sábado, 10 de octubre de 2026

Un niño de 4 ños con fatiga, alteraciones del equilibrio y caídas frecuentes

 Un niño de 4 años acudió a este hospital debido a fatiga y caídas frecuentes.

El paciente había gozado de buena salud hasta 30 meses antes de la consulta actual, momento en que sus padres notaron que tropezaba al caminar y parecía tener problemas de equilibrio. Durante la lactancia, logró sentarse sin ayuda pero nunca gateó; en su lugar, se desplazaba arrastrándose por el suelo. Comenzó a caminar de forma independiente a los 13 meses de edad, pero sufría caídas constantes; a menudo extendía los brazos para amortiguar el impacto antes de llegar al suelo. Tras caerse, no podía levantarse utilizando las piernas, sino que se impulsaba con las manos. Caminaba frecuentemente de puntillas, y sus padres observaron que utilizaba los músculos de las pantorrillas para compensar la debilidad en la musculatura del tronco y la cadera. El paciente fue derivado a fisioterapia y terapia ocupacional. Debido a la pandemia de enfermedad por coronavirus 2019 (Covid-19), se suspendieron las sesiones presenciales y comenzó a asistir a sesiones virtuales desde su domicilio.

Dieciocho meses antes de la consulta actual, el paciente sufrió una caída en casa y comenzó a cojear, cargando menos peso sobre la pierna izquierda. Fue evaluado por su pediatra de atención primaria en una clínica afiliada a este hospital, donde se le realizaron radiografías de las piernas y los pies.

Las radiografías de las piernas (figs. 1A y 1B) y de los pies no mostraron signos de fractura ni luxación. La mineralización ósea y los tejidos blandos presentaban un aspecto normal. En la proyección anteroposterior (fig. 1C) se identificó una zona de radiolucidez redondeada y bien definida en la metáfisis medial del fémur distal derecho, la cual correspondía a una pequeña zona de radiolucidez en la cortical posterior observada en la proyección lateral (fig. 1D).

Basándose en los hallazgos radiográficos, se evaluó a la paciente en la clínica de ortopedia de este hospital. La exploración física reveló una marcha con los pies dirigidos hacia adentro, con arcos de movilidad activa y pasiva normales en caderas, rodillas y tobillos. Las maniobras de Barlow y Ortolani, utilizadas para detectar inestabilidad o luxación de cadera, arrojaron resultados negativos. No se observó atrofia muscular ni debilidad motora en ninguna de las piernas. La lesión ósea era compatible con un fibroma no osificante y se recomendó continuar con la fisioterapia. La cojera se resolvió espontáneamente en el plazo de una semana.

 


Figura 1. Figura 1. Radiografías de las piernas.

Se obtuvieron radiografías de las piernas 18 meses antes de la presentación actual. Las radiografías anteroposteriores (paneles A y B) no muestran fracturas ni luxaciones. Las vistas anteroposterior y lateral ampliadas de la porción distal del fémur derecho (paneles C y D, respectivamente) muestran una pequeña zona de radiolucidez redondeada con un borde esclerótico en la metáfisis posteromedial (flechas). Una radiografía anteroposterior de control de la rodilla derecha, obtenida 15 meses después del episodio de cojera (panel E), muestra la resolución de la lesión.

 

En la consulta actual en la clínica pediátrica, los padres del paciente informaron que este sufría caídas frecuentes a pesar de recibir fisioterapia, lo que los había llevado a comprarle un casco blando para protegerle la cabeza. Asimismo, señalaron que no subía las escaleras alternando los pies. Al correr, balanceaba los brazos y las caderas de forma exagerada y se desplazaba mucho más despacio que los demás niños de la escuela. Los padres observaron que el paciente parecía fatigarse considerablemente; se agotaba tras dos horas de juego con otros niños y a menudo necesitaba que lo subieran en brazos por las escaleras al final del día o antes de su siesta habitual. El fisioterapeuta del paciente informó de la presencia de debilidad en caderas, muslos y pantorrillas durante el ejercicio, asociada a una fatiga marcada.

