martes, 25 de agosto de 2026

Mujer de 28 años con náuseas, mareos y acidodis metabólica.

Una mujer de 28 años acudió al servicio de urgencias de un hospital debido a dolor abdominal, mareo, náuseas y vómitos.

La paciente había gozado de buen estado de salud general hasta la noche anterior a esta consulta, momento en el que presentó dolor epigástrico y vómitos de aparición brusca tras ingerir alimentos picantes. Su pareja había consumido los mismos alimentos pero no presentó síntomas similares. La paciente continuó con vómitos y sensación de mareo, sin lograr mantener una hidratación adecuada; posteriormente, acudió al servicio de urgencias del hospital acompañada por su pareja.

A su llegada al servicio de urgencias, presentaba una temperatura oral de 36,0 °C, presión arterial de 122/88 mmHg, frecuencia respiratoria de 20 respiraciones por minuto, frecuencia cardíaca de 88 latidos por minuto y saturación de oxígeno del 100 % respirando aire ambiente. Refirió dolor epigástrico y náuseas persistentes; tras su llegada al servicio de urgencias, se observaron varios episodios de vómitos, cuyo contenido no presentaba sangre ni bilis. Asimismo, la paciente manifestó mareo, sensación de inestabilidad y vértigo continuos. La revisión por sistemas fue negativa para fiebre, dolor torácico, diarrea, hematoquecia, melena, anorexia, tos, disnea, cefalea, parestesias, alteraciones visuales y debilidad motora. Su pareja informó que la paciente había acudido al servicio de urgencias con síntomas similares dos meses antes; dichos síntomas se habían resuelto espontáneamente y habían sido tratados con antieméticos y antiácidos. La pareja describió a la paciente como una persona con "estómago sensible" y señaló que a menudo presentaba síntomas similares tras ingerir alimentos picantes. Cuatro horas después de la llegada al servicio de urgencias, la temperatura oral era de 35,8 °C, la presión arterial de 139/93 mmHg, la frecuencia cardíaca de 130 latidos por minuto, la frecuencia respiratoria de 25 respiraciones por minuto y la saturación de oxígeno del 99 % mientras el paciente respiraba aire ambiente. Su peso era de 50 kg y su índice de masa corporal era de 18. La paciente estaba inquieta y agitada. Presentaba taquicardia sin soplos y los pulmones estaban limpios a la auscultación. El abdomen estaba ligeramente sensible a la palpación profunda del epigastrio; no se observaron masas ni hepatoesplenomegalia. El examen neurológico mostró nistagmo en la mirada frontal lateral que se resolvió espontáneamente; no se observaron otras anomalías en las pruebas pupilares ni de los músculos extraoculares. La marcha era normal, y no presentaba déficits motores ni sensitivos.

Se inició tratamiento con solución de Ringer lactato intravenosa, ondansetrón y famotidina.

Los resultados de las pruebas de laboratorio destacaron por un nivel de bicarbonato en sangre de 10 mmol/L (rango de referencia: 23 a 32), con niveles sanguíneos normales de sodio, cloruro y glucosa. La brecha aniónica fue de 21 mmol/L (rango de referencia: 3 a 17). Un análisis de gases en sangre venosa reveló un pH de 7,23 (rango de referencia: 7,30 a 7,40) y una presión parcial de dióxido de carbono de 26 mm Hg (rango de referencia: 30 a 50). Los niveles de alanina aminotransferasa, aspartato aminotransferasa, bilirrubina, fosfatasa alcalina y albúmina fueron normales, al igual que los resultados de las pruebas de función renal. Los resultados de otras pruebas de laboratorio se muestran en la Tabla 1.



Tabla 1. Datos de laboratorio.

La tomografía computarizada de abdomen y pelvis, realizada tras la administración de contraste yodado intravenoso, no mostró anomalías. Seis horas después de su llegada al servicio de urgencias, la paciente refirió un aumento del mareo. Se mostraba más ansiosa y menos participativa que en la entrevista previa. Se le pidió a su pareja, que aún estaba presente, que abandonara la sala de exploración para permitir la evaluación de la posibilidad de que la violencia de pareja contribuyera al cuadro clínico. Tras la salida de la pareja, la paciente se fue activando y mostrando ansiedad progresivamente, caminando de un lado a otro, angustiada y llorando, y solicitó el alta hospitalaria. No reportó abusos por parte de su pareja y afirmó sentirse segura y mejor si él la acompañaba durante su estancia en el hospital. La paciente deseaba recibir el alta voluntaria. Sin embargo, en el contexto de la desregulación emocional, no mostró la capacidad suficiente para hacerlo, y fue sometida a una retención psiquiátrica y a monitorización clínica debido a la preocupación por una acidosis metabólica grave. Se decidió hospitalizar a la paciente.

