domingo, 11 de octubre de 2026

Síndrome de la Fabela

 

Una mujer de 38 años presentó un historial de dos meses de dolor en la rodilla izquierda. El dolor apareció después de que comenzó un programa de ejercicio aeróbico que combinaba artes marciales y boxeo de sombra. El examen físico reveló sensibilidad en la cara lateral de la fosa poplítea, justo detrás del cóndilo femoral lateral. Los demás hallazgos del examen fueron normales, sin evidencia de laxitud ligamentosa ni derrames. En la radiografía se observó un objeto de densidad ósea adyacente al cóndilo femoral lateral, que correspondía al área de sensibilidad (ver figura adjunta ) .

 

 


Discusión

El síndrome de la fabela.

La fabela es un hueso sesamoideo del músculo gastrocnemio lateral. Se encuentra directamente posterior al cóndilo femoral lateral. Está presente en el 10 al 20 por ciento de la población. Sirve como punto de inserción para el complejo del músculo poplíteo y el tendón arqueado, así como para el ligamento fabelofibular.

 

El síndrome de la fabela se caracteriza por la aparición gradual de dolor agudo e intermitente en la cara posterolateral de la rodilla. Al extender completamente la rodilla, se observa sensibilidad localizada sobre la fabela. Este síndrome es más frecuente en la adolescencia temprana² y probablemente se deba a la fricción repetitiva de la fabela sobre el cóndilo femoral posterolateral. El tratamiento debe seguir el acrónimo PRICE (protección , reposo , hielo , compresión y elevación ) . Se pueden utilizar antiinflamatorios no esteroideos para controlar el dolor. Algunos médicos han recomendado el uso de alzas en el talón para acortar el músculo gastrocnemio. Si las medidas conservadoras fracasan después de unos seis meses, se puede considerar la extirpación quirúrgica.³

 

Un defecto osteocondral es la separación completa o incompleta del cartílago articular y el hueso subcondral. Por definición, es intraarticular. No debe confundirse el defecto osteocondral con la osteocondritis disecante. El primero es una lesión traumática que suele presentarse en personas con madurez esquelética, mientras que la segunda es una afección propia de adolescentes causada por la interacción entre traumatismos repetitivos y una predisposición genética. La localización más frecuente de ambas afecciones en la rodilla es el cóndilo femoral medial. La presentación habitual incluye dolor, hinchazón y bloqueo o chasquido intermitente.

 

La tendinitis calcificante puede aparecer en cualquier tendón del cuerpo. Generalmente se debe a una lesión por sobreesfuerzo, que provoca dolor en la parte anterior de la rodilla. En la rodilla, la lesión más común es la tendinitis rotuliana o del supraespinoso. La localización posterolateral del dolor en estos casos es atípica.

 

Un cuerpo extraño generalmente se presenta con antecedentes de traumatismo y una herida de entrada que no cicatriza. Los contornos lisos del objeto en estas radiografías y una radiodensidad idéntica a la del hueso adyacente sugieren un hueso sesamoideo, no un cuerpo extraño.

 

 Fuente AFP.

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sábado, 10 de octubre de 2026

Un niño de 4 ños con fatiga, alteraciones del equilibrio y caídas frecuentes

 Un niño de 4 años acudió a este hospital debido a fatiga y caídas frecuentes.

El paciente había gozado de buena salud hasta 30 meses antes de la consulta actual, momento en que sus padres notaron que tropezaba al caminar y parecía tener problemas de equilibrio. Durante la lactancia, logró sentarse sin ayuda pero nunca gateó; en su lugar, se desplazaba arrastrándose por el suelo. Comenzó a caminar de forma independiente a los 13 meses de edad, pero sufría caídas constantes; a menudo extendía los brazos para amortiguar el impacto antes de llegar al suelo. Tras caerse, no podía levantarse utilizando las piernas, sino que se impulsaba con las manos. Caminaba frecuentemente de puntillas, y sus padres observaron que utilizaba los músculos de las pantorrillas para compensar la debilidad en la musculatura del tronco y la cadera. El paciente fue derivado a fisioterapia y terapia ocupacional. Debido a la pandemia de enfermedad por coronavirus 2019 (Covid-19), se suspendieron las sesiones presenciales y comenzó a asistir a sesiones virtuales desde su domicilio.

Dieciocho meses antes de la consulta actual, el paciente sufrió una caída en casa y comenzó a cojear, cargando menos peso sobre la pierna izquierda. Fue evaluado por su pediatra de atención primaria en una clínica afiliada a este hospital, donde se le realizaron radiografías de las piernas y los pies.

Las radiografías de las piernas (figs. 1A y 1B) y de los pies no mostraron signos de fractura ni luxación. La mineralización ósea y los tejidos blandos presentaban un aspecto normal. En la proyección anteroposterior (fig. 1C) se identificó una zona de radiolucidez redondeada y bien definida en la metáfisis medial del fémur distal derecho, la cual correspondía a una pequeña zona de radiolucidez en la cortical posterior observada en la proyección lateral (fig. 1D).