En la exploración, la temperatura oral era de 37 °C, la presión arterial de 88/49 mmHg, la frecuencia cardíaca de 95 latidos por minuto, la frecuencia respiratoria de 16 respiraciones por minuto y la saturación de oxígeno del 97 % respirando aire ambiente. El abdomen estaba blando, no distendido y sin dolor a la palpación, sin organomegalia. La exploración neurológica mostró una función cerebelosa y unos reflejos normales, una función simétrica de los pares craneales y ausencia de déficits sensitivos. El paciente era capaz de saltar con ambas piernas, aunque con gran esfuerzo, pero no podía mantenerse en equilibrio sobre una sola pierna. La evaluación de la marcha reveló una marcha de puntillas con una leve marcha de pato al aumentar la velocidad. Se observó una hipertrofia leve en las pantorrillas y los deltoides.

El paciente no tomaba medicación alguna y tenía al día todas las vacunas infantiles sistemáticas. La anamnesis por aparatos y sistemas fue negativa para fiebre, dolor muscular, orina oscura, cojera, ictericia, falta de apetito, dolor abdominal, pérdida de peso, sudoración nocturna, erupciones cutáneas y entumecimiento u hormigueo. No presentaba reacciones adversas conocidas a medicamentos. El paciente había nacido a término mediante parto vaginal sin complicaciones, y no se produjeron complicaciones perinatales. Asistía a preescolar y otros aspectos del desarrollo, como el lenguaje y el aprendizaje, habían sido normales. Vivía en una zona suburbana de Massachusetts con sus padres y dos hermanas, y no tenía mascotas. Sus antecedentes familiares eran negativos para trastornos neurológicos y musculares.

Los niveles de electrolitos en sangre eran normales y el nivel de creatinina en sangre era bajo (0,20 mg por decilitro [18 μmol por litro]; rango de referencia: 0,30 a 1,00 mg por decilitro [27 a 88 μmol por litro]), con un nivel normal de nitrógeno ureico. El hemograma completo era normal. Los niveles de aspartato aminotransferasa (AST; 423 U por litro; rango de referencia: 10 a 40) y alanina aminotransferasa (ALT; 588 U por litro; rango de referencia: 10 a 50) estaban elevados, mientras que los niveles de albúmina, bilirrubina, fosfatasa alcalina y gamma-glutamiltransferasa eran normales. Los resultados completos de las pruebas de laboratorio se muestran en la Tabla 1.

 


Tabla 1.

Se realizó una prueba diagnóstica.

 

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL

Este niño de 4 años acudió a su pediatra presentando falta de equilibrio y caídas frecuentes, fatiga muscular proximal y retraso en la motricidad gruesa. Sus padres a menudo lo llevaban en brazos al final del día debido a su fatiga y se vieron obligados a comprarle un casco, dadas sus frecuentes caídas. La exploración física reveló marcha de puntillas, marcha anadeante, hipertrofia de pantorrillas y deltoides, debilidad en cadera y muslos, e incapacidad para mantenerse de pie sobre una sola pierna. Por lo demás, la función cerebelosa, la función de los pares craneales y los reflejos osteotendinosos eran normales. Los análisis de laboratorio revelaron niveles marcadamente elevados de AST y ALT, así como un nivel bajo de creatinina, a pesar de presentar niveles normales de bilirrubina y albúmina. Basándome en estos hallazgos, abordaré el diagnóstico diferencial considerando primero las categorías de enfermedades que pueden causar fatiga y retraso motor en un niño de esta edad y, posteriormente, centrándome en las características que ayuden a acotar la lista de posibles diagnósticos.

 

Causas de caídas frecuentes y fatiga

El diagnóstico diferencial de la fatiga y las caídas en un niño pequeño abarca múltiples sistemas orgánicos. Muchas afecciones, como los trastornos hematológicos y cardiopulmonares, pueden descartarse fácilmente en este paciente mediante la revisión de sus síntomas, la duración de la enfermedad y los datos de laboratorio.

Las cardiopatías que provocan caídas, como la miocardiopatía y las cardiopatías congénitas, se manifiestan con intolerancia al ejercicio y fatiga; sin embargo, los padres del paciente no refirieron disnea y no se detectaron cianosis ni soplos. El paciente presentaba una saturación de oxígeno y un crecimiento normales, lo que hacía improbable una causa cardíaca primaria.

Cabe esperar que las causas respiratorias de fatiga produzcan disnea de esfuerzo o hallazgos pulmonares anómalos; sin embargo, ninguno de estos signos estaba presente en este paciente. Las causas infecciosas, como la miositis viral, pueden provocar debilidad muscular transitoria y niveles elevados de AST y ALT, pero su inicio suele ser repentino y no se desarrollarían a lo largo de un periodo de 30 meses. Las causas hematológicas, incluida la anemia, se descartaron basándose en un hemograma completo normal. Los niveles normales de electrolitos y la curva de crecimiento también sugieren que no se trata de un trastorno metabólico primario.