Los antecedentes médicos de la paciente incluían estreñimiento y enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE). No tomaba medicamentos recetados ni refería el uso de medicamentos de venta libre, suplementos dietéticos o productos a base de hierbas. No presentaba reacciones adversas conocidas a medicamentos. Vivía con una compañera de piso en Massachusetts y no consumía alcohol, tabaco ni sustancias recreativas. Había nacido en Asia Oriental y era de ascendencia asiática oriental; se había trasladado a Estados Unidos unos años antes de este episodio para cursar estudios universitarios. Mantenía una relación monógama con su pareja.

Los análisis de laboratorio realizados 6 horas después de su llegada al servicio de urgencias mostraron un nivel de bicarbonato en sangre de 9 mmol por litro y un nivel de nitrógeno ureico en sangre de 5 mg por decilitro (2 mmol por litro; rango de referencia: 8 a 25 mg por decilitro [3 a 9 mmol por litro]). Los niveles sanguíneos de ácido láctico y ácido β-hidroxibutírico se encontraban dentro de los límites normales, y los resultados del análisis de orina no mostraron alteraciones. Los estudios toxicológicos en sangre resultaron negativos para etanol, salicilatos, paracetamol y antidepresivos tricíclicos, y las pruebas toxicológicas en orina fueron negativas para opioides, anfetaminas, metabolitos de cocaína y benzodiazepinas. La osmolalidad sérica estaba elevada, situándose en 363 mOsm por kilogramo de agua (rango de referencia: 280 a 296). Los resultados completos de las pruebas de laboratorio se presentan en la Tabla 1.

Se realizó una prueba diagnóstica.

 

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL

Esta joven acudió al servicio de urgencias presentando náuseas, vómitos, dolor epigástrico y mareos. Los estudios de laboratorio revelaron un hiato aniónico que aumentaba progresivamente, y el análisis de gases en sangre confirmó la presencia de acidemia; hallazgos compatibles con una acidosis metabólica con hiato aniónico elevado. Sus antecedentes médicos no presentaban particularidades; cabe destacar que no consumía alcohol ni padecía diabetes mellitus. Aunque la paciente era delgada, no había signos de inanición ni de desnutrición. También informó no haber utilizado analgésicos de venta libre, como paracetamol, antiinflamatorios no esteroideos o aspirina.

La presentación similar de la paciente dos meses antes se había atribuido a ERGE y estreñimiento, pero no se había realizado ninguna prueba de laboratorio.

Esta segunda visita motivó una evaluación más exhaustiva.

 

Definición del trastorno ácido-base

Las pruebas de laboratorio iniciales de la paciente revelaron un nivel de bicarbonato en sangre de 10 mmol/L y Un desequilibrio aniónico de 21 mmol/L. Dadas estas anomalías, es fundamental realizar un análisis de gases en sangre para determinar el estado ácido-base del paciente.1 El análisis de gases en sangre venosa no mostró valores estables, con un pH de 7,23 y una presión parcial de dióxido de carbono de 26 mmHg, hallazgos compatibles con acidosis metabólica con compensación respiratoria. Clínicamente, este diagnóstico se vio respaldado por la agitación visible y la hiperpnea de la paciente.2

 

Acidosis metabólica

La acidosis metabólica con un desequilibrio aniónico elevado se produce en presencia de un exceso de ácidos orgánicos o inorgánicos. En solución, estos ácidos se disocian liberando un protón con carga positiva y una base conjugada con carga negativa. El protón se une al bicarbonato, produciendo agua y dióxido de carbono, mientras que la base conjugada resultante permanece en solución. La base conjugada (el anión no medido) tiene carga negativa, y por lo tanto, reemplaza al bicarbonato consumido, lo que resulta en la preservación de la electroneutralidad sin cambios en el nivel de cloruro ni ensanchamiento de la brecha aniónica.