Basándose en los hallazgos radiográficos, se evaluó a la paciente en la clínica de ortopedia de este hospital. La exploración física reveló una marcha con los pies dirigidos hacia adentro, con arcos de movilidad activa y pasiva normales en caderas, rodillas y tobillos. Las maniobras de Barlow y Ortolani, utilizadas para detectar inestabilidad o luxación de cadera, arrojaron resultados negativos. No se observó atrofia muscular ni debilidad motora en ninguna de las piernas. La lesión ósea era compatible con un fibroma no osificante y se recomendó continuar con la fisioterapia. La cojera se resolvió espontáneamente en el plazo de una semana.

 


Figura 1. Figura 1. Radiografías de las piernas.

Se obtuvieron radiografías de las piernas 18 meses antes de la presentación actual. Las radiografías anteroposteriores (paneles A y B) no muestran fracturas ni luxaciones. Las vistas anteroposterior y lateral ampliadas de la porción distal del fémur derecho (paneles C y D, respectivamente) muestran una pequeña zona de radiolucidez redondeada con un borde esclerótico en la metáfisis posteromedial (flechas). Una radiografía anteroposterior de control de la rodilla derecha, obtenida 15 meses después del episodio de cojera (panel E), muestra la resolución de la lesión.

 

En la consulta actual en la clínica pediátrica, los padres del paciente informaron que este sufría caídas frecuentes a pesar de recibir fisioterapia, lo que los había llevado a comprarle un casco blando para protegerle la cabeza. Asimismo, señalaron que no subía las escaleras alternando los pies. Al correr, balanceaba los brazos y las caderas de forma exagerada y se desplazaba mucho más despacio que los demás niños de la escuela. Los padres observaron que el paciente parecía fatigarse considerablemente; se agotaba tras dos horas de juego con otros niños y a menudo necesitaba que lo subieran en brazos por las escaleras al final del día o antes de su siesta habitual. El fisioterapeuta del paciente informó de la presencia de debilidad en caderas, muslos y pantorrillas durante el ejercicio, asociada a una fatiga marcada.

En la exploración, la temperatura oral era de 37 °C, la presión arterial de 88/49 mmHg, la frecuencia cardíaca de 95 latidos por minuto, la frecuencia respiratoria de 16 respiraciones por minuto y la saturación de oxígeno del 97 % respirando aire ambiente. El abdomen estaba blando, no distendido y sin dolor a la palpación, sin organomegalia. La exploración neurológica mostró una función cerebelosa y unos reflejos normales, una función simétrica de los pares craneales y ausencia de déficits sensitivos. El paciente era capaz de saltar con ambas piernas, aunque con gran esfuerzo, pero no podía mantenerse en equilibrio sobre una sola pierna. La evaluación de la marcha reveló una marcha de puntillas con una leve marcha de pato al aumentar la velocidad. Se observó una hipertrofia leve en las pantorrillas y los deltoides.

El paciente no tomaba medicación alguna y tenía al día todas las vacunas infantiles sistemáticas. La anamnesis por aparatos y sistemas fue negativa para fiebre, dolor muscular, orina oscura, cojera, ictericia, falta de apetito, dolor abdominal, pérdida de peso, sudoración nocturna, erupciones cutáneas y entumecimiento u hormigueo. No presentaba reacciones adversas conocidas a medicamentos. El paciente había nacido a término mediante parto vaginal sin complicaciones, y no se produjeron complicaciones perinatales. Asistía a preescolar y otros aspectos del desarrollo, como el lenguaje y el aprendizaje, habían sido normales. Vivía en una zona suburbana de Massachusetts con sus padres y dos hermanas, y no tenía mascotas. Sus antecedentes familiares eran negativos para trastornos neurológicos y musculares.

Los niveles de electrolitos en sangre eran normales y el nivel de creatinina en sangre era bajo (0,20 mg por decilitro [18 μmol por litro]; rango de referencia: 0,30 a 1,00 mg por decilitro [27 a 88 μmol por litro]), con un nivel normal de nitrógeno ureico. El hemograma completo era normal. Los niveles de aspartato aminotransferasa (AST; 423 U por litro; rango de referencia: 10 a 40) y alanina aminotransferasa (ALT; 588 U por litro; rango de referencia: 10 a 50) estaban elevados, mientras que los niveles de albúmina, bilirrubina, fosfatasa alcalina y gamma-glutamiltransferasa eran normales. Los resultados completos de las pruebas de laboratorio se muestran en la Tabla 1.

 


Tabla 1.

Se realizó una prueba diagnóstica.

