mostró realce meníngeo basal ni otros hallazgos sugestivos de tuberculosis.20,21 La presentación clínica del paciente resultaba atípica para la afectación ocular asociada a muchas infecciones oportunistas,22,23 y el recuento de linfocitos T CD4+ no sugería una inmunodepresión profunda. El paciente no presentaba antecedentes relevantes de viajes ni de exposición a picaduras de insectos, pero sí antecedentes de conductas sexuales de alto riesgo y contacto con gatos y un perro. La toxoplasmosis ocular suele caracterizarse por una retinocoroiditis necrosante focal con vitritis grave.24 La toxocariasis ocular suele cursar con un granuloma periférico.25 La infección por Bartonella puede manifestarse con un edema marcado de la papila óptica y afectación macular, tal como se observó en este paciente.26

 

Neurorretinitis

Muchos trastornos que causan edema de la papila óptica pueden provocar acumulación de líquido retiniano e incluso exudados maculares con patrón estrellado.27,28 No obstante, la extensión de la afectación retiniana en este paciente y la aparición de exudados maculares radiales pronunciados —conocidos como estrella macular—, observada al décimo día de hospitalización, sugieren una neurorretinitis, definida por la combinación de edema de la papila óptica y el desarrollo posterior de una estrella macular (Tabla 1). La estrella macular está compuesta por lípidos procedentes de una filtración exudativa que se desplaza a lo largo de las fibras de Henle —dispuestas radialmente y con orientación oblicua— en la capa plexi- forme externa (Fig. 4).28,29 La neurorretinitis puede ser idiopática o estar causada por enfermedades inflamatorias o mediadas por el sistema inmune, pero la infección es la causa más frecuente. Aproximadamente dos tercios de los casos de neurorretinitis están causados ​​por una infección por *Bartonella*; sin embargo, la sífilis y la tuberculosis siguen siendo diagnósticos posibles en el caso de este paciente.30 La hipoglucorraquia es característica de la meningitis tuberculosa y se asocia con menor frecuencia a la infección por *Bartonella*, pero los hallazgos en el líquido cefalorraquídeo de este paciente podrían ser compatibles con cualquiera de los dos diagnósticos.

 


Tabla 1. Hallazgos diferenciales de la neuritis óptica y la neuroretinitis.




Figura 4. Formación de la estrella macular

Para minimizar la dispersión de la luz y maximizar la agudeza visual, las capas retinianas internas se desplazan lateralmente a nivel de la fóvea, formando la depresión foveal. Esta disposición requiere una proyección oblicua de las prolongaciones axonales de los fotorreceptores para alcanzar las terminales sinápticas en la capa plexiforme externa. Estas fibras de orientación oblicua, que constituyen la capa de fibras de Henle, presentan una disposición radial que crea un patrón estrellado; a lo largo de este patrón pueden acumularse depósitos procedentes de fugas exudativas, formando una estrella macular. El panel A muestra la orientación radial de las fibras de Henle. El panel B muestra el perfil oblicuo de dichas fibras en un corte transversal.

 

HALLAZGOS SISTÉMICOS

¿Pueden, la enfermedad previa o los síntomas actuales de linfadenopatía y lesiones hepáticas ayudar a estrechar el diagnóstico diferencial respecto al diagnóstico más probable? La faringitis y la inflamación facial en el lado derecho podrían haber reflejado una infección primaria por *Bartonella* o una infección primaria por VIH, pero estas posibilidades son meramente especulativas.

La sarcoidosis se caracteriza por linfadenopatía hiliar bilateral y puede presentar granulomas hepáticos.31,32 La tuberculosis causa clásicamente linfadenopatía cervical y puede provocar granulomas hepáticos en pacientes con enfermedad diseminada.33,34 La sífilis primaria suele causar linfadenopatía inguinal regional, mientras que tanto la sífilis secundaria como la infección aguda por VIH pueden asociarse a linfadenopatía generalizada y hepatitis.35-38 El patrón de linfadenopatía en este paciente se ajusta mejor a una infección por *Bartonella*, en la cual la linfadenopatía es característicamente unilateral y regional, localizada en las cadenas ganglionares que drenan el sitio de inoculación. La angiomatosis bacilar hepática, la peliosis hepática o ambas pueden presentarse en huéspedes inmunocomprometidos con infección por *Bartonella*, aunque ocurren con mayor frecuencia en pacientes con recuentos de linfocitos T CD4+ inferiores a 100 células por microlitro.39,40

La aparición de neovascularización en la papila óptica constituye un dato clave en este caso. Si bien la angiogénesis puede deberse a isquemia, *Bartonella* posee propiedades vasoproliferativas bien caracterizadas. En el contexto de la infección por *Bartonella*, se produce una regulación al alza del factor de crecimiento endotelial vascular del huésped que promueve la angiogénesis patológica; este mecanismo subyace no solo a la neovascularización asociada a la bartonelosis ocular, sino también a las lesiones vasculares proliferativas propias de la angiomatosis bacilar en huéspedes inmunocomprometidos.41,42 Esta tendencia angiogénica es relativamente característica y refuerza aún más el diagnóstico de infección por *Bartonella*.