Es notable que el nivel de bicarbonato de este paciente fuera menor de lo esperado dado el grado de brecha aniónica, según la aproximación clínica de que cada aumento de 1 mmol en la brecha aniónica consume 1 mmol de bicarbonato. Este hallazgo sugiere la presencia de una acidosis metabólica superpuesta con una brecha aniónica normal.

Se han utilizado varias mnemotecnias para ayudar a desarrollar un diagnóstico diferencial de acidosis metabólica con brecha aniónica elevada. Quizás los más comunes de estos son “MUDPILES” (metanol, metformina, uremia, cetoacidosis diabética, paraldehído, isoniazida, hierro, ácido láctico, etilenglicol y salicilatos) y “GOLD MARK” (glicoles, oxoprolina, ácido l-láctico, ácido d-láctico, metanol, aspirina, insuficiencia renal y cetoacidosis). El más reciente, el acrónimo GOLD MARK, incorpora oxoprolina y propilenglicol y omite el paraldehído, que ya no se usa.3 El propilenglicol es un diluyente en algunos medicamentos intravenosos comunes, incluidos el lorazepam, el diazepam, la digoxina, el fenobarbital y la fenitoína; se metaboliza en el hígado a ácido l-láctico y ácido d-láctico. La presencia de oxoprolina (un metabolito del paracetamol) puede provocar acidosis metabólica con brecha aniónica elevada con el uso prolongado de paracetamol, especialmente en mujeres y personas desnutridas.⁴ Además, el cianuro y el monóxido de carbono pueden causar acidosis metabólica con brecha aniónica elevada se debe considerar la intoxicación por óxidos en el diagnóstico diferencial de la acidosis metabólica con brecha aniónica elevada.

Varios diagnósticos podían descartarse fácilmente basándose en las reglas mnemotécnicas MUDPILES y GOLD MARK. Se descartó la uremia debido a que la función renal del paciente era normal. Se consideró la acidosis láctica, dada la taquicardia y el dolor abdominal de la paciente, pero los niveles sanguíneos de ácido láctico no estaban elevados. Se eliminaron del diagnóstico diferencial la cetoacidosis diabética, alcohólica o por ayuno, ya que el paciente presentaba niveles normales de glucosa en sangre, niveles indetectables de ácido β-hidroxibutírico en sangre y niveles indetectables de cuerpos cetónicos en orina. Los niveles sanguíneos de etanol, paracetamol y salicilatos resultaron indetectables; es importante tener en cuenta que estas mediciones dependen del tiempo transcurrido y que una ingestión previa no puede descartarse únicamente mediante estudios de laboratorio. No obstante, los niveles normales de aspartato aminotransferasa y alanina aminotransferasa, así como el índice internacional normalizado (INR) normal observados en este paciente, no son compatibles con hepatotoxicidad por paracetamol.

 

Ingestión de alcoholes tóxicos

En el contexto de una acidosis con brecha aniónica de origen desconocido, la medición de la osmolalidad sérica puede aportar información valiosa al permitir calcular la brecha osmolar, la cual puede indicar la presencia en sangre de osmoles no medidos, como los alcoholes tóxicos. La osmolalidad sérica calculada del paciente, basada en los valores de laboratorio obtenidos al momento de la presentación, fue de 285 mOsm por kilogramo de agua (según la fórmula: [2 × nivel de sodio] + [nivel de glucosa/18] + [nivel de nitrógeno ureico/2,8]), mientras que la osmolalidad sérica medida fue de 363 mOsm por kilogramo de agua, lo que resultó en una brecha osmolar de 78 mOsm por kilogramo de agua (valor de referencia: <10). Una brecha osmolar elevada en el contexto de una acidosis metabólica con brecha aniónica aumentada sugiere fuertemente la presencia de una sustancia osmóticamente activa no medida y, dada la presentación clínica de este paciente, motivó considerar de inmediato la ingestión de alcoholes tóxicos. Cabe señalar que la brecha osmolar suele alcanzar su valor máximo poco después de la ingestión y puede normalizarse a medida que el compuesto original se metaboliza en sus metabolitos de ácidos orgánicos tóxicos —los cuales, a su vez, aumentan la brecha aniónica—; esto significa que una brecha osmolar normal no descarta la toxicidad y que es preciso tener en cuenta el momento en que se realiza la evaluación.