 

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL

Este niño de 4 años acudió a su pediatra presentando falta de equilibrio y caídas frecuentes, fatiga muscular proximal y retraso en la motricidad gruesa. Sus padres a menudo lo llevaban en brazos al final del día debido a su fatiga y se vieron obligados a comprarle un casco, dadas sus frecuentes caídas. La exploración física reveló marcha de puntillas, marcha anadeante, hipertrofia de pantorrillas y deltoides, debilidad en cadera y muslos, e incapacidad para mantenerse de pie sobre una sola pierna. Por lo demás, la función cerebelosa, la función de los pares craneales y los reflejos osteotendinosos eran normales. Los análisis de laboratorio revelaron niveles marcadamente elevados de AST y ALT, así como un nivel bajo de creatinina, a pesar de presentar niveles normales de bilirrubina y albúmina. Basándome en estos hallazgos, abordaré el diagnóstico diferencial considerando primero las categorías de enfermedades que pueden causar fatiga y retraso motor en un niño de esta edad y, posteriormente, centrándome en las características que ayuden a acotar la lista de posibles diagnósticos.

 

Causas de caídas frecuentes y fatiga

El diagnóstico diferencial de la fatiga y las caídas en un niño pequeño abarca múltiples sistemas orgánicos. Muchas afecciones, como los trastornos hematológicos y cardiopulmonares, pueden descartarse fácilmente en este paciente mediante la revisión de sus síntomas, la duración de la enfermedad y los datos de laboratorio.

Las cardiopatías que provocan caídas, como la miocardiopatía y las cardiopatías congénitas, se manifiestan con intolerancia al ejercicio y fatiga; sin embargo, los padres del paciente no refirieron disnea y no se detectaron cianosis ni soplos. El paciente presentaba una saturación de oxígeno y un crecimiento normales, lo que hacía improbable una causa cardíaca primaria.

Cabe esperar que las causas respiratorias de fatiga produzcan disnea de esfuerzo o hallazgos pulmonares anómalos; sin embargo, ninguno de estos signos estaba presente en este paciente. Las causas infecciosas, como la miositis viral, pueden provocar debilidad muscular transitoria y niveles elevados de AST y ALT, pero su inicio suele ser repentino y no se desarrollarían a lo largo de un periodo de 30 meses. Las causas hematológicas, incluida la anemia, se descartaron basándose en un hemograma completo normal. Los niveles normales de electrolitos y la curva de crecimiento también sugieren que no se trata de un trastorno metabólico primario.

 

Enfermedad neurológica

En este paciente deben considerarse causas neurológicas del retraso en la motricidad gruesa y de las caídas. La parálisis cerebral —un trastorno no progresivo del movimiento y la postura causado por una lesión en el sistema nervioso central— puede manifestarse con retraso motor y marcha anómala durante la primera infancia; no obstante, este paciente no presentó anomalías aparentes durante ese periodo y logró caminar de forma independiente a los 13 meses de edad. Asimismo, cabría esperar que las personas con parálisis cerebral presentaran signos de afectación de la neurona motora superior, como espasticidad, hiperreflexia o reflejos patológicos, ninguno de los cuales se observó en este paciente.

La atrofia muscular espinal provoca debilidad muscular proximal progresiva e hipotonía. Sin embargo, se caracteriza por un patrón de anomalías propio de la neurona motora inferior, con ausencia de reflejos y presencia de fasciculaciones, características que no se describieron en este paciente.

Las neuropatías periféricas, como la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, pueden causar anomalías en la marcha y debilidad muscular distal, pero no producirían debilidad muscular predominantemente proximal ni seudohipertrofia. El examen neurológico normal del paciente —salvo por los hallazgos musculares— hace improbable la existencia de un trastorno neurológico primario; no obstante, esto no descarta afecciones que afecten directamente al músculo.

 

Enfermedad mitocondrial

Dada la afectación multisistémica, el retraso motor, la fatiga y los niveles elevados de AST y ALT, se debe considerar la enfermedad mitocondrial. Los trastornos mitocondriales constituyen un grupo heterogéneo de afecciones genéticas que afectan a la fosforilación oxidativa, a la homeostasis del calcio y a la regulación apoptótica, procesos mediados por el ADN mitocondrial y nuclear.

Afectan característicamente a tejidos con altas demandas energéticas, como el cerebro, el músculo esquelético y el hígado. Las manifestaciones incluyen miopatía, intolerancia al ejercicio, retraso del neurodesarrollo y disfunción hepática, todas presentes en este paciente en diversos grados.