 

SÍNTESIS

Este paciente, con antecedentes de exposición a gatos, un cuadro prodrómico de faringitis e inflamación facial y una infección por VIH recién diagnosticada, presentó edema unilateral de la papila óptica —sin alteraciones patológicas retrobulbares— que evolucionó hacia una neurorretinitis fulminante con estrella macular y neovascularización de la papila, en el contexto de linfadenopatía regional ipsilateral y lesiones hepáticas. El cuadro clínico sugiere fuertemente una infección por *Bartonella*, posiblemente con enfermedad diseminada que afecta al hígado en el contexto de una infección por VIH-1. Sospecho que la prueba diagnóstica en este paciente resultó positiva para anticuerpos contra *Bartonella*.

Diagnóstico Presuntivo

Neurorretinitis por *Bartonella*, posiblemente con afectación hepática, en el contexto de inmunocompromiso asociado a la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana.

 

TESTS DIAGNÓSTICOS

Las pruebas iniciales en este paciente confirmaron el diagnóstico de infección por VIH-1 de duración desconocida e inmunocompromiso moderado. Entre las pruebas diagnósticas posteriores clave que arrojaron resultados negativos se incluyeron tres frotis de esputo negativos para bacilos ácido-alcohol resistentes, un ensayo de liberación de interferón-gamma no reactivo para *Mycobacterium tuberculosis*, una prueba VDRL (Venereal Disease Research Laboratory) negativa y resultados negativos en la determinación de niveles de IgG e IgM frente a *Toxoplasma gondii* en líquido cefalorraquídeo (LCR).

El décimo día de hospitalización se dispuso de los resultados de la muestra de sangre del paciente obtenida el quinto día; la prueba de IgG frente a *Bartonella henselae* resultó positiva, con un título de 1:4096. El título de IgM frente a *B. henselae* fue inferior a 1:20. Estos hallazgos, junto con las alteraciones observadas en el nervio óptico y la retina, respaldaban firmemente el diagnóstico de neurorretinitis por *Bartonella*. Los cultivos de LCR para bacterias, hongos y micobacterias no mostraron crecimiento.

Históricamente, el diagnóstico de infección por *B. henselae* requería el cumplimiento de criterios epidemiológicos, clínicos e histológicos.43 Actualmente, la prueba recomendada es el ensayo de inmunofluorescencia indirecta, que presenta una sensibilidad y especificidad cercanas al 90 % en pacientes inmunocompetentes.44,45 Un nivel elevado de IgM suele indicar una infección aguda. Cuando se detecta IgG, los títulos de anticuerpos deben orientar la interpretación clínica; títulos de 1:256 o superiores sugieren una infección aguda o reciente, como ocurrió en este paciente.46

 

DIAGNÓSTICO MICROBIOLÓGICO

Neurorretinitis por infección por *Bartonella henselae*.

 

DISCUSIÓN SOBRE EL MANEJO

La enfermedad por arañazo de gato es la manifestación más frecuente de la infección por *B. henselae*. Entre sus características se incluyen fiebre, malestar general, anorexia y linfadenopatía regional dolorosa a la palpación, síntomas que suelen aparecer entre 1 y 2 semanas después de la infección por *B. henselae*. La afectación visceral es menos frecuente y puede incluir hepatoesplenomegalia, meningoencefalitis, bacteriemia y angiomatosis bacilar. Los síntomas oculares, que son poco comunes, incluyen el síndrome oculoglandular de Parinaud con afectación del segmento anterior del ojo. Las manifestaciones oculares que afectan al segmento posterior son variadas y pueden incluir neuritis óptica, neurorretinitis y exudados maculares, como en este paciente.43

La enfermedad ocular del segmento posterior (definida como cualquier afección patológica que afecte a las estructuras posteriores del ojo, específicamente el vítreo, la retina, la coroides y el nervio óptico) asociada a *B. henselae* se presenta en aproximadamente el 4 % de todos los casos de enfermedad por arañazo de gato.43,47 Entre los pacientes con infección por *B. henselae* que también presentan infección por VIH, la enfermedad ocular es más frecuente en aquellos con enfermedad por VIH en fase avanzada, típicamente con un recuento de linfocitos T CD4+ inferior a 50 células por microlitro.48,49 La neurorretinitis se caracteriza por edema de la papila óptica con desprendimiento seroso de retina. La clásica formación de estrella macular observada en pacientes con neurorretinitis por *Bartonella* se desarrolla entre 2 y 4 semanas después de la aparición del edema de la papila óptica, debido a la inflamación de la vasculatura papilar con exudación a través de la capa plexiforme externa.43 Inicialmente, este paciente no presentaba los exudados que conforman la estrella macular, tal vez debido al breve intervalo de tiempo transcurrido entre su presentación con edema de la papila óptica y el examen inicial de retina. Una vez presente, la estrella macular puede tardar 12 meses en resolverse.46