Basándose en estos hallazgos, la causa más probable de la acidosis metabólica de este paciente fue la ingestión de un alcohol tóxico como metanol, etilenglicol o propilenglicol, considerándose también la oxoprolina (ácido piroglutámico). El metanol es metabolizado por la enzima alcohol deshidrogenasa (ADH) a formaldehído y, posteriormente, a ácido fórmico; este último puede acumularse y provocar acidosis metabólica, alteraciones visuales, daño en el nervio óptico y, en casos graves, coma y muerte. Los signos clínicos pueden manifestarse entre 30 minutos y 4 horas después de la ingestión. La toxicidad por metanol es un fenómeno mundial, con una incidencia creciente de brotes asociados a bebidas alcohólicas adulteradas que causan posiblemente miles de muertes cada año, especialmente en países de ingresos bajos y medios, donde el tratamiento con fomepizol es escaso y el tratamiento con etanol resulta costoso.7-10

El etilenglicol sigue una vía metabólica distinta: el ácido glicólico se metaboliza en el hígado a ácido oxálico, el cual se une al calcio, dando lugar a la deposición de oxalato de calcio en el riñón. La acumulación de estos cristales puede provocar necrosis tubular proximal e insuficiencia renal. A diferencia de los otros alcoholes, el propilenglicol no genera un metabolito tóxico *per se*, pero satura las vías normales de eliminación y puede causar acidosis metabólica con brecha aniónica elevada y una brecha osmolar aumentada. La oxoprolina se acumula cuando se agotan las reservas de glutatión —como ocurre con el uso prolongado de paracetamol en contextos de desnutrición o enfermedad renal—; estos cambios pueden inhibir la enzima 5-oxoprolinasa y provocar acidosis metabólica con brecha aniónica elevada, una condición que a menudo pasa desapercibida. Dado que el paciente no había estado expuesto a medicamentos intravenosos ni a grandes cantidades de paracetamol, centramos nuestra estrategia terapéutica en el manejo de una posible intoxicación por metanol o etilenglicol.

 

Tratamiento ante la incertidumbre

El tratamiento tras la ingestión de alcoholes tóxicos no debe retrasarse a la espera de confirmar un diagnóstico definitivo. Se debe administrar fomepizol, un inhibidor de la ADH, para bloquear la conversión de metanol o etilenglicol en sus metabolitos tóxicos. Dado que el folato es necesario para la eliminación del ácido fórmico en personas con toxicidad por metanol, y que la tiamina y la piridoxina favorecen vías metabólicas alternativas en personas con toxicidad por etilenglicol, la coadministración de vitaminas del grupo B —incluidas la tiamina y la leucovorina (también conocida como ácido folínico)— constituye una intervención de bajo riesgo.8-10 En el caso de este paciente, también se consultó al servicio de nefrología para valorar la posibilidad de realizar hemodiálisis.

 

IMPRESIÓN CLÍNICA

Se solicitó la interconsulta al servicio de nefrología para pacientes hospitalizados con el fin de evaluar la acidosis metabólica de la paciente. Los resultados iniciales de las pruebas de laboratorio mostraron una acidosis metabólica mixta —con brecha aniónica elevada y normal— y una compensación respiratoria adecuada. La concentración sérica de creatinina era normal, considerando la edad y la constitución física de la paciente. El nivel de ácido láctico en sangre era normal, y tanto la concentración de salicilatos en sangre como la de cetonas en orina resultaron indetectables.

Ante una acidosis metabólica con brecha aniónica elevada de causa incierta, debe medirse rápidamente la osmolalidad sérica para evaluar la posible ingestión de alcoholes tóxicos. La brecha osmolar de esta paciente casi octuplicaba el límite superior del rango normal, mientras que el nivel de etanol en sangre era indetectable. Dada la magnitud de la brecha osmolar y la presencia de una brecha aniónica elevada, se consideró que la ingestión de un alcohol tóxico era el diagnóstico más probable en este caso.