 

Enfermedad neurológica

En este paciente deben considerarse causas neurológicas del retraso en la motricidad gruesa y de las caídas. La parálisis cerebral —un trastorno no progresivo del movimiento y la postura causado por una lesión en el sistema nervioso central— puede manifestarse con retraso motor y marcha anómala durante la primera infancia; no obstante, este paciente no presentó anomalías aparentes durante ese periodo y logró caminar de forma independiente a los 13 meses de edad. Asimismo, cabría esperar que las personas con parálisis cerebral presentaran signos de afectación de la neurona motora superior, como espasticidad, hiperreflexia o reflejos patológicos, ninguno de los cuales se observó en este paciente.

La atrofia muscular espinal provoca debilidad muscular proximal progresiva e hipotonía. Sin embargo, se caracteriza por un patrón de anomalías propio de la neurona motora inferior, con ausencia de reflejos y presencia de fasciculaciones, características que no se describieron en este paciente.

Las neuropatías periféricas, como la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, pueden causar anomalías en la marcha y debilidad muscular distal, pero no producirían debilidad muscular predominantemente proximal ni seudohipertrofia. El examen neurológico normal del paciente —salvo por los hallazgos musculares— hace improbable la existencia de un trastorno neurológico primario; no obstante, esto no descarta afecciones que afecten directamente al músculo.

 

Enfermedad mitocondrial

Dada la afectación multisistémica, el retraso motor, la fatiga y los niveles elevados de AST y ALT, se debe considerar la enfermedad mitocondrial. Los trastornos mitocondriales constituyen un grupo heterogéneo de afecciones genéticas que afectan a la fosforilación oxidativa, a la homeostasis del calcio y a la regulación apoptótica, procesos mediados por el ADN mitocondrial y nuclear.

Afectan característicamente a tejidos con altas demandas energéticas, como el cerebro, el músculo esquelético y el hígado. Las manifestaciones incluyen miopatía, intolerancia al ejercicio, retraso del neurodesarrollo y disfunción hepática, todas presentes en este paciente en diversos grados.

En niños en edad preescolar, los trastornos mitocondriales más reconocidos son el síndrome de Pearson, el síndrome de Leigh y el síndrome de Alpers.1 El síndrome de Pearson se caracteriza por insuficiencia de la médula ósea e insuficiencia pancreática exocrina; sin embargo, en este paciente, el hemograma completo y el crecimiento eran normales, y no presentaba síntomas gastrointestinales. Las características del síndrome de Leigh incluyen encefalopatía mitocondrial progresiva con regresión del desarrollo, que se desencadena característicamente por una enfermedad febril; este paciente no mostró signos de encefalopatía ni deterioro episódico relacionados con la enfermedad. El síndrome de Alpers se manifiesta con convulsiones refractarias e insuficiencia hepática progresiva; si bien los niveles de AST y ALT de este paciente estaban elevados, no presentó convulsiones ni disfunción hepática progresiva. La ausencia de estas características definitorias hace improbable un síndrome mitocondrial primario, aunque sus niveles anormales de AST y ALT justifican una evaluación adicional.

 

Enfermedad hepática

La combinación de niveles elevados de AST y ALT con niveles normales de fosfatasa alcalina, γ-glutamiltransferasa, bilirrubina y albúmina puede ser compatible con una lesión hepatocelular, que generalmente resulta en niveles de ALT superiores a los de AST. Aunque este patrón se observó en este paciente, la ausencia de hepatomegalia, ictericia, coagulopatía, hipoalbuminemia e hiperbilirrubinemia contradice fuertemente la presencia de enfermedad hepática manifiesta. Los niveles normales de fosfatasa alcalina y γ-glutamiltransferasa, ambas producidas principalmente por los colangiocitos, reducen aún más la probabilidad de un proceso biliar o colestásico.

Si bien el hígado produce la mayor concentración de AST por gramo de tejido, la AST también es abundante en el músculo cardíaco, el músculo esquelético, el cerebro, los riñones y los glóbulos rojos. Dada la presentación de este paciente, caracterizada por caídas, debilidad muscular y hallazgos prominentes en la exploración física, los niveles elevados de AST y ALT son más probablemente un reflejo de una lesión muscular esquelética que de una enfermedad hepatocelular. Esta distinción es crucial para el siguiente paso de la evaluación.