La pérdida de visión aguda de moderada a grave se produce en la mayoría de los pacientes con enfermedad ocular del segmento posterior asociada a *B. henselae*.47 En una amplia serie de casos, el 80 % de los pacientes recuperó una buena agudeza visual (20/40 o mejor), mientras que el 6 % presentó una pérdida visual grave persistente.47 Los pacientes tratados con antibióticos sistémicos y glucocorticoides obtuvieron mejores resultados de agudeza visual, un hallazgo que respalda la terapia combinada como tratamiento estándar para la neuroretinitis por *Bartonella*.47

Para las personas con infección por VIH que presentan una infección grave por *Bartonella* que afecta a los ojos o al sistema nervioso central, como ocurría en este paciente, se recomienda un tratamiento combinado con antibióticos orales: doxiciclina y rifampicina.49 Ante la sospecha de infección por *Bartonella*, iniciamos el tratamiento con doxiciclina oral el quinto día de hospitalización y añadimos rifampicina oral el décimo día, una vez disponibles los resultados de las pruebas confirmatorias.

Para el tratamiento de la infección por VIH, iniciamos una pauta de administración única diaria de tenofovir alafenamida y emtricitabina por vía oral, junto con dolutegravir dos veces al día, el décimo día de hospitalización; la dosis de dolutegravir fue el doble de la habitual debido al uso concomitante de rifampicina.50 El paciente también completó un ciclo de prednisona con reducción gradual de la dosis. En una visita de seguimiento realizada 3 meses después de iniciada la medicación el décimo día de hospitalización, el paciente informó que había encontrado un nuevo hogar para sus gatos y que se estaba adaptando a su nuevo diagnóstico de infección por VIH, con una excelente adherencia diaria al tratamiento antirretroviral y una carga viral de ARN del VIH-1 totalmente suprimida. Seis meses después del alta, la tomografía computarizada (TC) mostró una disminución del tamaño de las lesiones hepáticas hipodensas y una reducción leve de la linfadenopatía peripancreática y paraaórtica.

Tras iniciar el tratamiento antibiótico, los resultados del examen oftalmológico del paciente siguieron mejorando. En una visita de control realizada 4 semanas más tarde, la agudeza visual había mejorado sustancialmente hasta 20/60 en el ojo derecho y se mantenía en 20/20 en el ojo izquierdo; se observó una disminución clínicamente significativa del edema de la papila óptica, aunque persistían la estrella macular y la neovascularización de la papila (Fig. 3D). Estos hallazgos se confirmaron mediante tomografía de coherencia óptica.

La entidad que hoy se conoce como neurorretinitis fue descrita en 1916 como «maculopatía estrellada»51. Sin embargo, esta definición fue cuestionada en 1977, cuando se comunicó que el edema de la papila óptica suele preceder a los hallazgos maculares entre 1 y 2 semanas28. En una fase inicial, la angiografía con fluoresceína puede utilizarse para confirmar la presencia de edema papilar patológico. Es preciso mantener un alto índice de sospecha de neurorretinitis incluso cuando solo se detecta edema papilar; asimismo, realizar exámenes de fondo de ojo de seguimiento a intervalos cortos para evaluar la aparición de una estrella macular puede resultar crucial en casos de neuropatía óptica de etiología desconocida.

La inflamación asociada a la neurorretinitis provoca edema del nervio óptico y macular, el cual presenta componentes tanto lipídicos como acuosos. La estrella macular asociada a la neurorretinitis se forma debido a que el exudado rico en lípidos penetra en la capa plexiforme externa de la retina y se deposita en ella. La fase acuosa, sin embargo, penetra por debajo de la retina sensorial, donde puede identificarse como líquido subretiniano. Durante la resolución de la neurorretinitis, el líquido subretiniano desaparece mucho más rápidamente que la estrella macular, tal como se observó en las imágenes de seguimiento de este paciente obtenidas 4 semanas después del inicio del tratamiento antibiótico (Fig. 3D). Se han propuesto diferentes enfoques para tratar la neurorretinitis por *Bartonella*, sin que exista consenso al respecto, y faltan datos procedentes de ensayos aleatorizados. Aunque algunas series pequeñas han mostrado resultados similares en pacientes tratados y no tratados, una serie de mayor tamaño ha sugerido mejores resultados con la terapia antibiótica.47 La mayoría de los clínicos administran antibióticos sistémicos cuando existe afectación ocular que compromete la visión. En personas inmunosuprimidas, se utilizan glucocorticoides como tratamiento adyuvante en casos seleccionados, una vez descartadas otras causas infecciosas.52

 

DIAGNÓSTICO FINAL

Neurorretinitis debido a infección por Bartonella henselae infection.

 


Traducido de

Case 21-2026: A 28-Year-Old Man with  Headache and Vision Loss in the Right Eye

Aubrey L. Gilbert, M.D., Ph.D.,1 Bart K. Chwalisz, M.D.,2,3   Racine S. Gue, M.D.,4‑6 and Lisa M. Bebell, M.D.7,8 NEJM


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