miércoles, 5 de agosto de 2026

Varón de 28 años con cefalea y pérdida de visión en ojo derecho

Un hombre de 28 años ingresó en este hospital por dolor de cabeza y pérdida de visión en el ojo derecho.

El paciente se encontraba en su estado de salud habitual hasta dos semanas antes del ingreso actual, cuando desarrolló dolor de garganta e hinchazón facial en el lado derecho, que afectaba al pliegue nasolabial, la mejilla y el párpado inferior. Los resultados de las pruebas fueron compatibles con una infección estreptocócica, por lo que se inició tratamiento con amoxicilina. Tanto el dolor de garganta como la hinchazón facial desaparecieron.

Siete días antes del ingreso actual, tras levantar bruscamente un objeto muy pesado en el trabajo, notó moscas volantes y destellos en el ojo derecho. También presentaba dolor de cuello, cefalea frontal derecha y dolor retroorbitario derecho que empeoraba con el movimiento ocular. Durante la semana siguiente, el paciente notó una pérdida progresiva de visión en el ojo derecho. La noche anterior a su ingreso actual, fue evaluado en el servicio de urgencias de un hospital afiliado especializado en oftalmología.

La temperatura temporal era de 36,3 °C, la frecuencia cardíaca de 73 latidos por minuto, la presión arterial de 126/80 mm Hg y la saturación de oxígeno del 100 % mientras el paciente respiraba aire ambiente. La agudeza visual era de 20/20 en el ojo izquierdo y de 20/250 en el ojo derecho. En la prueba de Ishihara, no identificó correctamente ninguna de las ocho láminas de color con el ojo derecho, mientras que identificó correctamente las ocho láminas de color con el ojo izquierdo. Las pupilas eran iguales, redondas y reactivas a la luz, con un defecto pupilar aferente relativo en el ojo derecho. En la prueba de confrontación, se detectó una deficiencia parcial en el campo visual nasal inferior del ojo derecho. La perimetría automatizada reveló una pérdida generalizada grave del campo visual en el ojo derecho, con hallazgos normales en el ojo izquierdo. La presión intraocular fue de 9 mm Hg (rango de   referencia, 10 a 21) en ambos ojos.

El examen con lámpara de hendidura de los ojos mostró un leve eritema periorbitario en el ojo derecho, córneas transparentes y anexos oculares, conjuntivas y escleróticas normales. Las cámaras anteriores, los iris, los cristalinos y los cuerpos vítreos eran normales en ambos ojos. El nervio óptico izquierdo era normal (Fig. 1A). El examen del nervio óptico derecho (Fig. 1B) mostró edema del disco óptico equivalente al grado 5 en la escala de Frisén (que va del grado 0 [normal, sin edema del disco óptico] al grado 5 [grave, edema circunferencial del disco óptico con oscurecimiento de todos los vasos, con presencia de líquido macular y subretiniano que se extendía circunferencialmente 1 diámetro de disco desde el disco óptico. Los vasos parecían normales en ambos ojos. Los movimientos extraoculares eran completos, sin dolor ni nistagmo. La tomografía de coherencia óptica mostró edema del disco óptico en el ojo derecho, junto con líquido subretiniano.

 


Figura 1. Fotografías iniciales del fondo de ojo.

En el momento de la presentación en el servicio de urgencias del otro hospital, la fotografía del fondo del ojo izquierdo (Panel A) no muestra anomalías, mientras que la fotografía del fondo del ojo derecho (Panel B) muestra edema de la papila óptica con hemorragias (flecha negra) y hemorragias periféricas (flecha azul).

 

Se realizó una resonancia magnética cerebral y orbital al ingreso en el servicio de urgencias del otro hospital.

Una imagen axial ponderada en T1 con supresión de grasa (Panel A), obtenida tras la administración de contraste, muestra un realce focal de la cabeza del nervio óptico derecho sin extensión al resto del nervio (flecha).

Una imagen coronal ponderada en T1 con contraste (Panel B) confirma que el realce se localiza en la unión del nervio óptico y el globo ocular (flecha).

 


Figura 2 A y B. Resonancia magnética cerebral y orbital

La resonancia magnética (RM) del cerebro y las órbitas (Fig. 2A y 2B), realizada con y sin la administración de contraste intravenoso, reveló engrosamiento de los tejidos blandos y realce aislado en el disco óptico derecho. En las imágenes ponderadas en T2, se observaron múltiples focos de hiperintensidad dentro de la sustancia blanca supratentorial, pero no se detectaron lesiones con realce. Se observó un engrosamiento mucoso importante en el seno maxilar derecho, sin extensión directa desde el seno hacia la órbita derecha. La angiorresonancia magnética craneal no mostró anomalías.