En niños en edad preescolar, los trastornos mitocondriales más reconocidos son el síndrome de Pearson, el síndrome de Leigh y el síndrome de Alpers.1 El síndrome de Pearson se caracteriza por insuficiencia de la médula ósea e insuficiencia pancreática exocrina; sin embargo, en este paciente, el hemograma completo y el crecimiento eran normales, y no presentaba síntomas gastrointestinales. Las características del síndrome de Leigh incluyen encefalopatía mitocondrial progresiva con regresión del desarrollo, que se desencadena característicamente por una enfermedad febril; este paciente no mostró signos de encefalopatía ni deterioro episódico relacionados con la enfermedad. El síndrome de Alpers se manifiesta con convulsiones refractarias e insuficiencia hepática progresiva; si bien los niveles de AST y ALT de este paciente estaban elevados, no presentó convulsiones ni disfunción hepática progresiva. La ausencia de estas características definitorias hace improbable un síndrome mitocondrial primario, aunque sus niveles anormales de AST y ALT justifican una evaluación adicional.

 

Enfermedad hepática

La combinación de niveles elevados de AST y ALT con niveles normales de fosfatasa alcalina, γ-glutamiltransferasa, bilirrubina y albúmina puede ser compatible con una lesión hepatocelular, que generalmente resulta en niveles de ALT superiores a los de AST. Aunque este patrón se observó en este paciente, la ausencia de hepatomegalia, ictericia, coagulopatía, hipoalbuminemia e hiperbilirrubinemia contradice fuertemente la presencia de enfermedad hepática manifiesta. Los niveles normales de fosfatasa alcalina y γ-glutamiltransferasa, ambas producidas principalmente por los colangiocitos, reducen aún más la probabilidad de un proceso biliar o colestásico.

Si bien el hígado produce la mayor concentración de AST por gramo de tejido, la AST también es abundante en el músculo cardíaco, el músculo esquelético, el cerebro, los riñones y los glóbulos rojos. Dada la presentación de este paciente, caracterizada por caídas, debilidad muscular y hallazgos prominentes en la exploración física, los niveles elevados de AST y ALT son más probablemente un reflejo de una lesión muscular esquelética que de una enfermedad hepatocelular. Esta distinción es crucial para el siguiente paso de la evaluación.

 

Enfermedad musculoesquelética y distrofia muscular

El conjunto de hallazgos —que incluye debilidad muscular proximal que afecta predominantemente a las caderas y los muslos, agrandamiento de las pantorrillas y los deltoides, alteraciones de la marcha, retraso motor grueso, niveles elevados de AST y ALT sin disfunción sintética hepática y el patrón de uso de los brazos para levantarse del suelo— apunta claramente a una enfermedad muscular primaria, como una distrofia muscular. Existen nueve distrofias musculares reconocidas, que varían según la edad de inicio y la distribución de la afectación muscular. La distrofia muscular de Duchenne (DMD) y la distrofia muscular de Becker (BMD) comparten una predilección por los músculos proximales de los brazos y las piernas. Los pacientes con DMD suelen presentar, clásicamente entre los 2 y los 6 años de edad, debilidad muscular proximal simétrica y caídas frecuentes, junto con pseudohipertrofia de las pantorrillas, una afección producida por la sustitución de fibras musculares por grasa y tejido conectivo, que no refleja un verdadero aumento de tamaño muscular. Los pacientes con BMD presentan un patrón de enfermedad similar, aunque el inicio suele producirse en la adolescencia o la edad adulta temprana, y el curso clínico es más leve. La distrofia muscular de cinturas afecta a las cinturas pélvica y escapular, y puede desarrollarse en la infancia tardía; la presentación de este paciente fue más temprana y más grave que la que se observa habitualmente en pacientes con esta enfermedad. La distrofia muscular facioescapulohumeral afecta característicamente a los músculos faciales y del hombro, que no se vieron afectados en este paciente. La distrofia muscular congénita es clínicamente evidente desde el nacimiento y afecta a casi todos los músculos. Entre las distrofias musculares discutidas, la DMD es la máscompatible con la presentación de este paciente.

 

Un signo sutil pero revelador

La historia clínica del paciente incluía un detalle crítico pero sutil: en sus primeros años de vida, se observó que el paciente presentaba impulsarse hacia arriba con las manos tras caerse, dado que no podía levantarse usando solo las piernas. Entre los 18 meses y los 2 años de edad, se observó una creciente falta de equilibrio y tendencia a tropezar, aunque la evaluación fue limitada debido a la atención virtual durante la pandemia de COVID-19. El desarrollo normal de la marcha evoluciona desde una marcha de base amplia y rotación externa, con los brazos en posición de «guardia alta» entre los 12 y 14 meses, hasta el contacto inicial con el talón y el balanceo recíproco de los brazos entre los 15 y 18 meses, pasando por la carrera a los 2 años, hasta alcanzar un patrón de marcha maduro que incluye el uso alterno de los pies en las escaleras a los 3 años. La marcha de pato persistente, la marcha con los pies hacia adentro, la lordosis lumbar y la incapacidad para alternar los pies al subir escaleras más allá de los 3 años son signos de alerta de enfermedad neuromuscular; muchas de estas manifestaciones estaban presentes en este paciente.