El metanol y el etilenglicol se metabolizan dando lugar a ácidos fuertes; esto genera inicialmente una brecha osmolar debida al alcohol original y, posteriormente, una acidosis metabólica con brecha aniónica elevada que empeora progresivamente, pasando por una fase intermedia de acidosis metabólica mixta (con brecha osmolar y aniónica elevadas). No fue posible determinar con certeza si el mareo referido por la paciente reflejaba cierto grado de alteración visual indicativo de toxicidad por metanol, debido a su estado de agitación durante su estancia en el servicio de urgencias. La paciente afirmó no haber ingerido ninguna sustancia específica, por lo que los antecedentes referidos por ella no resultaron útiles para diferenciar entre ambos alcoholes tóxicos.

Se inició un tratamiento empírico con fomepizol y se comenzó una perfusión continua de bicarbonato sódico para corregir la acidemia. Pocas horas después de haberse obtenido una muestra de sangre de la paciente para analizar los niveles de metanol, se dispuso del resultado, que fue de 190 mg por decilitro (valor de referencia: negativo); esto confirmó el diagnóstico de toxicidad por metanol y condujo al inicio de hemodiálisis de urgencia. Debido al estado de agitación y confusión de la paciente, esta no pudo dar su consentimiento para colocación de un catéter temporal para hemodiálisis e inicio de la hemodiálisis; sin embargo, dada, la gravedad de la intoxicación y la necesidad de un tratamiento inmediato, el equipo médico decidió proceder.

DIAGNÓSTICO PRESUNTIVO DE LA SALA

Ingestión de alcoholes tóxicos.

 

DIAGNÓSTICO CLÍNICO

Toxicidad por metanol.

 

ANÁLISIS DEL MANEJO TOXICOLÓGICO

El metanol se encuentra en muchos productos domésticos, como artículos para automóviles y disolventes de limpieza. Al ingerirse, el metanol se absorbe rápidamente en el tracto gastrointestinal; por consiguiente, la descontaminación gastrointestinal con carbón activado por vía oral tiene una utilidad mínima. El lavado gástrico no está indicado, pero puede considerarse la aspiración gástrica mediante una sonda nasogástrica u orogástrica en casos de sobredosis intencional de gran volumen inmediatamente después de la ingestión. Además de las medidas estándar de estabilización y reanimación, el tratamiento de la toxicidad por metanol implica inhibir la producción de ácido fórmico mediante la administración de fomepizol (o 4-metilpirazol), un inhibidor de la ADH; corregir la acidosis con la administración de bicarbonato de sodio; y eliminar el metanol y sus metabolitos tóxicos mediante hemodiálisis (Fig. 1). El tratamiento debe iniciarse en una fase temprana del curso clínico basándose en una fuerte sospecha diagnóstica y no debe retrasarse a la espera de la medición de los niveles sanguíneos de metanol por parte del laboratorio.

 


Figura 1. Intoxicación por metanol y tratamiento.

Se presentan las manifestaciones clínicas y los hallazgos de laboratorio típicamente asociados a la intoxicación por metanol, junto con los mecanismos de acción de los diversos agentes farmacológicos utilizados en su tratamiento, indicados en color verde.


El factor predictivo más importante de complicaciones y muerte en pacientes que han ingerido metanol es el grado de acidosis, observándose una elevada mortalidad con un pH inferior a 7,00. El estado de coma en el momento de la presentación también predice una alta mortalidad y secuelas neurológicas a largo plazo.11 Dado que el grado de acidosis se correlaciona directamente con la gravedad y el desenlace, el tratamiento con bicarbonato de sodio intravenoso...

Se recomienda el uso de bicarbonato cuando el pH es inferior a 7,30 y puede continuarse hasta que el pH se normalice. Pueden ser necesarias grandes cantidades de bicarbonato de sodio para corregir la acidosis derivada del metabolismo del alcohol original en su ácido tóxico.

Se evita la producción adicional de ácido fórmico inhibiendo la ADH mediante la administración de fomepizol. Las indicaciones específicas para iniciar el bloqueo de la ADH incluyen: una concentración de metanol en sangre superior a 20 mg/dL; antecedentes de intoxicación por metanol con una brecha osmolar superior a 10 mOsm/kg de agua; sospecha de ingestión de metanol con un pH arterial inferior a 7,30; o una concentración de bicarbonato en sangre inferior a 20 mmol/L. Cabe destacar que es necesario ajustar la frecuencia de administración de fomepizol durante la hemodiálisis.12 El retraso en el bloqueo de la ADH puede provocar un empeoramiento de la acidosis, alteraciones visuales y secuelas neurológicas permanentes. Además, las pruebas confirmatorias de los niveles de metanol deben realizarse en un laboratorio de referencia, ya que muchos hospitales carecen de los recursos para analizar alcoholes tóxicos, lo que puede retrasar la confirmación del diagnóstico.13 Al evaluar la toxicidad por metanol, resulta prudente solicitar también pruebas confirmatorias para detectar una posible toxicidad concomitante por etilenglicol.