 

La tomografía computarizada (TC) facial reveló una zona de radiolucidez periapical asociada al primer molar y al segundo premolar superiores derechos, relacionada con la inflamación del seno maxilar derecho. No hubo evidencia de dehiscencia ósea en el suelo orbitario ni en otras paredes de la órbita que sugiriera una vía de extensión de la infección sinusal hacia la misma.

El especialista en otorrinolaringología realizó una endoscopia nasal, que mostró un meato medio derecho permeable y sin secreción purulenta visible. Se recomendó tratamiento antibiótico para una sinusitis maxilar de probable origen odontogénico, así como seguimiento por parte de un cirujano oral.

A la mañana siguiente, el paciente fue trasladado a este hospital e ingresado en el servicio de neurología. Refería cefalea persistente y alteraciones visuales acompañadas de fotofobia leve. No había presentado fiebre ni escalofríos. Sus antecedentes médicos incluían un episodio de meningitis en la infancia, apendicitis (tratada mediante apendicectomía) y heridas por arma de fuego que requirieron una colectomía parcial. El paciente también tenía antecedentes de consumo excesivo de alcohol, llegando a ingerir hasta una botella de licor al día; durante el último mes, había consumido aproximadamente una botella de vino diaria. No presentaba antecedentes de síndrome de abstinencia alcohólica. Fumaba marihuana a diario, pero no consumía otras sustancias. Trabajaba en la construcción y vivía en las afueras de Boston con su pareja, dos gatos adultos y un perro. Mantenía relaciones sexuales con hombres; refirió haber tenido dos parejas en los últimos 6 meses, con uso incompleto de métodos de barrera. No tomaba medicación alguna ni presentaba reacciones adversas conocidas a fármacos. No existían antecedentes familiares de problemas de visión. En la exploración, la temperatura temporal fue de 36,7 °C, la frecuencia cardíaca de 79 latidos por minuto, la presión arterial de 133/71 mmHg y la saturación de oxígeno del 99 % mientras el paciente respiraba aire ambiente. Presentaba buen estado general y se encontraba alerta y orientado; las evaluaciones de fuerza, sensibilidad, reflejos y función cerebelosa fueron normales. El cuello era flexible. No se observaron adenopatías cervicales, supraclaviculares ni axilares. Faltaban varias piezas dentales; no se observó candidiasis oral. Se observó una cicatriz abdominal en la línea media bien curada.

El resto de la exploración fue normal.

Los niveles sanguíneos de electrolitos, alanina aminotransferasa, aspartato aminotransferasa, bilirrubina, proteínas totales y albúmina fueron normales, al igual que el hemograma completo con fórmula leucocitaria y los resultados de las pruebas de función renal y coagulación. La velocidad de sedimentación globular fue de 33 mm por hora (intervalo de referencia: 0 a 14) y el nivel sanguíneo de proteína C reactiva fue de 7,1 mg por litro (valor de referencia: <8,0). Se obtuvieron muestras de sangre para cultivo. Las pruebas para la enfermedad de Lyme y la sífilis resultaron negativas. Una prueba rápida para el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) tipos 1 y 2 fue positiva. Se inició tratamiento con ceftriaxona, vancomicina, ampicilina y aciclovir por vía intravenosa.

El segundo día de hospitalización, el paciente refirió cefalea persistente y empeoramiento de la visión en el ojo derecho. Las pruebas de confirmación y diferenciación de anticuerpos contra el VIH resultaron positivas para el VIH tipo 1 (VIH-1); la carga viral de ARN del VIH era de 41.900 copias por mililitro y el recuento de linfocitos T CD4+ era de 315 por microlitro (rango de referencia: 523 a 1475). La agudeza visual en el ojo derecho era de 20/400 y el examen con lámpara de hendidura mostró edema persistente del disco óptico, equivalente al grado 5 de la escala de Frisén, con nuevas hemorragias papilares y peripapilares. Los intentos de realizar una punción lumbar para obtener una muestra de líquido cefalorraquídeo (LCR) no tuvieron éxito, por lo que se planificó una punción lumbar guiada por imagen.