La necesidad del paciente de impulsarse desde el suelo usando los brazos es compatible con el signo de Gowers. Esta maniobra, descrita por primera vez por el neurólogo Sir William Richard Gowers en 1879, refleja debilidad en la cintura pélvica y en los músculos proximales de las piernas. El signo de Gowers se asocia con un espectro de características que a veces incluyen el apoyo de una o ambas manos sobre los muslos al levantarse del suelo; su gravedad puede clasificarse mediante una escala validada.2 El signo de Gowers suele considerarse patognomónico de la DMD, aunque se ha asociado con al menos otras 12 afecciones neuromusculares.

En el caso de un niño con debilidad muscular proximal, pseudohipertrofia, signo de Gowers y niveles elevados de AST y ALT sin enfermedad hepática, las guías sugieren iniciar una evaluación para detectar DMD. Una prueba inicial adecuada sería lamedición de los niveles sanguíneos de creatina-quinasa.3. En pacientes con DMD, el nivel de creatina-quinasa está marcadamente elevado, lo que refleja una lesión continua del sarcolema y necrosis de las fibras musculares.

 

DIAGNÓSTICO PRESUNTIVO

Distrofia muscular de Duchenne.

 

PRUEBAS DIAGNÓSTICAS

El nivel de creatina-quinasa del paciente estaba marcadamente elevado (>19.000 U por litro; intervalo de referencia: 39 a 308). En ausencia de una función hepática anómala, el nivel elevado de creatina cinasa concuerda con los niveles elevados de AST y ALT.4 Una liberación masiva de enzimas musculares —que típicamente da lugar a niveles entre 50 y 100 veces superiores al límite superior del intervalo de referencia— confirma la permea-bilidad del sarcolema y respalda firmemente el diagnóstico de DMD. El diagnóstico de DMD se confirmó mediante un análisis genético posterior de la muestra de sangre del paciente, en el que se detectó la variante c.745C→T (p.Gln249Ter) en el exón 8 del gen de la distrofina.

 

DIAGNÓSTICO DE LABORATORIO Y GENÉTICO

Distrofia muscular de Duchenne.

 

ANÁLISIS DEL MANEJO CLÍNICO

La DMD es la distrofia muscular infantil más frecuente, con una prevalencia estimada de 1 caso por cada 5000 niños varones de entre 5 y 9 años de edad.5 Se trata de un trastorno degenerativo recesivo ligado al sexo, causado por variaciones en el gen de la distrofina que provocan una deficiencia de esta proteína —una proteína del sarcolema fundamental para la integridad estructural del músculo esquelético y cardíaco—.6 Los efectos de la deficiencia de distrofina en el músculo esquelético, cardíaco y liso, así como en el cerebro, se manifiestan en diversos sistemas orgánicos (fig. 2).

 


Figura 2. Hallazgos multisistémicos en pacientes con distrofia muscular de Duchenne.

Las consecuencias clínicas y las manifestaciones de la variante genética se observan principalmente en sistemas orgánicos que expresan grandes cantidades de distrofina, incluidos el músculo esquelético y cardíaco, el músculo liso gastrointestinal y el sistema nervioso central.

 

Sin tratamiento, la DMD se caracteriza por una debilidad y una disfunción motora progresivas que comienzan en la primera infancia, con la pérdida de la capacidad de deambulación entre los 7 y los 13 años de edad, el desarrollo de escoliosis al inicio de la adolescencia y una muerte prematura —que suele ocurrir a principios de la veintena— como consecuencia de una insuficiencia cardiorrespiratoria progresiva.7 Ante la falta de un tratamiento curativo para la DMD, la terapia con glucocorticoides sigue siendo el pilar del tratamiento, con el objetivo de estabilizar la función muscular y ralentizar la progresión de la enfermedad.8,9 Un programa de atención interdisciplinaria integral —que incluya un manejo médico, quirúrgico y rehabilitador centrado en el paciente para abordar las manifestaciones musculares y extramusculares de la enfermedad, así como el control de los efectos secundarios de la terapia— puede mejorar los resultados, la calidad de vida y la supervivencia.10,11 Estos equipos de atención integral suelen incluir neurólogos, fisioterapeutas, cardiólogos pediátricos, neumólogos, dietistas y endocrinólogos pediátricos.

En este paciente, se inició tratamiento con glucocorticoides (deflazacort) en el momento del diagnóstico para ralentizar la progresión de la disfunción motora y cardiopulmonar y mitigar el desarrollo de escoliosis; asimismo, se añadió lisinopril a dosis bajas para la cardioprotección, dado el riesgo de miocardiopatía asociada a la DMD. Además, se prescribió un programa diario de estiramientos en casa y el uso nocturno de férulas de tobillo para mantener el rango de movimiento y prevenir la aparición de contracturas.