 

Enfermedad musculoesquelética y distrofia muscular

El conjunto de hallazgos —que incluye debilidad muscular proximal que afecta predominantemente a las caderas y los muslos, agrandamiento de las pantorrillas y los deltoides, alteraciones de la marcha, retraso motor grueso, niveles elevados de AST y ALT sin disfunción sintética hepática y el patrón de uso de los brazos para levantarse del suelo— apunta claramente a una enfermedad muscular primaria, como una distrofia muscular. Existen nueve distrofias musculares reconocidas, que varían según la edad de inicio y la distribución de la afectación muscular. La distrofia muscular de Duchenne (DMD) y la distrofia muscular de Becker (BMD) comparten una predilección por los músculos proximales de los brazos y las piernas. Los pacientes con DMD suelen presentar, clásicamente entre los 2 y los 6 años de edad, debilidad muscular proximal simétrica y caídas frecuentes, junto con pseudohipertrofia de las pantorrillas, una afección producida por la sustitución de fibras musculares por grasa y tejido conectivo, que no refleja un verdadero aumento de tamaño muscular. Los pacientes con BMD presentan un patrón de enfermedad similar, aunque el inicio suele producirse en la adolescencia o la edad adulta temprana, y el curso clínico es más leve. La distrofia muscular de cinturas afecta a las cinturas pélvica y escapular, y puede desarrollarse en la infancia tardía; la presentación de este paciente fue más temprana y más grave que la que se observa habitualmente en pacientes con esta enfermedad. La distrofia muscular facioescapulohumeral afecta característicamente a los músculos faciales y del hombro, que no se vieron afectados en este paciente. La distrofia muscular congénita es clínicamente evidente desde el nacimiento y afecta a casi todos los músculos. Entre las distrofias musculares discutidas, la DMD es la máscompatible con la presentación de este paciente.

 

Un signo sutil pero revelador

La historia clínica del paciente incluía un detalle crítico pero sutil: en sus primeros años de vida, se observó que el paciente presentaba impulsarse hacia arriba con las manos tras caerse, dado que no podía levantarse usando solo las piernas. Entre los 18 meses y los 2 años de edad, se observó una creciente falta de equilibrio y tendencia a tropezar, aunque la evaluación fue limitada debido a la atención virtual durante la pandemia de COVID-19. El desarrollo normal de la marcha evoluciona desde una marcha de base amplia y rotación externa, con los brazos en posición de «guardia alta» entre los 12 y 14 meses, hasta el contacto inicial con el talón y el balanceo recíproco de los brazos entre los 15 y 18 meses, pasando por la carrera a los 2 años, hasta alcanzar un patrón de marcha maduro que incluye el uso alterno de los pies en las escaleras a los 3 años. La marcha de pato persistente, la marcha con los pies hacia adentro, la lordosis lumbar y la incapacidad para alternar los pies al subir escaleras más allá de los 3 años son signos de alerta de enfermedad neuromuscular; muchas de estas manifestaciones estaban presentes en este paciente.

La necesidad del paciente de impulsarse desde el suelo usando los brazos es compatible con el signo de Gowers. Esta maniobra, descrita por primera vez por el neurólogo Sir William Richard Gowers en 1879, refleja debilidad en la cintura pélvica y en los músculos proximales de las piernas. El signo de Gowers se asocia con un espectro de características que a veces incluyen el apoyo de una o ambas manos sobre los muslos al levantarse del suelo; su gravedad puede clasificarse mediante una escala validada.2 El signo de Gowers suele considerarse patognomónico de la DMD, aunque se ha asociado con al menos otras 12 afecciones neuromusculares.

En el caso de un niño con debilidad muscular proximal, pseudohipertrofia, signo de Gowers y niveles elevados de AST y ALT sin enfermedad hepática, las guías sugieren iniciar una evaluación para detectar DMD. Una prueba inicial adecuada sería lamedición de los niveles sanguíneos de creatina-quinasa.3. En pacientes con DMD, el nivel de creatina-quinasa está marcadamente elevado, lo que refleja una lesión continua del sarcolema y necrosis de las fibras musculares.

 

DIAGNÓSTICO PRESUNTIVO

Distrofia muscular de Duchenne.