Persistieron la cefalea y las alteraciones visuales. Al quinto día de hospitalización, se realizó una punción lumbar. El análisis del LCR reveló 17 eritrocitos por microlitro (rango de referencia: 0 a 5) y 235 células nucleadas por microlitro (rango de referencia: 0 a 5), ​​con un 87 % de linfocitos, 7 % de monocitos, 4 % de neutrófilos y 1 % de eosinófilos; la concentración de glucosa en el LCR era de 40 mg por decilitro (rango de referencia: 50 a 75) y la concentración de proteínas totales era de 98 mg por decilitro (rango de referencia: 5 a 55). La tinción de Gram, el cultivo bacteriano y el cultivo fúngico resultaron negativos, al igual que la prueba de antígeno de criptococo en LCR y las pruebas de amplificación de ácidos nucleicos para patógenos asociados a meningitis y encefalitis, incluidos los enterovirus y los virus del herpes simple tipos 1 y 2. Se suspendió la administración de ceftriaxona, vancomicina, ampicilina y aciclovir.

La TC de tórax, abdomen y pelvis, realizada tras la administración de contraste intravenoso, mostró adenopatías prominentes en las regiones axilar derecha (Fig. 2C), periportal y ganglios linfáticos retroperitoneales, junto con dos lesiones hipodensas mal definidas en el hígado; una lesión medía 2,2 cm de diámetro (figs. 2D y 2E) y la otra, 0,7 cm de diámetro. Se realizaron pruebas adicionales.



Figura 2 C,D y E. Imágenes de TC.

El quinto día de hospitalización se realizó una tomografía computarizada (TC) de tórax, abdomen y pelvis. Una TC de tórax en plano coronal (Panel C), obtenida tras la administración de contraste intravenoso, muestra linfadenopatía axilar presente predominantemente en el lado derecho (flecha). Las TC de abdomen con contraste en planos axial y coronal (Paneles D y E, respectivamente) muestran una lesión hipodensa mal definida en la periferia del segmento hepático 8 (flechas).

 

El sexto día de hospitalización se realizó una angiografía con fluoresceína (figs. 3A y 3B). Se observó una zona de extravasación en el ojo derecho. Un nuevo examen con lámpara de hendidura reveló células grado 1+ en la cámara anterior y el vítreo anterior derechos.

Las pruebas de anticuerpos contra la neuromielitis óptica y la acuaporina-4 resultaron negativas.

El décimo día de hospitalización, el examen con lámpara de hendidura mostró células escasas (grado traza) en la cámara anterior derecha y células grado 2+ en el vítreo anterior derecho. Las fotografías de campo amplio del fondo de ojo mostraron exudados amarillos con patrón radial que afectaban a la mácula y signos de crecimiento de nuevos vasos pequeños; estos hallazgos no se habían identificado en exámenes anteriores (fig. 3C).

 


Figura 3. Imágenes de angiografía con fluoresceína y fotografías de fondo de ojo de seguimiento.

Se realizó una angiografía con fluoresceína al sexto día de hospitalización. Una imagen angiográfica del ojo izquierdo (Panel A) muestra hallazgos normales. Una imagen angiográfica del ojo derecho (Panel B) muestra una fuga anómala en la papila óptica (flecha). Las fotografías de fondo de ojo del ojo derecho obtenidas al décimo día de hospitalización (Panel C) y 30 días después (Panel D) muestran edema de papila con hemorragias (flechas azules) y una estrella macular (flechas negras).

Se realizó una prueba diagnóstica y se estableció un diagnóstico.

 

Diagnóstico Diferencial

 Este hombre de 28 años, con infección por VIH-1 recién diagnosticada y antecedentes recientes de faringitis e inflamación facial, presentó pérdida de visión monocular de rápida progresión. En la exploración del ojo derecho, se detectó edema de la papila óptica con líquido subretiniano. Los hallazgos de imagen incluyeron realce de la papila óptica, sinusitis, lesiones hepáticas y linfadenopatía. El análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR) mostró pleocitosis linfocítica, niveles bajos de glucosa y niveles elevados de proteínas. Los hallazgos oftalmológicos evolucionaron en un periodo de 10 días e incluyeron células intraoculares, neovascularización de la papila óptica y exudados maculares.