La vigilancia pulmonar anual, mediante pruebas de función pulmonar y ejercicios diarios de control de la respiración, suele comenzar entre los 5 y los 7 años de edad. El crecimiento y las necesidades nutricionales se monitorizan de forma longitudinal, recomendándose una ingesta diaria de proteínas de 1,5 g por kilogramo de peso corporal, dado el aumento del catabolismo proteico; también se aconseja minimizar la ingesta excesiva de sodio y carbohidratos.12-14

Es fundamental contar con un enfoque multidisciplinario para vigilar la salud nutricional y ósea, dado el riesgo de osteoporosis y fracturas asociado al tratamiento prolongado con glucocorticoides, siendo importante asegurar una ingesta adecuada de calcio y vitamina D. La densidad ósea se monitoriza mediante exploraciones anuales de absorciometría de rayos X de energía dual (DXA), detección de fracturas por compresión vertebral y evaluación de la hipercalciuria. También está indicada la detección de estreñimiento en pacientes con DMD, dado que este es una manifestación extramuscular frecuente de la enfermedad asociada a un riesgo de complicaciones graves en pacientes de mayor edad.15

Los síntomas del neurodesarrollo, así como los emocionales y conductuales, también son frecuentes en pacientes con DMD16; tales síntomas pueden afectar considerablemente la salud psicosocial del paciente en el hogar, la escuela y la comunidad. Las evaluaciones neuropsiquiátricas permiten elaborar planes de tratamiento psicosocial integral que pueden ayudar a mitigar estas afecciones. Por último, los enfoques centrados en la familia garantizan que se aborden los aspectos más amplios de las necesidades tanto del paciente como de su familia, ayudando a esta última a afrontar la carga y las consecuencias del diagnóstico.

Tras dos décadas de ensayos clínicos para investigar tratamientos para pacientes con DMD, han surgido varios enfoques terapéuticos más recientes que se encuentran en diversas etapas de aprobación en Estados Unidos y Europa. Estos enfoques incluyen estrategias específicas para variantes genéticas —como el salto de exón o la lectura de codones de terminación prematura (*nonsense readthrough*), según la variante—, así como estrategias no específicas para variantes, tales como la transferencia del gen de la microdistrofina, nuevos glucocorticoides disociados e inhibidores de la histona desacetilasa. Estos nuevos agentes terapéuticos aún no han logrado cambios transformadores importantes en la evolución de la enfermedad; se requieren más ensayos clínicos para desarrollar terapias génicas de segunda generación más eficaces que aborden la deficiencia de distrofina, terapias mediadas por moléculas pequeñas para mejorar la reparación muscular y terapias celulares para regenerar el músculo. Actualmente, este paciente participa en el ensayo Lynx EDG-5506 (número en ClinicalTrials.gov: NCT05540860), un estudio de fase 2 en el que se evalúa el fármaco oral sevasemten en niños con DMD.

 

SEGUIMIENTO

El paciente respondió al tratamiento con deflazacort; en la visita de seguimiento a los 6 meses, presentaba signos clínicos de mejoría en la función motora. Todos los parámetros de función motora habían mejorado y había adquirido nuevas habilidades motoras, incluida la capacidad de pasar de una posición sentada en el suelo a la bipedestación «sin usar las manos». sin apoyarse en el suelo ni en los muslos para incorporarse, así como la capacidad de saltar a la pata coja. La ecocardiografía transtorácica mostró una función ventricular izquierda normal, sin signos de miocardiopatía, y no hubo evidencia de anomalías pulmonares.

El paciente ha presentado algunos efectos secundarios asociados a 3 años de tratamiento diario con deflazacort, como aumento de peso y enlentecimiento del crecimiento en estatura. Presenta una leve plenitud facial y ningún signo de fracturas por compresión vertebral ni de disminución de la densidad ósea en los estudios DXA. Una evaluación neuropsicológica realizada a los 6 años y 3 meses de edad identificó áreas que requerían seguimiento y apoyo: trastornos del aprendizaje de lectura y matemáticas, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, trastorno de ansiedad generalizada y trastorno obsesivo-compulsivo. A pesar de estas afecciones, el paciente tiene un buen rendimiento escolar y cuenta con un sólido sistema de apoyo. El cribado de portadores genéticos en la madre y las dos hermanas del paciente resultó negativo, lo que sugería un riesgo reducido de miocardiopatía por DMD para los familiares.

Pregunta de un médico: ¿Se identificó la causa de la zona de radiolucidez ósea?