 

PRUEBAS DIAGNÓSTICAS

El nivel de creatina-quinasa del paciente estaba marcadamente elevado (>19.000 U por litro; intervalo de referencia: 39 a 308). En ausencia de una función hepática anómala, el nivel elevado de creatina cinasa concuerda con los niveles elevados de AST y ALT.4 Una liberación masiva de enzimas musculares —que típicamente da lugar a niveles entre 50 y 100 veces superiores al límite superior del intervalo de referencia— confirma la permea-bilidad del sarcolema y respalda firmemente el diagnóstico de DMD. El diagnóstico de DMD se confirmó mediante un análisis genético posterior de la muestra de sangre del paciente, en el que se detectó la variante c.745C→T (p.Gln249Ter) en el exón 8 del gen de la distrofina.

 

DIAGNÓSTICO DE LABORATORIO Y GENÉTICO

Distrofia muscular de Duchenne.

 

ANÁLISIS DEL MANEJO CLÍNICO

La DMD es la distrofia muscular infantil más frecuente, con una prevalencia estimada de 1 caso por cada 5000 niños varones de entre 5 y 9 años de edad.5 Se trata de un trastorno degenerativo recesivo ligado al sexo, causado por variaciones en el gen de la distrofina que provocan una deficiencia de esta proteína —una proteína del sarcolema fundamental para la integridad estructural del músculo esquelético y cardíaco—.6 Los efectos de la deficiencia de distrofina en el músculo esquelético, cardíaco y liso, así como en el cerebro, se manifiestan en diversos sistemas orgánicos (fig. 2).

 


Figura 2. Hallazgos multisistémicos en pacientes con distrofia muscular de Duchenne.

Las consecuencias clínicas y las manifestaciones de la variante genética se observan principalmente en sistemas orgánicos que expresan grandes cantidades de distrofina, incluidos el músculo esquelético y cardíaco, el músculo liso gastrointestinal y el sistema nervioso central.

 

Sin tratamiento, la DMD se caracteriza por una debilidad y una disfunción motora progresivas que comienzan en la primera infancia, con la pérdida de la capacidad de deambulación entre los 7 y los 13 años de edad, el desarrollo de escoliosis al inicio de la adolescencia y una muerte prematura —que suele ocurrir a principios de la veintena— como consecuencia de una insuficiencia cardiorrespiratoria progresiva.7 Ante la falta de un tratamiento curativo para la DMD, la terapia con glucocorticoides sigue siendo el pilar del tratamiento, con el objetivo de estabilizar la función muscular y ralentizar la progresión de la enfermedad.8,9 Un programa de atención interdisciplinaria integral —que incluya un manejo médico, quirúrgico y rehabilitador centrado en el paciente para abordar las manifestaciones musculares y extramusculares de la enfermedad, así como el control de los efectos secundarios de la terapia— puede mejorar los resultados, la calidad de vida y la supervivencia.10,11 Estos equipos de atención integral suelen incluir neurólogos, fisioterapeutas, cardiólogos pediátricos, neumólogos, dietistas y endocrinólogos pediátricos.

En este paciente, se inició tratamiento con glucocorticoides (deflazacort) en el momento del diagnóstico para ralentizar la progresión de la disfunción motora y cardiopulmonar y mitigar el desarrollo de escoliosis; asimismo, se añadió lisinopril a dosis bajas para la cardioprotección, dado el riesgo de miocardiopatía asociada a la DMD. Además, se prescribió un programa diario de estiramientos en casa y el uso nocturno de férulas de tobillo para mantener el rango de movimiento y prevenir la aparición de contracturas.

La vigilancia pulmonar anual, mediante pruebas de función pulmonar y ejercicios diarios de control de la respiración, suele comenzar entre los 5 y los 7 años de edad. El crecimiento y las necesidades nutricionales se monitorizan de forma longitudinal, recomendándose una ingesta diaria de proteínas de 1,5 g por kilogramo de peso corporal, dado el aumento del catabolismo proteico; también se aconseja minimizar la ingesta excesiva de sodio y carbohidratos.12-14

Es fundamental contar con un enfoque multidisciplinario para vigilar la salud nutricional y ósea, dado el riesgo de osteoporosis y fracturas asociado al tratamiento prolongado con glucocorticoides, siendo importante asegurar una ingesta adecuada de calcio y vitamina D. La densidad ósea se monitoriza mediante exploraciones anuales de absorciometría de rayos X de energía dual (DXA), detección de fracturas por compresión vertebral y evaluación de la hipercalciuria. También está indicada la detección de estreñimiento en pacientes con DMD, dado que este es una manifestación extramuscular frecuente de la enfermedad asociada a un riesgo de complicaciones graves en pacientes de mayor edad.15