LOCALIZACIÓN

Salvo raras excepciones,2,3 la pérdida de visión monocular se origina por cambios patológicos situados por delante del quiasma óptico. El defecto pupilar aferente en este paciente sugiere una disfunción, ya sea retiniana difusa o del nervio óptico. La presencia de edema y realce de la papila óptica sugiere neuropatía óptica. Para determinar el diagnóstico más probable en este paciente, consideraré las causas de neuropatía óptica que pueden manifestarse de forma súbita, asimétrica y con edema de la papila óptica clínicamente significativo.

 

Edema agudo y asimétrico de la papila óptica

Papiledema

El edema de la papila óptica causado por una presión intracraneal elevada se denomina papiledema y suele afectar a ambos ojos. Aunque es posible que exista un papiledema asimétrico, el grado de asimetría observado en este paciente resultaría atípico. Además, no se observaron signos radiológicos de presión intracraneal elevada, y el paciente no refirió síntomas clásicos de papiledema, como acúfenos pulsátiles, cefalea postural o diplopía horizontal. Si bien las alteraciones visuales transitorias se asocian frecuentemente al papiledema, también pueden producirse ante cualquier causa de apiñamiento de la papila óptica. Sospecho que la breve alteración visual que experimentó el paciente al levantar objetos pesados ​​se debió probablemente a una hipoperfusión transitoria provocada por el aumento de la presión venosa intraocular —inducido por la maniobra de Valsalva— en el contexto de un edema grave de la papila óptica. Cabe destacar que el edema de la papila óptica de este paciente se describió correctamente como «equivalente al» grado 5 de la escala de Frisén, dado que dicha escala se diseñó específicamente para el papiledema, una causa poco probable de neuropatía óptica en este paciente.

 

Neuropatía óptica isquémica

La neuropatía óptica isquémica anterior arterítica, asociada típicamente a la arteritis de células gigantes, puede descartarse dada la corta edad del paciente. La neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica (NOIA-NA) se manifiesta clásicamente en pacientes de edad avanzada como una pérdida aguda e indolora del campo visual (de tipo altitudinal) acompañada de un edema sectorial correspondiente en la papila óptica. Aunque la NOIA-NA puede presentarse en pacientes más jóvenes, este paciente no mostraba factores de riesgo predisponentes identificables. En la NOIA-NA puede observarse líquido retiniano peripapilar, pero el grado de afectación retiniana, el dolor y los hallazgos sistémicos observados en este paciente resultarían atípicos para esta patología.

 

Neuritis óptica

La neuritis óptica (inflamación del nervio óptico) suele ser idiopática, pero se presenta con mayor frecuencia en el contexto de una enfermedad desmielinizante autoinmunitaria. También puede asociarse a otras enfermedades autoinmunitarias o ser causada por una infección. En pacientes con neuritis óptica puede observarse una inflamación aislada de la papila óptica, particularmente en aquellos con enfermedad asociada a anticuerpos contra la glicoproteína de la mielina de los oligodendrocitos (MOGAD),11pero es menos frecuente que la afectación retrobulbar.12 El dolor con los movimientos oculares es una característica distintiva de la neuritis óptica (Tabla 1). Se postula que el dolor se debe a la tracción sobre la vaina del nervio óptico en los puntos de origen de los músculos rectos medial y superior, razón por la cual suele presentarse cuando existe afectación del nervio óptico intraorbitario.13,14 El dolor que presentaba este paciente al mover los ojos resultó algo inesperado, dada la inflamación limitada a la porción intraocular del nervio óptico. No obstante, el paciente no tenía antecedentes de otros síntomas neurológicos, ni signos radiológicos de enfermedad desmielinizante, ni evidencia de trastornos autoinmunitarios sistémicos. Aun así, la neuritis óptica sigue siendo una posibilidad diagnóstica a considerar. Neuropatía óptica infiltrativa Tanto el cáncer (particularmente el linfoma en pacientes con infección por VIH)15 como la sarcoidosis pueden infiltrar el nervio óptico. Sin embargo, no cabría esperar que la infiltración asociada al cáncer produjera exudados maculares prominentes; por otro lado, la sarcoidosis es poco frecuente en el contexto de la infección por VIH y suele presentar un curso más insidioso.16 La ausencia de afectación del nervio óptico retrobulbar y de otros hallazgos relevantes en la resonancia magnética también hace improbable que se trate de cáncer o sarcoidosis.