Respuesta: Las radiografías de seguimiento realizadas 15 meses después del episodio de cojera mostraron la resolución completa de la radiolucidez (Fig. 1E). Dada su localización característica y su desaparición gradual, el hallazgo es compatible con una irregularidad cortical femoral distal (también conocida como desmoide cortical), una entidad benigna y autolimitada asociada a estrés repetitivo en la inserción del músculo gastrocnemio o del aductor mayor.17

 

DIAGNÓSTICO FINAL

Distrofia muscular de Duchenne

 

Traducido de:

“A 4-Year-Old Boy with Fatigue, Imbalance, and Frequent Falls”

Authors: Alexy D. Arauz Boudreau, M.D., M.P.H., Hee Mang Yoon, M.D., Ph.D., and Brenda L. Wong, M.B., B.S.Author Info & Affiliations. Published September 23, 2026. N Engl J Med 2026;395:1219-1227 DOI: 10.1056/NEJMcpc2603181 VOL. 395 NO. 12

 

https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMcpc2603181?query=featured_secondary_home

 

 

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J Roentgenol 2011; 196: 424-8.

 

 

viernes, 9 de octubre de 2026

Casos Clínicos: Varón de 65 años con rash cutáneo gereralizado y pérdida ponderal

 

Un colega envió estas imágenes con el siguiente texto:

Paciente que luego de esfuerzo presentó dolor intercostal intenso que aumentaba en reposo. Fue internado en hospital y se interpretó como polimialgia reumática (PMR), y tratado con esteroides con RESPUESTA POBRE.

El paciente siempre presentó disforia.

Al examen físico no impresiona fascitis ni otro síndrome esclerodermiforme.

Fue dado de alta con pérdida de peso de 14 kg

Evolucionó con estas lesiones que sí mejoraron con esteroides

Mucho prurito

Leucocitosis, ERS Y PCR elevadas. FAN-, ANCA -, anti proteinasa (-), anti MPO(-), enzimas musculares normales.  Compromiso sinusal (símil sinusitis crónica) TAC de abdomen tórax y pelvis normales

Se tomaron biopsias cutáneas de las lesiones más recientes identificables

Se asoció metotrexate y aumentó las transaminasas x10. La CPK fue normal. ·

Con los datos de la biopsia es importante comentar que los anticuerpos ANCA fueron negativos, MPO Y PR3 negativos, FAN negativo. La CPK fue normal. No tiene compromiso pulmonar en la TAC de tórax. Solo una adenomegalia retrocavo- pretraqueal. Creo que es necesario resaltar la disfonía que presenta el paciente. Tiene pendiente una fibrolaringoscopía donde se le pidió a ORL observar si hay estenosis subglotica.

 











Opinión:
Este paciente comenzó según la historia con dolor intercostal intenso después de un esfuerzo lo que hace sospechar algún desgarro del músculo intercostal o bien una fractura de costilla. Hasta ese momento no presentaba lesiones en piel. Llamativamente se lo interpretó como polimialgia reumática ya que no consta en la historia, síntomas de rigidez o envaramiento predominantemente matutino o después del reposo, en cinturas escapular o pelviana como clásicamente se manifiesta la PM. Fue tratado con corticosteroide (no sabemos la dosis, aunque seguramente 20 mg o menos de prednisona o equivalentes, ya que esa es la dosis inicial aconsejada en PM), y no sabemos si además de los esteroides, recibió algún otro fármaco (AINE?), ya que de lo que se quejaba el era de dolor intercostal.  Existe un dato preocupante que es la intensa pérdida ponderal en el contexto de “disforia”. La historia no habla de astenia ni de síndrome de impregnación sino de disforia (síndrome depresivo?). En este contexto, aparecen estas lesiones dermatológicas y por eso es muy importante saber qué fármacos aparte de los corticoides recibió, dado que una farmacodermia con evolución eritrodérmica es una probabilidad diagnóstica (si no consideramos lo que mostró la biopsia). De paso, estas lesiones, que eran muy pruriginosas mejoraron con corticoides.

Las lesiones de piel, además de difusas tienen diferente aspecto según las zonas. En la región dorsal y anterior del tórax y lumbar impresiona como eritema difuso como se puede ver en eritrodermias (dermatitis exfoliativas), en los muslos impresiona como un petequiado hemorrágico centrofolicular, que a proximal se hace confluente (como suele verse en escorbuto), pero en la rodilla y dorso de manos impresionan como lesiones eritematoescamosas o infiltrativas, (mirado aisladamente ambas rodillas y dorso de manos impresionan como placas psoriáticas o inclusive linfomas cutáneos, o el Gotron de la dermatomiositis, o aun las lesiones de la dermatitis neutrofílica de Sweet)