Si no se dispone de fomepizol, puede utilizarse etanol para inhibir la ADH, manteniendo la concentración de etanol en sangre entre 100 y 150 mg/dL. Como inhibidor competitivo, la ADH presenta una afinidad por el etanol diez veces mayor que por el metanol.14 Sin embargo, determinar la dosis de etanol que debe administrarse es complejo y puede agravar la depresión del sistema nervioso central, además de provocar hipotensión, vómitos e hipoglucemia, especialmente en niños o pacientes desnutridos.14

En pacientes con toxicidad grave, la hemodiálisis constituye el tratamiento definitivo para eliminar el metanol y sus metabolitos tóxicos. La hemodiálisis oportuna elimina el alcohol original y sus metabolitos, corrige la acidosis y ayuda en el manejo de líquidos y electrolitos.15 Se prefiere la hemodiálisis intermitente a la terapia de reemplazo renal continua, aunque esta última es aceptable si no se dispone de hemodiálisis.

La hemodiálisis está indicada ante cualquiera de las siguientes situaciones atribuidas a la intoxicación por metanol: coma, convulsiones, nuevos déficits visuales, acidosis metabólica con un pH arterial de 7,15 o menor, acidosis metabólica persistente a pesar de medidas de soporte y antídotos adecuados, una brecha aniónica sérica superior a 24 mmol por litro o una concentración de metanol mayor de 50 mg por decilitro en ausencia de un inhibidor de la ADH.16 Si no se dispone de la concentración de metanol, una brecha osmolar elevada también puede aportar información al considerar la hemodiálisis. Los criterios recomendados para suspender la hemodiálisis o la inhibición de la ADH son un estado ácido-base normal y una concentración de metanol inferior a 20 mg por decilitro. Las alteraciones visuales no constituyen una indicación para continuar la hemodiálisis tras la corrección del trastorno ácido-base y la eliminación del metanol, ya que no existe un tratamiento específico para el daño irreversible del nervio óptico inducido por metanol. Pequeños estudios han investigado el uso de eritropoyetina y glucocorticoides para la neuropatía óptica inducida por metanol, con resultados contradictorios17; por tanto, actualmente no se recomienda su uso sistemático. Por último, la leucovorina (ácido folínico) puede contribuir a la eliminación del ácido fórmico y administrarse hasta que se haya eliminado el metanol y se resuelva la acidosis; sin embargo, faltan datos de estudios recientes en humanos que respalden su eficacia clínica.

 

Análisis del manejo psiquiátrico

En términos generales, las sustancias tóxicas pueden ingresar al organismo de tres formas: ingestión intencionada por parte del paciente (con el fin de intoxicarse, suicidarse o autolesionarse sin fines suicidas), administración intencionada por un tercero (con el posible objetivo de cometer un homicidio, inducir una enfermedad o realizar una broma pesada) e ingestión accidental (por contaminación [p. ej., veneno mezclado accidentalmente con alimentos o bebidas], sustitución [p. ej., beber de un recipiente equivocado] o preparación inadecuada [p. ej., fermentación que genera un subproducto imprevisto]) (Tabla 2).

 


Tabla 2. Consideraciones psiquiátricas para identificar la causa de la intoxicación por sustancias tóxicas.

 

Muchas de estas posibilidades conllevan sus propios diagnósticos diferenciales respecto a una enfermedad psiquiátrica subyacente. Por ejemplo, el suicidio podría estar motivado por un trastorno bipolar subyacente, una depresión mayor o un trastorno de la personalidad, mientras que la inducción de una enfermedad podría darse en el contexto de un trastorno de la personalidad o un trastorno facticio. En el caso de este paciente, la posibilidad de una ingestión o administración intencionada nos llevó, como consultores psiquiátricos, a «pensar mal» —es decir, a considerar la existencia de posibles motivos ocultos que podrían haber impulsado a la paciente o que otros oculten información a los profesionales sanitarios (o los engañen).18