 

Neuropatía óptica infecciosa

Es especialmente importante considerar las causas infecciosas de neuropatía óptica en este paciente con infección por VIH recién diagnosticada y no tratada. Una infección sinusal puede provocar neuropatía óptica,17 pero en este caso, la sinusitis maxilar ipsilateral parecía tener un origen odontogénico y se localizaba fuera de la órbita. La prueba de sífilis resultó negativa, aunque este resultado debe interpretarse con cautela, ya que los falsos negativos son más frecuentes en pacientes con infección por VIH.18,19 La prueba de antígeno criptocócico en LCR fue negativo y el recuento de linfocitos T CD4+ del paciente era superior al que cabría esperar en una persona VIH-positiva con meningitis criptocócica. Incluso en ausencia de antecedentes clásicos de exposición, debería realizarse una prueba de tuberculosis a este paciente. Sin embargo, la RM no mostró realce meníngeo basal ni otros hallazgos sugestivos de tuberculosis.20,21 La presentación clínica del paciente resultaba atípica para la afectación ocular asociada a muchas infecciones oportunistas,22,23 y el recuento de linfocitos T CD4+ no sugería una inmunodepresión profunda. El paciente no presentaba antecedentes relevantes de viajes ni de exposición a picaduras de insectos, pero sí antecedentes de conductas sexuales de alto riesgo y contacto con gatos y un perro. La toxoplasmosis ocular suele caracterizarse por una retinocoroiditis necrosante focal con vitritis grave.24 La toxocariasis ocular suele cursar con un granuloma periférico.25 La infección por Bartonella puede manifestarse con un edema marcado de la papila óptica y afectación macular, tal como se observó en este paciente.26

 

Neurorretinitis

Muchos trastornos que causan edema de la papila óptica pueden provocar acumulación de líquido retiniano e incluso exudados maculares con patrón estrellado.27,28 No obstante, la extensión de la afectación retiniana en este paciente y la aparición de exudados maculares radiales pronunciados —conocidos como estrella macular—, observada al décimo día de hospitalización, sugieren una neurorretinitis, definida por la combinación de edema de la papila óptica y el desarrollo posterior de una estrella macular (Tabla 1). La estrella macular está compuesta por lípidos procedentes de una filtración exudativa que se desplaza a lo largo de las fibras de Henle —dispuestas radialmente y con orientación oblicua— en la capa plexi- forme externa (Fig. 4).28,29 La neurorretinitis puede ser idiopática o estar causada por enfermedades inflamatorias o mediadas por el sistema inmune, pero la infección es la causa más frecuente. Aproximadamente dos tercios de los casos de neurorretinitis están causados ​​por una infección por *Bartonella*; sin embargo, la sífilis y la tuberculosis siguen siendo diagnósticos posibles en el caso de este paciente.30 La hipoglucorraquia es característica de la meningitis tuberculosa y se asocia con menor frecuencia a la infección por *Bartonella*, pero los hallazgos en el líquido cefalorraquídeo de este paciente podrían ser compatibles con cualquiera de los dos diagnósticos.

 


Tabla 1. Hallazgos diferenciales de la neuritis óptica y la neuroretinitis.




Figura 4. Formación de la estrella macular

Para minimizar la dispersión de la luz y maximizar la agudeza visual, las capas retinianas internas se desplazan lateralmente a nivel de la fóvea, formando la depresión foveal. Esta disposición requiere una proyección oblicua de las prolongaciones axonales de los fotorreceptores para alcanzar las terminales sinápticas en la capa plexiforme externa. Estas fibras de orientación oblicua, que constituyen la capa de fibras de Henle, presentan una disposición radial que crea un patrón estrellado; a lo largo de este patrón pueden acumularse depósitos procedentes de fugas exudativas, formando una estrella macular. El panel A muestra la orientación radial de las fibras de Henle. El panel B muestra el perfil oblicuo de dichas fibras en un corte transversal.

 

HALLAZGOS SISTÉMICOS

¿Pueden, la enfermedad previa o los síntomas actuales de linfadenopatía y lesiones hepáticas ayudar a estrechar el diagnóstico diferencial respecto al diagnóstico más probable? La faringitis y la inflamación facial en el lado derecho podrían haber reflejado una infección primaria por *Bartonella* o una infección primaria por VIH, pero estas posibilidades son meramente especulativas.

La sarcoidosis se caracteriza por linfadenopatía hiliar bilateral y puede presentar granulomas hepáticos.31,32 La tuberculosis causa clásicamente linfadenopatía cervical y puede provocar granulomas hepáticos en pacientes con enfermedad diseminada.33,34 La sífilis primaria suele causar linfadenopatía inguinal regional, mientras que tanto la sífilis secundaria como la infección aguda por VIH pueden asociarse a linfadenopatía generalizada y hepatitis.35-38 El patrón de linfadenopatía en este paciente se ajusta mejor a una infección por *Bartonella*, en la cual la linfadenopatía es característicamente unilateral y regional, localizada en las cadenas ganglionares que drenan el sitio de inoculación. La angiomatosis bacilar hepática, la peliosis hepática o ambas pueden presentarse en huéspedes inmunocomprometidos con infección por *Bartonella*, aunque ocurren con mayor frecuencia en pacientes con recuentos de linfocitos T CD4+ inferiores a 100 células por microlitro.39,40

La aparición de neovascularización en la papila óptica constituye un dato clave en este caso. Si bien la angiogénesis puede deberse a isquemia, *Bartonella* posee propiedades vasoproliferativas bien caracterizadas. En el contexto de la infección por *Bartonella*, se produce una regulación al alza del factor de crecimiento endotelial vascular del huésped que promueve la angiogénesis patológica; este mecanismo subyace no solo a la neovascularización asociada a la bartonelosis ocular, sino también a las lesiones vasculares proliferativas propias de la angiomatosis bacilar en huéspedes inmunocomprometidos.41,42 Esta tendencia angiogénica es relativamente característica y refuerza aún más el diagnóstico de infección por *Bartonella*.

 

SÍNTESIS

Este paciente, con antecedentes de exposición a gatos, un cuadro prodrómico de faringitis e inflamación facial y una infección por VIH recién diagnosticada, presentó edema unilateral de la papila óptica —sin alteraciones patológicas retrobulbares— que evolucionó hacia una neurorretinitis fulminante con estrella macular y neovascularización de la papila, en el contexto de linfadenopatía regional ipsilateral y lesiones hepáticas. El cuadro clínico sugiere fuertemente una infección por *Bartonella*, posiblemente con enfermedad diseminada que afecta al hígado en el contexto de una infección por VIH-1. Sospecho que la prueba diagnóstica en este paciente resultó positiva para anticuerpos contra *Bartonella*.

Diagnóstico Presuntivo

Neurorretinitis por *Bartonella*, posiblemente con afectación hepática, en el contexto de inmunocompromiso asociado a la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana.

 

TESTS DIAGNÓSTICOS

Las pruebas iniciales en este paciente confirmaron el diagnóstico de infección por VIH-1 de duración desconocida e inmunocompromiso moderado. Entre las pruebas diagnósticas posteriores clave que arrojaron resultados negativos se incluyeron tres frotis de esputo negativos para bacilos ácido-alcohol resistentes, un ensayo de liberación de interferón-gamma no reactivo para *Mycobacterium tuberculosis*, una prueba VDRL (Venereal Disease Research Laboratory) negativa y resultados negativos en la determinación de niveles de IgG e IgM frente a *Toxoplasma gondii* en líquido cefalorraquídeo (LCR).

El décimo día de hospitalización se dispuso de los resultados de la muestra de sangre del paciente obtenida el quinto día; la prueba de IgG frente a *Bartonella henselae* resultó positiva, con un título de 1:4096. El título de IgM frente a *B. henselae* fue inferior a 1:20. Estos hallazgos, junto con las alteraciones observadas en el nervio óptico y la retina, respaldaban firmemente el diagnóstico de neurorretinitis por *Bartonella*. Los cultivos de LCR para bacterias, hongos y micobacterias no mostraron crecimiento.

Históricamente, el diagnóstico de infección por *B. henselae* requería el cumplimiento de criterios epidemiológicos, clínicos e histológicos.43 Actualmente, la prueba recomendada es el ensayo de inmunofluorescencia indirecta, que presenta una sensibilidad y especificidad cercanas al 90 % en pacientes inmunocompetentes.44,45 Un nivel elevado de IgM suele indicar una infección aguda. Cuando se detecta IgG, los títulos de anticuerpos deben orientar la interpretación clínica; títulos de 1:256 o superiores sugieren una infección aguda o reciente, como ocurrió en este paciente.46

 

DIAGNÓSTICO MICROBIOLÓGICO

Neurorretinitis por infección por *Bartonella henselae*.

 

DISCUSIÓN SOBRE EL MANEJO

La enfermedad por arañazo de gato es la manifestación más frecuente de la infección por *B. henselae*. Entre sus características se incluyen fiebre, malestar general, anorexia y linfadenopatía regional dolorosa a la palpación, síntomas que suelen aparecer entre 1 y 2 semanas después de la infección por *B. henselae*. La afectación visceral es menos frecuente y puede incluir hepatoesplenomegalia, meningoencefalitis, bacteriemia y angiomatosis bacilar. Los síntomas oculares, que son poco comunes, incluyen el síndrome oculoglandular de Parinaud con afectación del segmento anterior del ojo. Las manifestaciones oculares que afectan al segmento posterior son variadas y pueden incluir neuritis óptica, neurorretinitis y exudados maculares, como en este paciente.43

La enfermedad ocular del segmento posterior (definida como cualquier afección patológica que afecte a las estructuras posteriores del ojo, específicamente el vítreo, la retina, la coroides y el nervio óptico) asociada a *B. henselae* se presenta en aproximadamente el 4 % de todos los casos de enfermedad por arañazo de gato.43,47 Entre los pacientes con infección por *B. henselae* que también presentan infección por VIH, la enfermedad ocular es más frecuente en aquellos con enfermedad por VIH en fase avanzada, típicamente con un recuento de linfocitos T CD4+ inferior a 50 células por microlitro.48,49 La neurorretinitis se caracteriza por edema de la papila óptica con desprendimiento seroso de retina. La clásica formación de estrella macular observada en pacientes con neurorretinitis por *Bartonella* se desarrolla entre 2 y 4 semanas después de la aparición del edema de la papila óptica, debido a la inflamación de la vasculatura papilar con exudación a través de la capa plexiforme externa.43 Inicialmente, este paciente no presentaba los exudados que conforman la estrella macular, tal vez debido al breve intervalo de tiempo transcurrido entre su presentación con edema de la papila óptica y el examen inicial de retina. Una vez presente, la estrella macular puede tardar 12 meses en resolverse.46

La pérdida de visión aguda de moderada a grave se produce en la mayoría de los pacientes con enfermedad ocular del segmento posterior asociada a *B. henselae*.47 En una amplia serie de casos, el 80 % de los pacientes recuperó una buena agudeza visual (20/40 o mejor), mientras que el 6 % presentó una pérdida visual grave persistente.47 Los pacientes tratados con antibióticos sistémicos y glucocorticoides obtuvieron mejores resultados de agudeza visual, un hallazgo que respalda la terapia combinada como tratamiento estándar para la neuroretinitis por *Bartonella*.47

Para las personas con infección por VIH que presentan una infección grave por *Bartonella* que afecta a los ojos o al sistema nervioso central, como ocurría en este paciente, se recomienda un tratamiento combinado con antibióticos orales: doxiciclina y rifampicina.49 Ante la sospecha de infección por *Bartonella*, iniciamos el tratamiento con doxiciclina oral el quinto día de hospitalización y añadimos rifampicina oral el décimo día, una vez disponibles los resultados de las pruebas confirmatorias.

Para el tratamiento de la infección por VIH, iniciamos una pauta de administración única diaria de tenofovir alafenamida y emtricitabina por vía oral, junto con dolutegravir dos veces al día, el décimo día de hospitalización; la dosis de dolutegravir fue el doble de la habitual debido al uso concomitante de rifampicina.50 El paciente también completó un ciclo de prednisona con reducción gradual de la dosis. En una visita de seguimiento realizada 3 meses después de iniciada la medicación el décimo día de hospitalización, el paciente informó que había encontrado un nuevo hogar para sus gatos y que se estaba adaptando a su nuevo diagnóstico de infección por VIH, con una excelente adherencia diaria al tratamiento antirretroviral y una carga viral de ARN del VIH-1 totalmente suprimida. Seis meses después del alta, la tomografía computarizada (TC) mostró una disminución del tamaño de las lesiones hepáticas hipodensas y una reducción leve de la linfadenopatía peripancreática y paraaórtica.

Tras iniciar el tratamiento antibiótico, los resultados del examen oftalmológico del paciente siguieron mejorando. En una visita de control realizada 4 semanas más tarde, la agudeza visual había mejorado sustancialmente hasta 20/60 en el ojo derecho y se mantenía en 20/20 en el ojo izquierdo; se observó una disminución clínicamente significativa del edema de la papila óptica, aunque persistían la estrella macular y la neovascularización de la papila (Fig. 3D). Estos hallazgos se confirmaron mediante tomografía de coherencia óptica.

La entidad que hoy se conoce como neurorretinitis fue descrita en 1916 como «maculopatía estrellada»51. Sin embargo, esta definición fue cuestionada en 1977, cuando se comunicó que el edema de la papila óptica suele preceder a los hallazgos maculares entre 1 y 2 semanas28. En una fase inicial, la angiografía con fluoresceína puede utilizarse para confirmar la presencia de edema papilar patológico. Es preciso mantener un alto índice de sospecha de neurorretinitis incluso cuando solo se detecta edema papilar; asimismo, realizar exámenes de fondo de ojo de seguimiento a intervalos cortos para evaluar la aparición de una estrella macular puede resultar crucial en casos de neuropatía óptica de etiología desconocida.

La inflamación asociada a la neurorretinitis provoca edema del nervio óptico y macular, el cual presenta componentes tanto lipídicos como acuosos. La estrella macular asociada a la neurorretinitis se forma debido a que el exudado rico en lípidos penetra en la capa plexiforme externa de la retina y se deposita en ella. La fase acuosa, sin embargo, penetra por debajo de la retina sensorial, donde puede identificarse como líquido subretiniano. Durante la resolución de la neurorretinitis, el líquido subretiniano desaparece mucho más rápidamente que la estrella macular, tal como se observó en las imágenes de seguimiento de este paciente obtenidas 4 semanas después del inicio del tratamiento antibiótico (Fig. 3D). Se han propuesto diferentes enfoques para tratar la neurorretinitis por *Bartonella*, sin que exista consenso al respecto, y faltan datos procedentes de ensayos aleatorizados. Aunque algunas series pequeñas han mostrado resultados similares en pacientes tratados y no tratados, una serie de mayor tamaño ha sugerido mejores resultados con la terapia antibiótica.47 La mayoría de los clínicos administran antibióticos sistémicos cuando existe afectación ocular que compromete la visión. En personas inmunosuprimidas, se utilizan glucocorticoides como tratamiento adyuvante en casos seleccionados, una vez descartadas otras causas infecciosas.52

 

DIAGNÓSTICO FINAL

Neurorretinitis debido a infección por Bartonella henselae infection.

 


Traducido de

Case 21-2026: A 28-Year-Old Man with  Headache and Vision Loss in the Right Eye

Aubrey L. Gilbert, M.D., Ph.D.,1 Bart K. Chwalisz, M.D.,2,3   Racine S. Gue, M.D.,4‑6 and Lisa M. Bebell, M.D.7,8 NEJM


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martes, 4 de agosto de 2026

Casos Clínicos: Varón de 30 años con tos y fiebre de 10 días de evolución

 

Un colega envió esta imagen con el siguiente texto:

Les comento un caso que vi por guardia de un hombre de 30 años, sin antecedentes de ninguna índole, estudiante universitario que presenta tos desde hace 10 días y fiebre de 39 °C.

Obtuvimos una radiografía de tórax que se las paso.

 


Opinión: En la imagen se observa una densidad de concavidad superior en hemitórax derecho inferior, homogénea, que borra el fondo de saco costo frénico homolateral, compatible con derrame pleural. El espacio paracardíaco derecho presenta a su vez, por encima de esta densidad, un aspecto de infiltrado pulmonar. Estos hallazgos, en un paciente joven, sin antecedentes, hacen sospechar en primer lugar neumonía adquirida en la comunidad complicada con derrame paraneumónico/empiema pleural. Si del examen semiológico se confirma el comportamiento de derrame o si una eco pleura lo confirma hay que realizar una paracentesis diagnóstica además por supuesto de solicitar una rutina básica de laboratorio, que incluya hemocultivos, cultivo de esputo, serología para VIH, PPD, eventualmente gases en sangre y procalcitonina. El estudio del derrame es fundamental no solo para la confirmación diagnóstica, sino para considerar tratamientos de acuerdo a sus resultados.  Hay que enviar el líquido obtenido para estudios bacteriológicos, cultivos, así como citológico y estudios físico químicos que incluyan pH, LDH y glucosa). El pH, la glucosa y la citología así como los estudios bacteriológicos son importantes no sólo para hacer el diagnóstico de derrame pleural complicado (empiema), sino por razones terapéuticas y pronósticas. Por ejemplo si el derrame tiene  un pH < 7,20, glucosa < 60 mg/dL, o es purulento o bacterias visibles, se debe colocar un tubo de drenaje endotorácico (drenaje pleural), además de la cobertura antibiótica correspondiente.