Los síntomas del neurodesarrollo, así como los emocionales y conductuales, también son frecuentes en pacientes con DMD16; tales síntomas pueden afectar considerablemente la salud psicosocial del paciente en el hogar, la escuela y la comunidad. Las evaluaciones neuropsiquiátricas permiten elaborar planes de tratamiento psicosocial integral que pueden ayudar a mitigar estas afecciones. Por último, los enfoques centrados en la familia garantizan que se aborden los aspectos más amplios de las necesidades tanto del paciente como de su familia, ayudando a esta última a afrontar la carga y las consecuencias del diagnóstico.

Tras dos décadas de ensayos clínicos para investigar tratamientos para pacientes con DMD, han surgido varios enfoques terapéuticos más recientes que se encuentran en diversas etapas de aprobación en Estados Unidos y Europa. Estos enfoques incluyen estrategias específicas para variantes genéticas —como el salto de exón o la lectura de codones de terminación prematura (*nonsense readthrough*), según la variante—, así como estrategias no específicas para variantes, tales como la transferencia del gen de la microdistrofina, nuevos glucocorticoides disociados e inhibidores de la histona desacetilasa. Estos nuevos agentes terapéuticos aún no han logrado cambios transformadores importantes en la evolución de la enfermedad; se requieren más ensayos clínicos para desarrollar terapias génicas de segunda generación más eficaces que aborden la deficiencia de distrofina, terapias mediadas por moléculas pequeñas para mejorar la reparación muscular y terapias celulares para regenerar el músculo. Actualmente, este paciente participa en el ensayo Lynx EDG-5506 (número en ClinicalTrials.gov: NCT05540860), un estudio de fase 2 en el que se evalúa el fármaco oral sevasemten en niños con DMD.

 

SEGUIMIENTO

El paciente respondió al tratamiento con deflazacort; en la visita de seguimiento a los 6 meses, presentaba signos clínicos de mejoría en la función motora. Todos los parámetros de función motora habían mejorado y había adquirido nuevas habilidades motoras, incluida la capacidad de pasar de una posición sentada en el suelo a la bipedestación «sin usar las manos». sin apoyarse en el suelo ni en los muslos para incorporarse, así como la capacidad de saltar a la pata coja. La ecocardiografía transtorácica mostró una función ventricular izquierda normal, sin signos de miocardiopatía, y no hubo evidencia de anomalías pulmonares.

El paciente ha presentado algunos efectos secundarios asociados a 3 años de tratamiento diario con deflazacort, como aumento de peso y enlentecimiento del crecimiento en estatura. Presenta una leve plenitud facial y ningún signo de fracturas por compresión vertebral ni de disminución de la densidad ósea en los estudios DXA. Una evaluación neuropsicológica realizada a los 6 años y 3 meses de edad identificó áreas que requerían seguimiento y apoyo: trastornos del aprendizaje de lectura y matemáticas, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, trastorno de ansiedad generalizada y trastorno obsesivo-compulsivo. A pesar de estas afecciones, el paciente tiene un buen rendimiento escolar y cuenta con un sólido sistema de apoyo. El cribado de portadores genéticos en la madre y las dos hermanas del paciente resultó negativo, lo que sugería un riesgo reducido de miocardiopatía por DMD para los familiares.

Pregunta de un médico: ¿Se identificó la causa de la zona de radiolucidez ósea?

Respuesta: Las radiografías de seguimiento realizadas 15 meses después del episodio de cojera mostraron la resolución completa de la radiolucidez (Fig. 1E). Dada su localización característica y su desaparición gradual, el hallazgo es compatible con una irregularidad cortical femoral distal (también conocida como desmoide cortical), una entidad benigna y autolimitada asociada a estrés repetitivo en la inserción del músculo gastrocnemio o del aductor mayor.17

 

DIAGNÓSTICO FINAL

Distrofia muscular de Duchenne

 

Traducido de:

“A 4-Year-Old Boy with Fatigue, Imbalance, and Frequent Falls”

Authors: Alexy D. Arauz Boudreau, M.D., M.P.H., Hee Mang Yoon, M.D., Ph.D., and Brenda L. Wong, M.B., B.S.Author Info & Affiliations. Published September 23, 2026. N Engl J Med 2026;395:1219-1227 DOI: 10.1056/NEJMcpc2603181 VOL. 395 NO. 12

 

https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMcpc2603181?query=featured_secondary_home

 

 

Referencias

Case Records of the Massachusetts General Hospital

1. Rahman S. Mitochondrial disease in

children. J Intern Med 2020; 287: 609-33.