Al considerar la posibilidad de una ingestión intencionada con fines suicidas en esta paciente, inicialmente se mantuvo una medida de retención psiquiátrica; razonamos que el riesgo de que la paciente abandonara el hospital tras un posible intento de suicidio superaba el riesgo de retenerla contra su voluntad, especialmente dada la gravedad de su estado. La entrevistamos a solas, empleando un lenguaje no crítico y formulando hipótesis con cautela19 al indagar sobre una posible ingestión. Asimismo, obtuvimos información de fuentes externas y evaluamos la presencia de trastornos psiquiátricos concomitantes. Inicialmente, la paciente se mostró evasiva y reaccionó de forma extraña a las preguntas, probablemente debido a un estado de intoxicación. Finalmente, dado que reiteró en varias ocasiones durante un periodo de 48 horas que no se había producido ninguna ingestión intencionada, y al no existir pruebas suficientes que respaldaran dicha hipótesis, se levantó la medida de retención legal.

La posibilidad de una administración intencionada por parte de un tercero planteó una cuestión de seguridad importante que los psiquiatras rara vez consideran: ¿representa otra persona un peligro inminente para esta paciente? Se evaluaron el acceso y el motivo, y entrevistamos por separado tanto a la paciente como a sus redes de apoyo social, examinando detenidamente aquellos aspectos de sus relatos que no coincidían. También consideramos posibilidades contextuales más amplias, incluida la trata de personas, aunque estimamos que era una opción poco probable. En colaboración con el asesoramiento jurídico del hospital, decidimos informar a la paciente sobre esta posibilidad, pero no emprender ninguna otra acción.

Por último, analizamos los posibles mecanismos de una ingestión accidental. La investigación se centró en los alimentos y bebidas consumidos en las 48 horas previas; sin embargo, la paciente y su pareja afirmaron no haber ingerido productos fermentados ni bebidas alcohólicas, y negaron sistemáticamente haber estado expuestos a disolventes, líquido limpiaparabrisas, anticongelante, productos de limpieza u otras fuentes domésticas de metanol. Dado que el paciente era de ascendencia asiática y, por tanto, podría haber presentado niveles reducidos de ADH, consideramos la posibilidad de que esta circunstancia teóricamente hubiera conducido a niveles de metanol superiores a los esperados tras una ingestión pequeña, si bien dicha consideración era especulativa.20

 

CURSO HOSPITALARIO

Una vez que se constató que el nivel de metanol estaba marcadamente elevado, se decidió iniciar hemodiálisis de urgencia. Dada la ansiedad y agitación persistentes de la paciente, esta fue trasladada a la unidad de cuidados intensivos médicos, donde se inició una perfusión continua de dexmedetomidina para la colocación de un catéter temporal de hemodiálisis. Basándonos en el nivel inicial de metanol de la paciente y en su peso, estimamos que 6 horas de hemodiálisis serían suficientes para eliminar el metanol y sus metabolitos tóxicos.

Dado que la obtención de los niveles de metanol puede llevar horas, utilizamos marcadores indirectos para estimar cuándo se había eliminado por completo de la circulación de la paciente. Interrumpimos la hemodiálisis una vez que el pH sanguíneo y el nivel de bicarbonato en sangre se normalizaron y cuando la brecha osmolar descendió por debajo de 10. Cuando finalmente se dispuso de las determinaciones seriadas de metanol, estas confirmaron un descenso rápido: de 190 mg por decilitro a un valor inferior al límite de detección en un plazo aproximado de 5 horas tras el inicio de la hemodiálisis.

Nunca se determinó con certeza la fuente del metanol en este caso. La paciente negó sistemáticamente haber ingerido ninguna sustancia específica y manifestó no temer sufrir daños causados ​​por terceros. La medida de retención psiquiátrica, vigente desde su ingreso ante la imposibilidad de descartar ingesta intencional, se retiró al tercer día de hospitalización, y la paciente optó por el alta voluntaria poco después.

 

DIAGNÓSTICO FINAL

Intoxicación por metanol

 

Traducido de:

A 28-Year-Old Woman  with Nausea, Dizziness, and Metabolic Acidosis

Hilarie H. Cranmer, M.D., M.P.H. Timothy B. Erickson, M.D.  Scott R. Beach, M.D. and Kendra E. Wulczyn, M.D., M.P.H.

 

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