En cuanto a los diagnósticos diferenciales me cuesta establecer un orden de prioridades acuerdo a lo que tenemos hasta ahora, pero, por ejemplo, la ausencia de elevación de enzimas musculares, así como la ausencia de pérdida de fuerzas aleja mucho la probabilidad de miopatías inflamatorias como dermatomiositis (quedaría la posibilidad de dermatomiositis amiopática que es rara y además la biopsia no mostró los hallazgos típicos). De ahí la importancia de saber de dónde fueron obtenidas las muestras y en lo posible tomarlas en dos o más sitios diferentes. La negatividad de los ANCA, anti proteinasa (-), y anti MPO(-), aleja mucho las probabilidad de granulomatosis con poliangeítis y de la granulomatosis eosinofílica con poliangeítis, y es tal la importancia de estos anticuerpos en la generación de hipótesis diagnósticas en este paciente, que se podría plantear la repetición de los estudios, asegurándose obviamente de ser realizados por un laboratorio con experiencia en vasculitis, colagenopatías y enfermedades autoinmunes. Sobre todo porque este paciente tiene afectación de vías aéreas con sinusitis crónica y disfonía. Por eso también va a ser muy importante la fibrolaringoscopía en busca de lesiones mucosas biopsiables que puedan mostrar granulomas, así como lesiones sugestivas de vasculitis por ANCA como la estenosis subglótica, región que hay que explorar en la fibrolaringoscopía.

En resumen, creo que reevaluaría al paciente, solicitaría repetición de los marcadores como dijimos, y aun repetiría las biopsias tomando diversos sitios y biopsias profundas con inmunohistoquímica, Obviamente solicitaría VIH que seguramente lo tiene y es negativo. Me gustaría saber cómo está el hemograma y sobre todo un frotis por hematología (buscando células de Sézari dado el infiltrado linfomonocitarios en la dermis), y esperaría el resultado de la evaluación endoscópica de la VAS.  Revisaría exhaustivamente todos los medicamentos utilizados dado la probabilidad de una farmacodermia grave por hipersensibilidad

jueves, 8 de octubre de 2026

Casos Clínicos: Varón de 33 años con convulsión tónico clónica generalizada y lesión ocupante de espacio cerebral

 


Un colega, residente de anestesiología envió estas imágenes con el siguiente texto:

 

Paciente varón de 33 años presentó su primer episodio de convulsión tónico-clónica generalizada no provocada mientras descansaba en casa, presenciada por su esposa, sin confusión postictal, dolor de cabeza ni debilidad.

Mientras descansaba en casa, la esposa escuchó un fuerte ruido y lo vio en el suelo con los globos oculares en blanco, rigidez y movimientos clónicos en las extremidades superiores e inferiores que duraron 3 minutos. Presentaba espuma en la boca e incontinencia urinaria y fecal. Abrió los ojos repentinamente y le preguntó a su esposa sobre el incidente. El paciente no era consciente del suceso. Negó tener dolor de cabeza, vómitos o debilidad focal.

No tenía antecedentes de convulsiones, ni antecedentes de convulsiones en la infancia ni convulsiones febriles. Examen

físico: afebril. PA: 120/76 mmHg. FC: 72 lpm.

¿DIAGNÓSTICO Y PLAN DE TRATAMIENTO?








Opinión: Lo que se observa en las imágenes es una lesión hipodensa ocupante de espacio, cercana a la línea media en el hemisferio izquierdo en la región frontal o frontoparietal. Hay desviación de la línea media con intenso edema vasogénico lo que habla de algún grado de hipertensión endocraneana. Es raro que el paciente no se queje de síntomas de hipertensión endocraneana como por ejemplo cefalea. Cuando se aplica contraste al estudio puede verse vascularización periférica de la LOE. Los diagnósticos diferenciales son los procesos neoplásicos primarios (GLIOMAS) en primer lugar. De todas maneras, no sacaría mayores conclusiones antes de tener imágenes de RMN que permitirán sacar conclusiones sobre la verdadera extensión de la masa, constitución, otras lesiones no visibles con la TC etc, así como estudios de laboratorio  que incluyan serología para VIH, función renal, hepática etc. Obviamente una cuidadosa historia clínica que tenga en cuenta los antecedentes del paciente. Una TC de cabeza y cuello, tórax, abdomen y pelvis para descartar una neoplasia que sea causa de metástasis cerebral.

En cuanto a la conducta, creo que además de solicitar una consulta con neurocirugía para planear el approach diagnóstico y terapéutico de la lesión, que puede requerir biopsia o cirugía resectiva de la lesión de acuerdo a los resultados obtenidos de los estudios,  comenzaría con anticomiciales, dado que aunque es primer episodio convulsivo, existe una masa como causa de la misma (convulsión sintomática, por lo que es de esperar que repita el episodio si no media tratamiento), y discutiría la utilización de corticosteroides a dosis antiedematosas dado el aparente edema vasogénico circundante a la lesión. Otros diagnósticos como malformaciones arteriovenosas, absceso, procesos desmielinizantes (esclerosis múltiple tumefactiva) etc, pueden eventualmente ser considerados. Su estado VIH va a ser importante para considerar algunas otras etiologías asociadas al inmunocompromiso como toxoplasmosis, linfomas primarios del SNC etc.