2. Chang RF, Mubarak SJ. Pathomechan

ics of Gowers’ sign: a video analysis of a

spectrum of Gowers’ maneuvers. Clin Or

thop Relat Res 2012; 470: 1987-91.

3. Bushby K, Finkel R, Birnkrant DJ, et

al. Diagnosis and management of Duch

enne muscular dystrophy. 1. Diagnosis,

and pharmacological and psychosocial

management. Lancet Neurol 2010; 9: 77-93.

4. Fequiere PR, Wong BL, Horn PS. Cre

atine kinase and transaminases in Duch

enne muscular dystrophy. Neuromuscul

Disord 2008; 18: P806-P807. abstract (https://

www . nmd - journal . com/  article/  S0960

 - 8966(08)00445 - 8/  abstract).

5. Zhang Y, Mann JR, James KA, et al.

Duchenne and Becker muscular dystro

phies’ prevalence in MD STARnet surveil

lance sites: an examination of racial and

ethnic differences. Neuroepidemiology

2021; 55: 47-55.

6. Wilson K, Faelan C, Patterson-Kane

JC, et al. Duchenne and Becker muscular

dystrophies: a review of animal models,

clinical end points, and biomarker quan

tification. Toxicol Pathol 2017; 45: 961-76.

7.

Moxley RT III, Pandya S, Ciafaloni E,

Fox DJ, Campbell K. Change in natural

history of Duchenne muscular dystrophy

with long-term corticosteroid treatment:

implications for management. J Child

Neurol 2010; 25: 1116-29.

8. Bello L, Gordish-Dressman H, Mor

genroth LP, et al. Prednisone/predniso

lone and deflazacort regimens in the

CINRG Duchenne Natural History Study.

Neurology 2015; 85: 1048-55.

9. Ricotti V, Ridout DA, Scott E, et al.

Long-term benefits and adverse effects of

intermittent versus daily glucocorticoids

in boys with Duchenne muscular dystro

phy. J Neurol Neurosurg Psychiatry 2013;

84: 698-705.

10. Birnkrant DJ, Bushby K, Bann CM, et

al. Diagnosis and management of Duch

enne muscular dystrophy. 1. Diagnosis,

and neuromuscular, rehabilitation, endo

crine, and gastrointestinal and nutrition

al management. Lancet Neurol 2018; 17:

251-67.

11. Birnkrant DJ, Bushby K, Bann CM, et

al. Diagnosis and management of Duch

enne muscular dystrophy. 2. Respiratory,

cardiac, bone health, and orthopaedic

management. Lancet Neurol 2018; 17: 347

61.

12. Okada K, Manabe S, Sakamoto S,

Ohnaka M, Niiyama Y. Protein and energy

metabolism in patients with progressive

muscular dystrophy. J Nutr Sci Vitaminol

(Tokyo) 1992; 38: 141-54.

13. Wernio E, Wasilewska E, Czaja-Stolc S,

et al. Nutritional issues among children

with Duchenne muscular dystrophy — in

cidence of deficiency and excess body

mass. Nutrients 2024; 16: 2143.

14. Hudson JL, Baum JI, Diaz EC, Bør

sheim E. Dietary protein requirements in

children: methods for consideration. Nu

trients 2021; 13: 1554.

15. Blokhuis AM, Tytgat K, Groothuis JT,

Houwen-van Opstal S. Severe gastrointes

tinal problems in Duchenne muscular dys

trophy: a case series. Neuromuscul Disord

2024; 40: 31-7.

16. Darmahkasih AJ, Rybalsky I, Tian C,

et al. Neurodevelopmental, behavioral, and

emotional symptoms common in Duch

enne muscular dystrophy. Muscle Nerve

2020; 61: 466-74.

17. Vieira RLR, Bencardino JT, Rosenberg

ZS, Nomikos G. MRI features of cortical

desmoid in acute knee trauma. AJR Am 

J Roentgenol 2011; 196: 424-8.

 

 

No hay comentarios: