martes, 16 de diciembre de 2025

Varón de 79 años con disnea, edema y desplazamiento del cable del marcapasos

Un hombre de 79 años fue ingresado en el Tercer Hospital Afiliado de la Universidad Sun Yat-sen en Guangzhou, China, debido a disnea y edema en brazos y piernas.

El paciente se encontraba en su estado de salud habitual hasta 17 meses antes del ingreso actual, cuando fue hospitalizado por un infarto agudo de miocardio inferolateral con elevación del segmento ST, por el cual se le implantó un stent liberador de fármacos en la arteria circunfleja izquierda. Durante dicho ingreso, una tomografía computarizada (TC) de tórax, realizada sin contraste intravenoso, mostró calcificación de las arterias coronarias, pero por lo demás fue normal. Se inició tratamiento con aspirina, clopidogrel, atorvastatina, perindopril y metoprolol, y el paciente fue dado de alta. Tres meses después, se sometió a una intervención coronaria percutánea programada por etapas para tratar una oclusión crónica de la arteria coronaria derecha.

Dos meses antes del ingreso actual, el paciente acudió al Tercer Hospital Afiliado de la Universidad Sun Yat-sen por molestias torácicas de esfuerzo. Un electrocardiograma ( Figura 1A ) mostró paro sinusal con bradicardia de la unión y ondas P retrógradas. El nivel de tirotropina en sangre fue normal. Se suspendió el tratamiento con metoprolol. Los resultados de la ecocardiografía transtorácica fueron normales. La angiografía coronaria mostró stents permeables en las arterias circunfleja izquierda y coronaria derecha. Se implantó un marcapasos bicameral permanente, pero se presentaron dificultades durante la implantación del electrodo auricular, con umbrales de detección bajos y de estimulación altos en múltiples sitios de la aurícula derecha donde se intentó la implantación, incluyendo la orejuela auricular derecha. Finalmente, se optó por un sitio de implantación poco convencional (el ostium de la orejuela auricular derecha), lo que resultó en un umbral de estimulación de 0,5 V (valor de referencia <1,0), un umbral de detección de 1,5 mV (valor de referencia ≥1,5) y una impedancia de estimulación de 722 ohmios (rango de referencia: 400 a 1000) en el electrodo auricular derecho. Tras la implantación del marcapasos, los síntomas de esfuerzo del paciente desaparecieron. Se reinició el tratamiento con metoprolol y fue dado de alta.

 


Figura 1. Electrocardiogramas e imágenes cardíacas iniciales.

Un electrocardiograma obtenido dos meses antes del ingreso actual (Panel A) muestra paro sinusal con ritmo de escape de la unión AV a una frecuencia de 46 latidos por minuto; se observan ondas P retrógradas, como lo indican las deflexiones negativas regulares en el segmento ST y la onda T después del complejo QRS. Un electrocardiograma obtenido al ingreso (Panel B) muestra estimulación ventricular y evidencia de disociación auriculoventricular (en comparación, la actividad auricular regular, que se observa mejor en las derivaciones III y V1 , se indica con asteriscos) y latidos de captura (flechas). La fluoroscopia realizada al ingreso (Panel C) muestra que la ubicación del electrodo del marcapasos auricular (flecha) parece haber cambiado con respecto a la observada en la fluoroscopia realizada en el momento de la colocación del electrodo (Panel D), a pesar de que ambas imágenes muestran un plano de imagen similar. Un ecocardiograma transtorácico obtenido en la vista subcostal (Panel E) muestra una masa de 5 cm (flecha) que oblitera la aurícula derecha y rodea el electrodo del marcapasos. Las imágenes axiales de la angiotomografía computarizada (angio-TC) de tórax, realizadas tras la administración de contraste intravenoso (paneles F y G), muestran una masa no captante de contraste (flechas amarillas) que ocluye la aurícula derecha. El panel F muestra un corte axial superior, obtenido a la altura de la raíz aórtica, mientras que el panel G muestra un corte axial inferior, obtenido a la altura del seno coronario. La presencia del signo del vaso flotante (flechas rojas) sugiere que la masa rodea la vasculatura coronaria. También se observan derrames pleurales y embolia pulmonar subsegmentaria (panel G, flecha azul)

 

 

Un mes después del alta, el paciente presentó disnea de esfuerzo e hinchazón en la cara, los brazos y las piernas. Durante las siguientes cuatro semanas, la disnea persistió y el edema empeoró. El paciente fue evaluado en la consulta de su cardiólogo ambulatorio y, posteriormente, ingresado en el Tercer Hospital Afiliado de la Universidad Sun Yat-sen.

En el hospital, el paciente no refirió cambios de peso, anorexia, disfagia, odinofagia, cambios en la voz, síntomas oculares, dolor o presión torácica, ortopnea, disnea paroxística nocturna, hemoptisis, tos, palpitaciones, mareo, aturdimiento, síncope, erupciones cutáneas nuevas, síntomas gastrointestinales ni síntomas neurológicos. En sus antecedentes médicos constaba una infección por el coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV-2) aproximadamente seis meses antes. Su medicación incluía aspirina, clopidogrel, atorvastatina, metoprolol y perindopril. No tenía antecedentes de reacciones adversas a medicamentos. No había antecedentes familiares conocidos de enfermedad cardiovascular ni cáncer. El paciente era un médico jubilado y vivía en una zona urbana del sur de China con su cónyuge. Había fumado medio paquete de cigarrillos al día durante 40 años, pero había dejado de fumar aproximadamente diez años antes de su ingreso actual. No consumía alcohol ni drogas ilícitas.

En la exploración física, la temperatura axilar era de 36,1 °C, la frecuencia cardíaca de 60 latidos por minuto, la presión arterial de 122/70 mmHg, la frecuencia respiratoria de 16 respiraciones por minuto y la saturación de oxígeno del 100 % respirando aire ambiente. El rostro presentaba edema sin cambios de coloración. La presión venosa yugular era de 15 cm de agua. La auscultación pulmonar reveló estertores crepitantes bibasales. Presentaba edema simétrico de grado 3+ en brazos y piernas. El resto de la exploración fue normal.

El recuento de leucocitos, la fórmula leucocitaria y los niveles de bilirrubina, fosfatasa alcalina, hemoglobina glicosilada, tirotropina y fibrinógeno fueron normales, al igual que el tiempo de protrombina y el tiempo de tromboplastina parcial; los resultados de otras pruebas de laboratorio se muestran en la Tabla 1. La prueba para el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) tipos 1 y 2 fue negativa. De acuerdo con el protocolo estándar del Tercer Hospital Afiliado de la Universidad Sun Yat-sen, se realizaron al paciente las pruebas de laboratorio de rutina a pacientes mayores al ingreso, incluyendo la determinación de los niveles sanguíneos de alfa-fetoproteína, CA 125, CA 19-9 y antígeno carcinoembrionario; todos los resultados fueron normales. Se obtuvo una muestra de sangre para cultivo.

 


Tabla 1. Datos de laboratorio.

Un electrocardiograma ( Figura 1B ) mostró estimulación ventricular y evidencia de disociación auriculoventricular. La interrogación del marcapasos reveló que los umbrales de estimulación y detección del electrodo ventricular derecho eran normales, pero el umbral de estimulación del electrodo auricular derecho era superior a 8,0 V, el umbral de detección era indetectable y la impedancia de estimulación era de 1197 ohmios. La fluoroscopia ( Figuras 1C y 1D ) mostró que la posición del electrodo auricular había cambiado con respecto a la observada en el momento de su colocación dos meses antes.

La ecocardiografía transtorácica ( Figura 1E ) reveló una ecodensidad en la aurícula derecha de 5 cm × 4 cm con áreas internas heterogéneas e hipoecoicas; dicha masa no se había observado en la ecocardiografía transtorácica realizada dos meses antes. La masa ocluía la aurícula derecha y rodeaba el electrodo del marcapasos. Se evidenció hipocinesia regional inferolateral con función ventricular global normal. Se observó insuficiencia tricuspídea leve, una presión sistólica ventricular derecha estimada ligeramente elevada y derrame pericárdico moderado. No se pudo medir ni el gradiente de presión transtricuspídeo ni el grado de variación respiratoria de la velocidad intracardíaca. La vena cava inferior y la vena cava superior fueron difíciles de visualizar.

Al día siguiente, se realizó una angiotomografía computarizada (angio-TC) de tórax ( Figuras 1F y 1G ) tras la administración de contraste intravenoso. Se identificó una masa irregular en la aurícula derecha de 9,1 cm × 7,6 cm × 10,4 cm. Se observó el signo del vaso flotante, lo que indicaba que una arteria coronaria estaba rodeada por la masa; sin embargo, no se observó afectación vascular, invasión ni compresión asociadas a la misma. Otros hallazgos incluyeron linfadenopatía mediastínica múltiple, calcificación de las arterias coronarias, embolia pulmonar segmentaria en los lóbulos superior e inferior derechos, nódulos pulmonares bilaterales, derrame pericárdico moderado, dilatación de la vena cava inferior sin masa palpable y derrame pleural bilateral.

Se administró heparina de bajo peso molecular por vía subcutánea y se inició tratamiento con furosemida, espironolactona y empagliflozina por vía oral. Se modificó la configuración del marcapasos debido a una disfunción del electrodo auricular. Se administró tratamiento empírico con cefoperazona en combinación con sulbactam por vía intravenosa. Durante los días siguientes, el edema continuó aumentando y la disnea persistió.

Al sexto día de hospitalización, se realizó una ecocardiografía transesofágica ( Figuras 2A, 2B y 2C ). La masa medía 8,4 cm × 7,1 cm × 6,0 cm y ocluía la aurícula derecha. La masa estaba adyacente a la raíz aórtica y parecía infiltrar los tejidos contiguos. Presentaba señales Doppler color internas variables, un hallazgo compatible con vasos atrapados.

 


Figura 2. Imágenes adicionales de la masa en la aurícula derecha.

Un ecocardiograma transesofágico, obtenido mediante una ventana medioesofágica tras 5 días de tratamiento anticoagulante (Paneles A, B y C), muestra una masa en la aurícula derecha de 8,4 cm × 7,1 cm × 6,0 cm que la ocluye completamente (Panel A, asterisco); se observan señales Doppler color internas variables dentro de la masa (Panel B). La masa también se encuentra adyacente a la raíz aórtica (Ao) (Paneles A y C) y parece infiltrar los tejidos adyacentes (Panel C, asteriscos). Las imágenes de tomografía por emisión de positrones (PET-TC) (Paneles D y E) muestran captación de 18F -fluorodesoxiglucosa (FDG) en la masa auricular derecha (flecha roja). Se observan múltiples ganglios linfáticos aumentados de tamaño y con alta captación de FDG en el mediastino, siendo el más prominente un ganglio linfático hiliar aumentado de tamaño (estación 10R, flecha amarilla). Este ganglio sería accesible para biopsia diagnóstica mediante punción transbronquial con aguja guiada por ultrasonido endobronquial. El panel E muestra que no existen otras localizaciones inesperadas con alta captación de FDG en el resto del cuerpo. AI indica aurícula izquierda.

 

 

Los hemocultivos obtenidos en el momento del ingreso actual no mostraron crecimiento bacteriano.

Se realizaron pruebas diagnósticas y se tomaron decisiones sobre el tratamiento.

 

Diagnóstico diferencial

Este hombre de 79 años, exfumador con enfermedad coronaria conocida complicada por un infarto de miocardio que requirió la colocación de un stent, presentó disnea y edema dos meses después de la implantación de un marcapasos permanente debido a una arritmia sinusal. La combinación de disnea y edema en este paciente inicialmente sugería insuficiencia tricuspídea grave tras la implantación del marcapasos, insuficiencia cardíaca como consecuencia de una miocardiopatía isquémica, síndrome de la vena cava superior, derrame pericárdico o constricción pericárdica. Sin embargo, las pruebas de imagen iniciales mediante ecocardiografía transtorácica identificaron una masa en la aurícula derecha, que se consideró la causa más probable de sus síntomas.

La correcta identificación de la causa de una masa cardíaca es un primer paso fundamental para facilitar un manejo y tratamiento adecuados. Para llegar al diagnóstico más probable en este caso, consideraré la edad del paciente y las comorbilidades, así como las características de imagen de la masa intracardíaca en la ecocardiografía transtorácica, la tomografía computarizada y la ecocardiografía transesofágica. 1-3

 

Trombo en la aurícula derecha

La trombosis es la causa más común de una masa intracardíaca. Un trombo en la aurícula derecha suele estar relacionado con dispositivos implantados, catéteres o electrodos de marcapasos y puede provocar embolia pulmonar. Además, puede formarse un trombo en presencia de un tumor en la aurícula derecha. Dado el historial de este paciente de implantación y desplazamiento de electrodos de marcapasos, así como la embolia pulmonar observada en la angiotomografía computarizada, inicialmente se consideró la posibilidad de un trombo y se le administró tratamiento anticoagulante empírico. Sin embargo, el rápido crecimiento de la masa en un lapso de 5 días entre la ecocardiografía transtorácica inicial y la ecocardiografía transesofágica posterior, a pesar del tratamiento anticoagulante, hizo improbable la presencia de un trombo.

 

Endocarditis infecciosa

Una endocarditis infecciosa con vegetación en el electrodo del marcapasos auricular derecho y émbolos pulmonares podría explicar la presencia de una masa en la aurícula derecha y embolia pulmonar. Sin embargo, los pacientes con endocarditis infecciosa suelen presentar signos y síntomas de infección sistémica, como fiebre, escalofríos, anorexia y pérdida de peso, ninguno de los cuales presentaba este paciente. Si bien la infección sistémica puede ser sutil según el microorganismo causante, varios aspectos de la presentación clínica de este paciente hacen improbable la endocarditis infecciosa. En primer lugar, la masa sería inusualmente grande para una vegetación. En segundo lugar, el rápido crecimiento observado durante la hospitalización del paciente, mientras recibía tratamiento empírico con antimicrobianos de amplio espectro, sería inesperado. En tercer lugar, los hemocultivos resultaron negativos, específicamente para los microorganismos tradicionalmente clasificados en el grupo HACEK (especies de Haemophilus, Aggregatibacter actinomycetemcomitans , Cardiobacterium hominis , Eikenella corrodens y Kingella kingae ).

 

Metástasis cardíacas

La incidencia de metástasis cardíacas es de 20 a 40 veces mayor que la de tumores cardíacos primarios. Entre los cánceres que metastatizan al corazón, el más común es el cáncer de pulmón, seguido del cáncer de mama, el cáncer de riñón, el melanoma y el linfoma. Este paciente presentaba derrame pericárdico, frecuente en pacientes con metástasis cardíacas, y su historial de tabaquismo aumenta el riesgo de padecer diversos tipos de cáncer, especialmente de pulmón. Si bien la tomografía computarizada (TC) de tórax mostró linfadenopatía mediastínica y nódulos pulmonares, ninguna de las masas sugería la presencia de cáncer de pulmón. El carcinoma de células renales, el carcinoma hepatocelular y el leiomiosarcoma primario de la vena cava inferior pueden extenderse directamente desde la vena cava inferior hacia la aurícula derecha, manifestándose como un defecto intraluminal. Aunque la vena cava inferior era difícil de visualizar en la ecocardiografía transtorácica, no se observó ninguna masa en la vena cava inferior en la TC de tórax. No se detectó un cáncer primario evidente en este paciente; sin embargo, la metástasis cardíaca sigue siendo un diagnóstico posible.

 

Tumores cardíacos primarios benignos

Los mixomas auriculares son los tumores cardíacos primarios benignos más frecuentes en adultos. Se presentan con mayor frecuencia en la aurícula izquierda que en la derecha y suelen estar adheridos al tabique interauricular, sobre todo cerca de la fosa oval. En la ecocardiografía, los mixomas se observan móviles y lisos, con una ecotextura homogénea. La masa observada en este paciente tenía un punto de inserción incierto, no parecía móvil y presentaba una ecotextura heterogénea. Estos hallazgos, junto con el rápido aumento de tamaño, hacen improbable que se trate de un mixoma.

Los lipomas también presentan un aspecto homogéneo en la ecocardiografía, suelen localizarse en el miocardio y no suelen obstruir la luz auricular. El rápido crecimiento de la masa en este paciente tampoco concuerda con un lipoma. Los fibroelastomas papilares, otro tipo de tumor cardíaco primario benigno, suelen tener una inserción valvular. Los rabdomiomas son los tumores cardíacos primarios benignos más frecuentes en lactantes y niños, pero son raros en adultos, por lo que serían poco probables en este paciente. 7

La mayoría de los paragangliomas cardíacos son benignos, pero presentan características malignas hasta en el 10 % de los casos. Los paragangliomas cardíacos se localizan con mayor frecuencia en la aurícula izquierda, seguidos del tabique interauricular; ocasionalmente pueden provocar el envolvimiento de una arteria coronaria, hallazgo observado en la ecocardiografía transtorácica de este paciente. Los paragangliomas cardíacos secretores pueden causar taquicardia, temblores, palpitaciones, rubor facial, hipertensión o hipotensión debido a la secreción de catecolaminas como noradrenalina, adrenalina o dopamina. Los paragangliomas cardíacos no secretores pueden producir síntomas compresivos, embólicos u obstructivos, como se observó en este paciente. Sin embargo, el rápido crecimiento de la masa en este paciente hace improbable el diagnóstico de paraganglioma cardíaco.

 

Tumores cardíacos primarios malignos

El rápido crecimiento de la masa auricular observado en las imágenes seriadas de este paciente sugería un tumor cardíaco primario maligno, si bien este diagnóstico es infrecuente. Aproximadamente el 95 % de los tumores cardíacos primarios malignos son sarcomas, generalmente angiosarcomas o rabdomiosarcomas . Los angiosarcomas suelen aparecer en el surco auriculoventricular derecho, invadiendo con frecuencia el pericardio y la pared de la aurícula derecha. Las áreas de necrosis y hemorragia dentro de los angiosarcomas generan una apariencia heterogénea en las imágenes, como se observó en este paciente. También pueden presentarse derrames pericárdicos y pleurales en los angiosarcomas, ya que estos pueden invadir directamente el pericardio y la pleura. Los rabdomiosarcomas cardíacos son tumores cardíacos malignos, agresivos y poco frecuentes que se observan con mayor frecuencia en niños, pero que también pueden presentarse en adultos y se asocian a un mal pronóstico. Pueden originarse en diversas localizaciones, con mayor frecuencia en la aurícula derecha, seguida de la aurícula y los ventrículos izquierdos.

El segundo tumor cardíaco primario maligno más frecuente es el linfoma cardíaco primario, cuya incidencia está aumentando en todo el mundo. Entre los factores de riesgo se incluyen la infección por VIH, la infección por el virus de Epstein-Barr y el trasplante de órganos. El tipo histológico más frecuente de linfoma cardíaco primario es el linfoma difuso de células B grandes (LDCBG), seguido del linfoma folicular de células B, el linfoma de Burkitt, el linfoma de células T y otros. Los linfomas cardíacos primarios tienen predilección por el lado derecho del corazón, incluida la aurícula derecha. Las personas con linfoma cardíaco primario pueden presentar una amplia variedad de síntomas constitucionales, disnea, arritmias, bloqueos cardíacos e insuficiencia cardíaca. En la ecocardiografía, los linfomas cardíacos primarios se asocian con diversos hallazgos, como engrosamiento de la pared, masas infiltrativas o masas nodulares. En la tomografía computarizada (TC) de tórax, también pueden observarse linfadenopatía mediastínica y nódulos pulmonares. El signo del vaso flotante observado en la angio-TC de tórax de este paciente se ha descrito en pacientes con linfomas agresivos que rodean la arteria coronaria derecha y es altamente sugestivo de linfoma cardíaco primario.

Al evaluar a este paciente, consideré que su cuadro clínico era compatible con un tumor cardíaco primario maligno de rápido crecimiento que ejercía efecto de masa en la aurícula y afectaba el electrodo del marcapasos, siendo el linfoma cardíaco primario el diagnóstico más probable. Para confirmar el diagnóstico, realizaría una pericardiocentesis con análisis citológico del líquido pericárdico, cuya sensibilidad para el diagnóstico de linfoma cardíaco primario es de aproximadamente el 60 %. Si el examen citológico del líquido no es concluyente, se podría realizar una biopsia de la masa auricular mediante un abordaje endovascular percutáneo, dada su dimensión y ubicación. Sin embargo, los riesgos incluyen hemorragia, arritmia, perforación de la cavidad cardíaca y embolización. Otra opción sería la biopsia de los ganglios linfáticos afectados mediante un abordaje periférico, mediastínico o endobronquial. La tomografía por emisión de positrones (PET-TC) podría ayudar a determinar qué ganglio seleccionar.

 

Diagnóstico Presuntivo

Desplazamiento del electrodo del marcapasos debido a un tumor cardíaco primario maligno, muy probablemente un linfoma cardíaco primario.

 

Pruebas de diagnóstico

El nivel sanguíneo de lactato deshidrogenasa estaba elevado (845 U por litro; valor de referencia, <250).

Se realizó una tomografía por emisión de positrones (PET-TC) con 18F-fluorodesoxiglucosa (FDG) ( Figuras 2D y 2E ) para ayudar a identificar un cáncer primario y obtener información sobre posibles sitios para biopsia. Las imágenes mostraron una marcada captación de FDG sobre la masa auricular derecha. Se observó una intensa captación de FDG adyacente en un ganglio linfático mediastínico del hilio derecho (estación 10R), y se detectaron otros ganglios mediastínicos metabólicamente activos. Este patrón de afectación ganglionar sugería un linfoma, muy probablemente un linfoma cardíaco primario en lugar de un linfoma metastásico, dado que no se encontraron otros sitios de captación de FDG.

Se realizó una pericardiocentesis y se drenaron 300 ml de líquido hemático. El análisis citológico del líquido pericárdico mostró numerosos linfocitos, con un pequeño número de neutrófilos y células mesoteliales ( Figura 3A ); no se observaron células con apariencia claramente anormal.

 


Figura 3. Muestra de líquido pericárdico y muestra de biopsia de un ganglio linfático mediastínico.

La tinción con hematoxilina y eosina del líquido obtenido del derrame pericárdico (Panel A) muestra una gran cantidad de linfocitos. La tinción con hematoxilina y eosina de una biopsia de un ganglio linfático mediastínico (estación 10R) (Paneles B y C [mayor aumento]) muestra un borramiento de la arquitectura tumoral debido a una proliferación difusa de linfocitos medianos y grandes. La tinción inmunohistoquímica de la biopsia (Panel D) muestra que las células tumorales son fuertemente positivas para el marcador de linfocitos B CD20.

 

Dado que el análisis del líquido pericárdico no fue diagnóstico, se requirió una biopsia de tejido para obtener un diagnóstico. Se consideró que la biopsia transvenosa de la masa en la aurícula derecha presentaba un alto riesgo debido a la posibilidad de embolización distal o rotura del vaso o la aorta; en nuestro centro contamos con poca experiencia en este tipo de biopsia. Tras una exhaustiva discusión multidisciplinaria, optamos por una biopsia por aspiración con aguja transbronquial guiada por ultrasonido endobronquial del ganglio linfático hiliar derecho que había mostrado una marcada captación de FDG en la PET-TC.

 

Discusión patológica

La tinción con hematoxilina y eosina de la muestra de biopsia obtenida del ganglio linfático hiliar derecho ( Figuras 3B y 3C ) mostró obliteración arquitectural debido a una proliferación difusa de linfocitos medianos y grandes. Las células neoplásicas presentaban un aspecto citológico uniforme, con nucléolos centrales únicos y prominentes, y una cantidad apreciable de citoplasma basófilo. Las características histológicas fueron compatibles con un linfoma de células B grandes.

La tinción inmunohistoquímica de la muestra mostró que la mayoría de las células expresaban fuertemente marcadores de células B, como CD20 ( Figura 3D ) y CD79a. La tinción inmunohistoquímica fue positiva para la proteína 6 del linfoma de células B (BCL6) y el oncogén 1 del mieloma múltiple (MUM1). Además, si bien la tinción para CD10 fue negativa, la tinción para el linfoma de células B 2 (BCL2) fue de moderada a fuertemente positiva en aproximadamente el 90 % de las células tumorales; la tinción para C-MYC fue de moderada a fuertemente positiva en aproximadamente el 40 % de las células tumorales. El marcador de proliferación Ki-67 se detectó en aproximadamente el 95 % de las células tumorales, un hallazgo que indicó una rápida renovación y crecimiento celular. La hibridación in situ para el ARN pequeño codificado por el virus de Epstein-Barr fue negativa. Estos hallazgos histopatológicos confirmaron el diagnóstico de linfoma difuso de células B grandes (LDCBG, subtipo de células B no centro germinal). La biopsia de médula ósea no mostró afectación de la médula ósea.

 

Diagnóstico patológico

Linfoma cardíaco primario, específicamente linfoma difuso de células B grandes (subtipo de células B no centro germinal).

 

 

Debate sobre la gestión

El linfoma cardíaco puede presentarse como una neoplasia primaria, originándose en el corazón, o como un cáncer metastásico secundario, diseminándose al corazón desde otra parte del cuerpo. 13,14 El linfoma cardíaco primario es poco frecuente y representa el 1,3 % de los tumores cardíacos primarios.  El tipo más común de linfoma cardíaco primario es el linfoma difuso de células B grandes (LDCBG). El linfoma cardíaco secundario es más frecuente que el linfoma cardíaco primario; se ha identificado afectación cardíaca en hasta el 25 % de las autopsias realizadas en pacientes con linfoma. 13,14

El algoritmo de Hans se desarrolló para determinar el origen celular del linfoma difuso de células B grandes (LDCBG) mediante tinción inmunohistoquímica con anticuerpos contra CD10, BCL6 y MUM1, y para clasificarlo en subtipos de células B del centro germinal y de células B no del centro germinal (este último con peor pronóstico). El LDCBG cardíaco primario suele ser del fenotipo de células B no del centro germinal, y muchas muestras analizadas de linfoma cardíaco primario expresan tanto BCL2 como C-MYC, 17,18 como se observó en este paciente.

El linfoma cardíaco primario progresa rápidamente y a menudo se diagnostica en una etapa avanzada. Los pacientes no tratados suelen fallecer en el plazo de un mes tras el diagnóstico, y con el tratamiento actual, la mediana de supervivencia global es de 7 a 12 meses. La incidencia de recidiva es alta. Entre los factores de riesgo de mal pronóstico se incluyen la edad avanzada, la enfermedad extracardíaca concomitante (linfoma mediastínico) y las arritmias —todos presentes en este paciente—, así como la afectación del ventrículo izquierdo asociada al linfoma cardíaco primario y la inmunosupresión.

Debido a la fragilidad del paciente y la preocupación por un posible síndrome de lisis tumoral como consecuencia de la gran carga tumoral, se planificó que el primer ciclo de tratamiento consistiera en un régimen de rituximab (un anticuerpo monoclonal anti-CD20), vincristina y prednisona. Tras comprobarse que el paciente presentaba mínimos efectos secundarios durante el primer ciclo, el segundo ciclo se basó en un régimen estándar R-CHOP (rituximab, ciclofosfamida, doxorubicina, vincristina y prednisona).

Siete semanas después del inicio de la quimioterapia, la tomografía computarizada de tórax, realizada tras la administración de contraste intravenoso ( Figuras 4A y 4B ), mostró una marcada reducción del tamaño de la masa en la aurícula derecha (4,8 cm × 3,5 cm × 3,1 cm). Los ganglios linfáticos mediastínicos también habían disminuido de tamaño.

 


Figura 4. Tomografía computarizada de tórax de seguimiento.

Las imágenes axiales de la tomografía computarizada (TC) de tórax de seguimiento, obtenidas tras dos ciclos de quimioterapia (paneles A y B), muestran una marcada reducción del tamaño de la masa en la aurícula derecha (flechas rojas) en comparación con las imágenes iniciales de la TC. El panel A muestra un corte axial superior, a la altura de la raíz aórtica, mientras que el panel B muestra un corte axial inferior, a la altura del seno coronario.

 

 

El análisis del marcapasos mostró que el umbral de estimulación del electrodo auricular derecho había disminuido a 5,0 V, el umbral de detección había mejorado a 1,0 mV y la impedancia de estimulación se había normalizado a 627 ohmios. Estos hallazgos sugirieron una mejoría en la conexión del electrodo auricular derecho con el miocardio auricular. Atribuimos esta mejoría a la administración de quimioterapia; tras el tratamiento, se observó una reducción en el tamaño de la masa, junto con una posible disminución de la infiltración miocárdica por el linfoma cardíaco primario, con una menor desviación del electrodo auricular.

 

Seguimiento

Dos meses después de iniciar la quimioterapia, el edema remitió y el paciente pudo realizar sus actividades cotidianas sin disnea y con solo una leve opresión torácica tras la actividad física. El nivel del propéptido natriurético tipo B N-terminal disminuyó a 746 pg/ml. El nivel sanguíneo de lactato deshidrogenasa disminuyó a 190 U/l.

Siete semanas después de la tomografía computarizada (TC) de tórax de seguimiento, recidivó el edema en las piernas y aparecieron disnea y fatiga, a pesar del tratamiento con tres ciclos adicionales de R-CHOP. Se realizó una nueva TC de tórax que mostró que la masa había aumentado de tamaño a 7,0 cm × 7,0 cm × 4,3 cm. Además, el nivel sanguíneo de lactato deshidrogenasa aumentó a 527 U/L. Debido a la progresión de la enfermedad, se cambió el régimen de quimioterapia a rituximab, gemcitabina y oxaliplatino; sin embargo, no se observó mejoría clínica tras tres ciclos durante las siguientes ocho semanas. El nivel sanguíneo de lactato deshidrogenasa aumentó aún más a 1007 U/L. Posteriormente, se administraron ciclos de un régimen de rituximab, lenalidomida y el inhibidor de la tirosina quinasa de Bruton, orelabrutinib, que provocó erupción facial.

Otras opciones para el tratamiento del linfoma cardíaco primario incluyen radioterapia, trasplante autólogo de células madre y terapia con células T con receptor de antígeno quimérico (también conocida como terapia con células T CAR), pero en este paciente de edad avanzada, se cambió el régimen de quimioterapia a rituximab, metotrexato y vincristina. Lamentablemente, a pesar de estos cambios en su plan de tratamiento, la enfermedad del paciente continuó progresando y falleció 10 meses después del diagnóstico inicial.

 

Preguntas

¿Podría la parada sinusal en este paciente estar relacionada con el diagnóstico de linfoma cardíaco primario?

En aquel momento, la principal sospecha se centraba en la isquemia miocárdica o en el daño isquémico del sistema de conducción, pero los hallazgos de la angiografía coronaria no presentaron cambios con respecto al estudio previo realizado tras la intervención coronaria percutánea, y otras evaluaciones de isquemia resultaron negativas. Nuestra hipótesis es que una infiltración miocárdica oculta asociada a un linfoma cardíaco primario podría haber contribuido a la disfunción del nodo sinoauricular. Esta hipótesis se ve corroborada por la dificultad inicial para colocar el electrodo auricular derecho debido a los elevados umbrales de estimulación, lo que, en retrospectiva, sugiere que el linfoma había invadido el subendocardio dos meses antes de la presentación clínica manifiesta, a pesar de que el tumor aún no se había detectado en las pruebas de imagen.

Diagnóstico final

Linfoma cardíaco difuso primario de células B grandes.

 

 

 

 

Traducido de:

“A 79-Year-Old Man with Dyspnea, Edema, and Pacemaker-Lead Displacement”

Authors: Jinlai Liu, M.D., Zhuoshan Huang, M.D., Xujing Xie, M.D., Jiafu Ou, M.D., David M. Dudzinski, M.D., Jingyun Wen, M.D., and Chunkui Shao, M.D.Author Info & Affiliations

Published November 12, 2025 N Engl J Med 2025;393:1941-1951.DOI: 10.1056/NEJMcpc2412534 VOL. 393 NO. 19

 

 

 

https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMcpc2412534?query=featured_secondary_home

 

 

Referencias

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2. Tyebally S, Chen D, Bhattacharyya S, et al. Cardiac tumors: JACC CardioOncology state-of-the-art review. JACC CardioOncol 2020;2:293-311.

 


3. Pino PG, Moreo A, Lestuzzi C. Differential diagnosis of cardiac tumors: general consideration and echocardiographic approach. J Clin Ultrasound 2022;50:1177-1193.


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lunes, 15 de diciembre de 2025

Casos Clínicos: Varón de 76 años en hemodiálisis con dolor y tumefacción en hombro derecho

La Dra. Mazy Blanco, de Camaguán, Guarico, Venezuela, envió esta imagen con el siguiente texto:

 

Buenas noches master, al servicio acude masculino de 76 años de edad con antecedentes de enfermedad renal crónica estadio 5 en hemodiálisis e hipertensión arterial sistémica estadio II actualmente presentando dolor y aumento de volumen en hombro derecho de varios meses de evolución que no cede con analgésicos convenciones. Al examen físico paciente afebril, hidratado, con palidez cutáneo mucosa, portador de catéter permacath derecho, se aprecia aumento de volumen en hombro derecho, doloroso a la palpación y a los movimientos activos y pasivos. Se solicita radiografía de hombro derecho AP dónde se aprecia radiotransparencia a nivel de húmero próximal



 

Dra. Mazy Blanco.

Camaguán. Guarico. Venezuela

 

 

Opinión: En la imagen se observa una destrucción casi completa de la epífisis humeral proximal, visualizándose sólo el reborde cortical humeral de la articulación glenohumeral derecha. Esta lesion osteolítica a nivel de la cabeza humeral está reemplazada por una imagen tumoral con densidad de partes blandas que deforma y agranda la región del hombro y es coincidente con la clínica, en la que se objetiva un aumento de volumen de la región. La masa se continúa distalmente con una disminución de la densidad de la medular del húmero. Hay una solución de continuidad perióstica en el borde interno del húmero. Existe un catéter tunelizado a través de la región anterior del tórax, de hemodiálisis (permacath), que está alejado de la zona de conflicto y por lo tanto, creo que no debiera atribuírsele ninguna relación causal con el proceso en discusión. Más allá de que este hallazgo se da en un paciente en estadio V de fallo renal crónico en terapia dialítica, y en quien cabe esperar alteraciones del metabolismo fosfocálcico, osteodistrofia renal, hiperparatiroidismo secundario o aun terciario, y de que debe realizarse una actualización de su laboratorio metabólico, nada parece justificar el hallazgo patológico. El aspecto de la masa es francamente maligno, y podría tratarse de un TUMOR PRIMARIO DE HUESO, una METÁSTASIS ÓSEA de otro sitio, o bien una ENFERMEDAD MALIGNA DE PARTES BLANDAS de la región con destrucción ósea secundaria. Como opción alejada, se podría considerar un TUMOR PARDO EN EL CONTEXTO DE HIPERPARATIROIDISMO TERCIARIO.

Es necesario estudiar en forma exhaustiva a este paciente con un laboratorio completo, que incluya un proteinograma electroforético  (mieloma múltiple por ejemplo, justificaría el hallazgo y el fallo renal)e imágenes (US, TAC de hombro y toracoabdominal) previas a una biopsia de la zona que seguramente confirmará el diagnóstico.


domingo, 14 de diciembre de 2025

Casos Clínicos: Varón de 22 años, ordeador, con lesión en dedo de la mano.

 

La Dra. Noelia Danelys López Díaz, de Juigalpa, Nicaragua, envió esta imagen con el siguiente texto:

 Buenas noches Dr, quería que me ayudara con un caso de un paciente



Soy médico general en Nicaragua, llegó a mi consulta un paciente masculino 22 años de edad, con historia de que se había lastimado con una astilla el dedo, pero que no dejó sus ocupaciones laborales, él ordeña vacas, notó que la herida se le infectó acudió a consulta siendo tratado con un esquema de dicloxacilina 500 mg cada 6 horas x 7 días sin mejoría, luego acudió donde otro médico donde fue tratado con doble antibiótico, levofloxavino y clindamicina sin mejoría, luego con esquema de ceftriaxona 2gr IV id sin mejoría, sin alteraciones  en los signos vitales. Tiempo de evolución de la lesión 45 días.



  



Dra. Noelia Danelys López Díaz.

Juigalpa. Nicaragua.






Opinión: Se trata de una lesión proliferativa que involucra la casi totalidad de la cara dorsal del cuarto dedo de la mano, que comienza en la región proximal a nivel de la metacarpofalángica y respeta la porción más distal que corresponde a la tercera falange. La superficie es ulcerada, anfractuosa, de aspecto verrugoso, cubierta de un tejido de aspecto “en empedrado”, a expensas de pequeñas zonas proliferativas nodulares que le dan aspecto de tejido de granulación.

En general, en este tipo de lesiones, el elemento más importante para la aproximación diagnóstica es la historia clínica completa, haciendo especial hincapié en la epidemiología del paciente. Considerando entonces este caso específico, este paciente presenta dos datos que son importantes en sus antecedentes epidemiológicos, uno es su oficio de ordeñador, y otro es el antecedente traumático (inoculación con una astilla de madera en el sitio de la lesión actual). Respecto a la patología que pueden presentar los ordeñadores, el ORF, también llamado ECTIMA CONTAGIOSO, es una infección viral zoonótica, autolimitada y altamente contagiosa producido por un parapoxvirus, que afecta clásicamente la mano, y que en ocasiones, cuando adopta formas diseminadas y verrugosas, puede dar un aspecto similar al de este paciente. Sin embargo, orf, se ve únicamente en pacientes que ordeñan, esquilan, o están en contacto con cabras u ovejas, vivas o muertas, y por lo tanto, aunque no se puede descartar dado su ámbito de trabajo rural, este paciente ordeña vacas y no ovejas o cabras, y, por lo tanto la probabilidad de orf es baja. El NÓDULO DEL ORDEÑADOR, en cambio, también conocido como PARAVACCINIA, es una infección por parapoxvirus que los humanos pueden contraer de las vacas lecheras, pero el aspecto del nódulo del ordeñador, es justamente eso, un nódulo, y aunque a veces puede adoptar características verrugosas y más diseminadas como en este caso, este diagnóstico no parece probable. El antecedente de haberse clavado una astilla de madera obliga a considerar CROMOBLASTOMICOSIS, también llamada CROMOMICOSIS, que es una micosis granulomatosa, crónica e indolente causada por la inoculación transcutánea de conidios y/o micelios de diversas especies de hongos melanizados, y se ve en en climas tropicales y subtropicales al que pertenece este paciente. El diagnóstico se podría confirmar mediante la identificación de elementos fúngicos característicos denominados células muriformes (también conocidas como cuerpos escleróticos o cuerpos de Medlar) en una preparación con hidróxido de potasio o en una biopsia de piel. Hay muchos diagnósticos diferenciales tanto de causa infecciosa como no infecciosa. Entre las de causa infecciosa podemos citar a la TUBERCULOSIS VERRUCOSA CUTIS, la BLASTOMICOSIS, la HISTOPLASMOSIS, ESPOROTRICOSIS, ACTINOMICOSIS, y la LEISHMANIASIS CUTÁNEAS. Todas estas entidades tienen una metodología diagnóstica específica, y es muy probable que en este caso, el diagnóstico deba apoyarse en herramientas diagnósticas como las microbiológicas, incluyendo raspado de las lesiones con tinciones específicas, entre ellas OHK, biopsias cutáneas para anatomía patológica y cultivos de las mismas para diferentes microorganismos. Entre las causas  no infecciosas, el CARCINOMA DE CÉLULAS ESCAMOSAS, ENFERMEDAD DE  BOWEN, PODOCONIOSIS etc.

 

 

sábado, 13 de diciembre de 2025

Casos Clínicos: Varón de mediana edad con pigmentación cutánea facial.

El Dr. Sandoval Dani Dani, de Ciénaga, Colombia envía estas imágenes con el siguiente texto:

Doctor buenas tardes




Doc tengo un paciente que vi circunstancialmente y que por lo tanto carezco de  toda información sobre su historia, antecedentes etcétera, pero me llamó la atención  algo muy particular para ver si entonces usted me ayuda. Si usted se fija, en algunas regiones de la cara tiene zonas muy oscuras. El paciente refirió que lo notó hace un tiempo que no puede precisar, pero que no lo tuvo toda su vida.

 






Dr. Sandoval Dani Dani.

Ciénaga. Colombia.

 



Opinión: Efectivamente se observa, especialmente en ambas regiones malares y periorbiculares, hiperpigmentación de color gris ceniza o gris pizarra azulado, en el contexto de un paciente con piel naturalmente oscura (Tipo V/VI) de la clasificación de Fitzpatrick). Dado la clínica de la aparición de este signo, podemos hablar de un trastorno adquirido de la pigmentación. Los trastornos de la pigmentación cutánea comprenden un amplio grupo de afecciones de la piel caracterizadas por un aumento de cromóforos de origen melanótico (hiperpigmentación) o de cromóforos no melanóticos (hipercromías). Generalmente la hiperpigmentación obedece a mayor acumulación de melanina (hipermelanosis), tanto en la epidermis como en la dermis, pero a veces la pigmenatción obedece a la acumulación de pigmentos endógenos o exógenos como hemosiderina, hierro o metales pesados. Por ello, podemos imaginar que la causa de  hiperpigmentación abre un abanico enorme de posibilidades que la historia clínica general y dirigida debe desentrañar. En este caso, por lo poco que sabemos de la historia, se trata de un trastorno adquirido, de hiperpigmentación localizada, mal definida ya que asienta sobre piel naturalmente oscura. No parece haber inflamación actual, pero desconocemos si puede haber existido algún proceso inflamatorio previo en esa zona que justifique hiperpigmentación posinflamatoria. Tampoco sabemos si el paciente padece alguna enfermedad sistémica o ha estado expuesto a algún medicamento nuevo. No sabemos si fuma, o si existe algún ambiente laboral o recreacional que lo exponga a sustancias químicas que puedan causar hiperpigmentación. La luz de Wood puede hacer su aporte al diagnóstico, por ejemplo determinar si la hiperpigmentación es predominantemente epidérmica, dérmica o mixta. La dermatoscopía también puede ser de ayuda en determinar la causa de la hiperpigmentación.

En este caso, y con los elementos con que contamos podríamos proponer algunos diagnósticos tentativos. Por una cuestión de frecuencia, hay que decir que hay una larga lista de FÁRMACOS (amiodarona, fenotiazinas, AINES, ATB etcétera), que producen hiperpigmentación facial, y un simple interrogatorio aclara el punto. La DISCROMÍA MADURATIVA, o HIPERPIGMENTACIÓN MADURATIVA, que consiste en el oscurecimiento del tono de la piel del rostro, frecuente en personas mayores con piel oscura sobre todo en las zonas más expuestas al sol. Generalmente coexiste con hiperpigmentación en el dorso de las manos y pies, como resultado de la exposición solar crónica (fotoenvejecimiento). Sin embargo, la hiperpigmentación madurativa debe ser un diagnóstico de exclusión, es decir, después de haber excluido otros diagnósticos. La  HIPERPIGMENTACIÓN PERIORBITARIA, también llamada HIPERCROMÍA CUTÁNEA IDIOPÁTICA DE LA REGIÓN ORBITARIA, MELANOSIS PERIORBITARIA, OJERAS O PIGMENTACIÓN INFRAORBITARIA, es frecuente en personas sanas, y la discromía alrededor de la piel orbitaria suele ser bilateral y de  color oscuro, pudiendo presentarse en los párpados superiores, inferiores o en ambos. La HIPERPIGMENTACIÓN MACULAR DÉRMICA ADQUIRIDA es un término general que engloba trastornos caracterizados clínicamente por máculas y parches pigmentados de tamaño variable. Estas enfermedades incluyen el ERITEMA DISCRÓMICO PERSTANS o DERMATOSIS CENICIENTA, el LIQUEN PLANO PIGMENTOSO, la MELANOSIS DE RIEHL o DERMATITIS DE CONTACTO PIGMENTADA y la PIGMENTACIÓN MACULAR ERUPTIVA IDIOPÁTICA. En estos casos, hay que hacer el diagnóstico diferencial con la OCRONOSIS EXÓGENA, que es una afección poco frecuente causada por la deposición de ácido homogentísico en la dermis tras una exposición prolongada a diversos productos tópicos utilizados para aclarar la piel, como hidroquinona, el resorcinol, el fenol, el mercurio y el ácido pícrico, que requiere una biopsia de piel para certificar el diagnóstico.  El NEVUS DE OTA es una mácula de color azul-grisáceo o marrón que aparece en la cara, generalmente alrededor del ojo y debe también ser agregada a la lista. Por último, algunas enfermedades endocrinas, metabólicas y autoinmunes, pueden generar pigmentación y también afectar la cara, ellas son la ENFERMEDAD DE ADDISON, la ACANTOSIS, la HEMOCROMATOSIS HEREDITARIA, pero para la consideración de estos diagnósticos son necesarios más datos de la historia clínica y del laboratorio del paciente. Finalmente, como curiosidad, alguna vez hemos visto imágenes en “EL Rincón”, de pacientes con PIGMENTACIÓN FACIAL POSTERIOR A LA FIEBRE CHIKUNGUNYA, y, en estos casos, la región periorbicular es la más afectada.

 

viernes, 12 de diciembre de 2025

Casos Clínicos: Varón de 75 años, con erupción cutánea generalizada.

La Dra. Janeth Paola Gamboa Borda , de Cochabamba Bolivia, envió estas imágenes con el siguiente texto:

Buenos días doctor. Soy la doctora. Janeth Gamboa escribo desde Brasil.







 Tengo un Paciente masculino de 75 años, hipertenso y fumador crónico, consulta por erupción cutánea generalizada de aproximadamente 20 días de evolución. Las lesiones comenzaron en el abdomen y se extendieron progresivamente a todo el tegumento. Presenta prurito leve, especialmente por la tarde y con el calor, un dato que puede interesar es que el paciente relata que por la mañana al despertar está prácticamente libre de lesiones, las mismas van apareciendo durante el día y empeoran con el calor.

 También relata historia de dolor epigástrico y pérdida del apetito, estos últimos mucho antes del cuadro actual.

 



 



 Dra. Janeth Paola Gamboa Borda 

Cochabamba Bolivia.


En la exploración física se observan múltiples pápulas eritemato-violáceas de alrededor de 0,5 cm de diámetro, no dolorosas, no blanquean a la digitopresión y algunas presentan escoriaciones. No se evidencian signos inflamatorios locales (calor, rubor, edema). Respeta palmas y plantas. Eritema leve periocular y en ambos pies.

El paciente fue tratado previamente con loratadina, permetrina e ivermectina sin mejoría.

Refiere haber estado tomando treonato, un multivitamínico (Polisoma A a Z), diclofenaco y vitamina D semanal antes de comenzar con las erupciones, los cuales suspendió cuando las mismas aparecieron.

También recibió una inyección intramuscular en farmacia (medicación no identificada) hace aproximadamente una semana, pero sin mejoría de las lesiones.

Los análisis previos a este episódio son del dia 5/09/2025:

Colesterol total: 189,2 mg/Dl. HDL: 29 mg/dL ↓.  LDL: 106,4 mg/Dl. Triglicéridos: 119 mg/Dl. Glucemia en ayuno: 118,7 mg/Dl. Hemoglobina glicosilada: 6,4%. TGO: 19,7 U/L.  TGP: 9,9 U/L. Bilirrubina total: 0,56 mg/Dl. Bilirrubina directa: 0,18 mg/Dl. Bilirrubina indirecta: 0,38 mg/Dl.  Creatinina: 1,08 mg/Dl. Ácido úrico: 3,82 mg/Dl. Hemoglobina : 15,3 g/Dl. Leucocitos: 8.110 /mm³. Plaquetas: 216.000 /mm³. Proteína C reactiva (PCR): 48 mg/L . EAS: sin alteraciones. TSH: 2,1 µUI/Ml. PSA total: 2,89 ng/Ml. Vitamina D: 15,4 ng/Ml. Vitamina B12: 372 pg/Ml. Sangre oculta en heces: negativo.

Ultrasonido abdominal – 08/09/2025 Aorta abdominal: discreta ateromatosis. Próstata: aumentada de tamaño. Intestino: moderada distensión gaseosa.

Actualmente permanece con lesiones papulares purpúricas diseminadas, sin signos sistémicos.

Se indicó tratamiento con prednisona y bilastina, suspensión definitiva de los medicamentos sospechosos, y se solicitaron estudios complementarios (hemograma, TGO, TGP, TAP, TTPA, VHS, FR, VDRL, creatinina, bilirrubinas y PCR).

Me gustaría que pudiesen ayudarme con este caso.

 

 

Opinión: El cuadro parece corresponder a púrpura generalizada a predominio de miembros superiores. Las lesiones, como  toda lesión purpúrica, no desaparece a la vitropresión, parecen algunas de ellas ligeramente elevadas  y por lo tanto harán relieve en la superficie cutánea y serán palpables. Como además, no existe trombocitopenia, podemos caracterizar al cuadro como PÚRPURA PALPABLE. Las causas más prevalentes  de púrpura palpable son las VASCULITIS DE PEQUEÑOS VASOS de la piel, que  pueden afectar arteriolas, capilares y vénulas. Esto puede verse en vasculitis por inmunocomplejos, vasculitis por IgA) (púrpura de Henoch-Schönlein), vasculitis urticarial hipocomplementémica (vasculitis anti-C1q), vasculitis crioglobulinémica,  vasculitis asociada a ANCA como  la poliangeítis microscópica, y la granulomatosis con poliangeítis, granulomatosis eosinofílica con poliangeítis (síndrome de Churg-Strauss).Llama la atención que el predominio sea en brazos y no en piernas donde  por cuestiones gravitacionales este tipo de púrpura predomina. Frente a estos cuadros uno debe responderse al menos tres preguntas; primero si se trata de vasculitis, segundo, si están afectados otros órganos, y tercero cuál es la causa (etiología, fisiopatología y nombre y apellido del proceso). La historia clínica es fundamental en estos casos y en este caso el paciente refiere haber estado tomando medicamentos antes de aparecer este  cuadro, y  por lo tanto es FUNDAMENTAL  que el paciente o sus familiares consigan los medicamentos que tomó este último tiempo, ya que existen causas medicamentosas de vasculitis. Conocer comorbilidades asociadas (por ejemplo, infecciones, hepatitis C o una enfermedad reumática sistémica).Si bien el paciente puede quejarse únicamente de la erupción cutánea, pueden coexistir daños más graves, potencialmente irreversibles o mortales, en otros órganos, como hemorragia alveolar, glomerulonefritis, isquemia mesentérica o mononeuritis múltiple. Debe prestarse especial atención a los órganos que pueden verse afectados en la vasculitis de pequeños vasos, como los pulmones, los riñones, el tracto gastrointestinal y el sistema nervioso central y periférico, entre otros. Un laboratorio es fundamental frente a un paciente con lesiones sospechosas de vasculitis cutánea, y siempre debe considerarse la posibilidad de una enfermedad sistémica subyacente. Se debe solicitar laboratorio completo hemograma, recuento de plaquetas, función renal y hepática, (en este caso hay una PCR muy elevada, probablemente como expresión de cuadro inflamatorio sistémico de base, se debe solicitar FR, FAN, ANCA, VIH, complemento sérico total (complemento hemolítico total [CH50], C3 y C4), IgA, serología para HCV, HBV, crioglobulinas, examen de sedimento de  orina. La biopsia es necesario para confirmar el diagnóstico. Y una radiografía de tórax siempre debe solicitarse.

En cuanto al diagnóstico diferencial no hay que olvidarse  de ESCORBUTO que puede cursar con hemorragias foliculocéntricas que simulan una púrpura palpable vasculítica.

Creo que el antecedente de dolor epigástrico, asociado a la pérdida de apetito, obligan al estudio del abdomen inicialmente con ultrasonografía, además de la actualización de estudios de laboratorio en la búsqueda de alguna patología que pueda tener relación con su cuadro cutáneo

jueves, 11 de diciembre de 2025

Una espiral del pasado no tan lejano...

 En este ejercicio clínico se presenta un caso que es discutido por un médico internista al que se le van proporcionando datos de la historia clínica en forma secuencial, y este analiza el cuadro a la luz de los nuevos elementos, de una manera análoga al proceso diagnóstico en la práctica real de la medicina

 

Un hombre de 83 años acudió al servicio de urgencias con prurito generalizado que había comenzado la noche anterior. Un mes antes, había sido evaluado en el servicio de neurología por una parálisis unilateral del nervio facial periférico. En aquel momento, los resultados de las pruebas de laboratorio mostraron un nivel de hemoglobina de 9,8 g por decilitro, un nivel de alanina aminotransferasa (ALT) de 110 UI por litro (valor normal, ≤41), un nivel de aspartato aminotransferasa (AST) de 92 UI por litro (valor normal, <37), un nivel de fosfatasa alcalina de 515 UI por litro (rango normal, 40 a 130), un nivel de albúmina de 2,8 g por decilitro (rango normal, 3,4 a 5,4) y un nivel de proteína C reactiva (PCR) de 45,4 mg por litro (valor normal, ≤5,0); Los niveles de bilirrubina total y directa fueron normales. La ecografía abdominal reveló esteatosis hepática y esplenomegalia (con un bazo de 14 cm de longitud [longitud normal: 11 cm]); no se observó dilatación biliar ni colelitiasis. Los hallazgos se atribuyeron a un presunto síndrome viral, dado un cuadro febril breve previo.

En la visita de seguimiento una semana después, persistieron las anomalías en las pruebas hepáticas. Las pruebas serológicas para el virus de Epstein-Barr, el citomegalovirus, el virus de la inmunodeficiencia humana y los virus de la hepatitis A, B, C y E resultaron negativas. La parálisis del nervio facial se resolvió tras un tratamiento de 10 días con metilprednisolona a una dosis de 48 mg una vez al día.

Durante las siguientes cuatro semanas, el paciente comenzó a presentar artralgias en rodillas y tobillos, junto con edema en piernas y pies; ocasionalmente, el edema también afectaba la cara, los brazos y las manos. Además, refirió malestar general, anorexia y un aumento de peso de 5 kg en el último mes. Negó fiebre, sudoración nocturna, cefalea, dolor torácico, tos, disnea, dolor abdominal, cambios en los hábitos intestinales y disuria, pero notó oscurecimiento de la orina a pesar de haber aumentado la ingesta de líquidos.

 

Ponente

La presentación del paciente se caracteriza por dos preocupaciones clínicas clave: alteraciones colestásicas persistentes en las pruebas hepáticas y el desarrollo de anasarca. En un adulto mayor con colestasis persistente y sin obstrucción biliar observada en las pruebas de imagen, deben considerarse causas intrahepáticas. Los medicamentos son una causa frecuente de daño hepático, por lo que se requiere una revisión exhaustiva de la medicación, incluyendo el uso de fármacos de venta libre. Entre los fármacos comúnmente implicados se encuentran la amoxicilina-clavulánico, la azitromicina, los esteroides anabólicos y ciertos suplementos herbales. También deben considerarse enfermedades infiltrativas (p. ej., amiloidosis, sarcoidosis o linfoma), enfermedades autoinmunitarias (p. ej., colangitis biliar primaria) y síndromes paraneoplásicos (p. ej., el síndrome de Stauffer en pacientes con carcinoma de células renales). Infecciones como la sífilis, la fiebre Q, la brucelosis y la tuberculosis, así como micosis o infecciones parasitarias (p. ej., equinococosis), también pueden causar infiltración hepática con colestasis, sobre todo en personas mayores o inmunodeprimidas. Si bien el prurito del paciente probablemente se deba a la colestasis, deben considerarse otras causas, como el linfoma.

La anasarca probablemente se deba a hipoalbuminemia, la cual puede ser causada por malnutrición, disfunción hepática o síndrome nefrótico. Otras posibles causas incluyen cardiopatía e inflamación sistémica con aumento de la permeabilidad capilar. Entre los diagnósticos que pueden explicar la combinación de alteraciones en las pruebas hepáticas, anasarca y artralgias se encuentran la crioglobulinemia, la hepatitis autoinmune con manifestaciones sistémicas y una enfermedad infiltrativa o infecciosa. La presencia de niveles elevados de proteína C reactiva (PCR) y anemia también es compatible con un proceso inflamatorio.

 

Evolución

El historial médico del paciente incluía hipertensión arterial de larga data, hipercolesterolemia, hiperplasia prostática benigna y enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Además, se le había diagnosticado adenocarcinoma rectal 20 años antes de la consulta actual, el cual fue tratado con quimioterapia y radioterapia; posteriormente, se le practicó una lobectomía por metástasis pulmonar 10 años antes de la consulta actual. Su medicación incluía olmesartán, simvastatina, tamsulosina y fluticasona-salmeterol inhalada. El paciente informó no tomar suplementos, consumir alcohol, tabaco ni sustancias ilícitas. Había vivido toda su vida en Bélgica y nunca había viajado fuera de Europa Occidental. Refirió mantener una relación monógama con su esposa desde hacía 50 años y no haber tenido relaciones sexuales desde que comenzó el tratamiento oncológico.

 

Ponente

La ausencia de consumo de alcohol o sustancias reduce la probabilidad de una lesión hepática tóxica o relacionada con el alcohol, y su residencia de toda la vida en Europa Occidental y su historial sexual hacen improbables ciertas infecciones, como la hepatitis viral o la sífilis; sin embargo, el consumo de sustancias y la actividad sexual pueden notificarse de forma inexacta. Las infecciones latentes o reactivadas, como la tuberculosis, la sífilis o la hepatitis, siguen siendo posibles diagnósticos. La simvastatina es una causa potencial de lesión hepática inducida por fármacos, aunque un patrón colestásico sería inusual. El olmesartán se ha asociado con lesión hepática colestásica inmunomediada en informes aislados. El antecedente de cáncer tratado sugiere considerar la posibilidad de una enfermedad paraneoplásica o metastásica, si bien el largo intervalo libre de enfermedad hace improbable la recurrencia. La exposición previa del paciente a quimioterapia y radioterapia sugiere la posibilidad de una lesión hepática o vascular tardía, como el síndrome de obstrucción sinusoidal o la hiperplasia nodular regenerativa.

 

Evolución

La temperatura axilar era de 36,7 °C, la frecuencia cardíaca de 63 latidos por minuto, la presión arterial de 181/70 mmHg, la frecuencia respiratoria de 18 respiraciones por minuto y la saturación de oxígeno del 98 % mientras el paciente respiraba aire ambiente. El índice de masa corporal de 24,4. El paciente se encontraba cómodo. No se observó ictericia escleral. No presentaba úlceras orales ni exudados faríngeos, ni linfadenopatía. La pulsación venosa yugular era normal. Los ruidos cardíacos eran normales, sin soplos, roces ni galopes. La auscultación pulmonar fue normal. El abdomen era blando y no distendido, sin dolor a la palpación ni hepatoesplenomegalia palpable. No se observó eritema palmar, ginecomastia ni angiomas aracniformes. Presentaba edema con fóvea de grado 2+ que se extendía hasta las rodillas, junto con un exantema eritematoso, descamativo y difuso ( Figura 1 ). No se observó inflamación ni dolor a la palpación en las articulaciones. El examen neurológico mostró pares craneales íntegros y fuerza motora, sensibilidad, reflejos, coordinación y marcha normales.

 


Figura 1. Fotografía de la erupción cutánea en la pierna del paciente.

Se observa una erupción eritematosa, escamosa y difusa. La erupción le producía picor, pero el paciente no la había notado antes de acudir al servicio de urgencias.

 

Ponente

Es poco probable que el edema en piernas y pies sea de origen cardíaco, dada la presión venosa yugular normal y los hallazgos cardiopulmonares sin alteraciones. No se observan hallazgos (eritema palmar, ginecomastia ni angiomas aracniformes) que sugieran cirrosis avanzada. La inflamación sistémica o la pérdida de proteínas renales parecen ser las explicaciones más probables para la hipoalbuminemia. Las manifestaciones cutáneas, junto con las alteraciones en las pruebas hepáticas, aumentan la sospecha de un trastorno inflamatorio sistémico.

 

Evolución

El nivel de hemoglobina fue de 9,2 g/dl, el volumen corpuscular medio de 98 fl, el recuento de leucocitos de 4980/µl y el recuento de plaquetas de 198 000/µl. El nivel de creatinina sérica fue de 1,8 mg/dl ( en comparación con 1,2 mg/dl un mes antes y 1,0 mg/dl un año antes). El nivel de ALT fue de 52 UI/l, el de AST de 52 UI/l y el de fosfatasa alcalina de 781 UI/l. La bilirrubina total fue de 1,9 mg/dl (32 mmol/l; valor normal: <1,2 mg/dl), la bilirrubina directa de 1,4 mg/dl (valor normal: <0,5 mg/dl), el índice internacional normalizado (INR) de 1,3 y la albúmina de 2,8 g/dl. Todas las pruebas hepáticas habían sido normales un año antes. La proteína C reactiva (PCR) fue de 29,1 mg/l. El análisis de orina mostró 18 eritrocitos/µl, 13 leucocitos/µl, proteinuria (4+) y ausencia de cilindros. La recolección de orina de 24 horas reveló proteinuria, con un nivel de proteínas de 19,8 g/l (valor normal: <0,2 g/l). La relación proteína/creatinina (con proteínas y creatinina medidas en gramos) fue de 7,80 y la relación albúmina/creatinina (con albúmina y creatinina medidas en gramos) fue de 6,76. Los resultados de análisis de sangre adicionales relacionados con la anemia del paciente, realizados después de la evaluación neurológica, mostraron un volumen corpuscular medio de 99,7 fl, un recuento absoluto de reticulocitos de 41 000 por microlitro (rango normal: 20 000 a 100 000), una concentración de lactato deshidrogenasa de 184 UI/l (rango normal: 135 a 250), una concentración de haptoglobina de 2,1 g/l (rango normal: 0,3 a 2,0), una concentración de ferritina de 482 μg/l (rango normal: 30 a 400) y una saturación de transferrina del 29 % (rango normal: 16 a 45). Las concentraciones sanguíneas de vitamina B12 y folato fueron normales. Se obtuvieron dos hemocultivos.

La tomografía computarizada (TC) de abdomen y pelvis ( Figura 2 ), realizada tras la administración de contraste intravenoso, reveló engrosamiento de la pared de la vesícula biliar y del conducto biliar extrahepático con infiltración grasa circundante, así como esplenomegalia leve. La radiografía de tórax no mostró infiltrados ni masas.

 


Figura 2. Imágenes de tomografía computarizada del abdomen y la pelvis.

Una imagen axial obtenida tras la administración de contraste intravenoso (Panel A) muestra engrosamiento de la pared de la vesícula biliar (asterisco) y del conducto biliar extrahepático (flechas) con infiltración grasa circundante. Una imagen coronal obtenida tras la administración de contraste intravenoso (Panel B) también muestra engrosamiento del conducto biliar extrahepático (flechas) con infiltración grasa circundante. Se observa esplenomegalia leve, con un bazo de 13 cm de longitud.

 

Ponente

La elevación persistente de la fosfatasa alcalina, la hiperbilirrubinemia directa y los hallazgos radiológicos de engrosamiento de la pared de la vesícula biliar y del conducto biliar son compatibles con un proceso colestásico. La presencia de infiltración grasa perirrenal y afectación difusa sugiere una colangiopatía inflamatoria o infecciosa, más que una obstrucción mecánica. La anemia parece ser compatible con inflamación.

La albuminuria predominante apunta a un origen glomerular de la proteinuria (es decir, glomerulopatía), en contraposición a la proteinuria tubular (p. ej., nefritis tubulointersticial) o la proteinuria por sobrecarga (p. ej., paraproteinemia). La combinación de anasarca, hipoalbuminemia y proteinuria (>3,5 g de proteína en 24 horas) es diagnóstica de síndrome nefrótico. Dada la disfunción hepatobiliar concomitante, deben considerarse las glomerulopatías asociadas a enfermedades sistémicas, como la glomerulonefritis membranoproliferativa, la amiloidosis y la nefropatía membranosa. Esta última merece especial atención, dada su asociación con el cáncer, las infecciones y las enfermedades autoinmunitarias.

 

Evolución

La prueba de anticuerpos antinucleares resultó positiva con un título de 1:160 y un patrón moteado fino. Las pruebas de anticuerpos anti-ADN de doble cadena, anti-antígenos nucleares extraíbles, anticitoplasma de neutrófilos, anti-músculo liso, antimitocondriales, antimicrosomales de hígado y riñón, título de anticuerpos anti-estreptolisina O, factor reumatoide y anticuerpos anti-péptido cíclico citrulinado fueron negativas. La electroforesis de proteínas séricas reveló un aumento policlonal de inmunoglobulinas; el nivel sérico de IgG4 se encontraba dentro de los límites normales. La prueba de crioglobulinas fue positiva, revelando una crioglobulinemia tipo II (IgM monoclonal e IgG policlonal). El nivel de C4 fue de 0,10 g/L (rango normal: 0,16 a 0,38), con un nivel de C3 normal. Los hemocultivos no mostraron crecimiento bacteriano a los 5 días. La ecocardiografía transtorácica mostró una función biventricular normal y ausencia de vegetaciones valvulares. La biopsia renal ( Figura 3 ) reveló evidencia de nefropatía membranosa. La inmunofluorescencia mostró una intensa tinción epimembranosa de IgG (intensidad 3+), C3 (3+), C1q (2+), kappa (3+) y lambda (3+), con trazas de IgM y ausencia de IgA. La tinción con rojo Congo fue negativa para amiloide. La prueba de anticuerpos contra el receptor de fosfolipasa A2 (PLA2R) en suero fue negativa.

 


Figura 3. Muestras de biopsia del riñón.

La tinción de plata de Jones (Panel A) muestra un glomérulo abierto con asas capilares permeables y sin espículas visibles ni otras alteraciones distintivas en la microscopía óptica, un patrón que puede observarse en pacientes con nefropatía membranosa incipiente. La inmunofluorescencia muestra positividad granular fina a lo largo de la pared capilar glomerular para IgG (de intensidad 3+; Panel B) y C1q (de intensidad 2+; Panel C), hallazgos compatibles con nefropatía membranosa.

 

La tomografía por emisión de positrones (PET-TC) con 18F -fluorodesoxiglucosa ( Figura 4 ) reveló múltiples focos hipermetabólicos en la periferia pulmonar con opacidades en vidrio deslustrado, infiltración grasa y calcificaciones, junto con linfadenopatía moderadamente hipermetabólica en el hilio hepático y ambas regiones axilares, y engrosamiento periportal del conducto hepático. La ultrasonografía endoscópica confirmó la presencia de engrosamiento del conducto colédoco, engrosamiento periportal del conducto hepático y linfadenopatía hiliar. No se realizó punción-aspiración con aguja fina ni biopsia tisular.

 


Figura 4. Imágenes de tomografía por emisión de positrones-TC con 18F-fluorodesoxiglucosa del tórax .

Una imagen axial obtenida a nivel del tórax (Panel A) muestra un foco hipermetabólico en la periferia del pulmón (flecha), junto con linfadenopatía hipermetabólica en ambas regiones axilares (asteriscos). Una imagen axial obtenida a nivel del abdomen (Panel B) muestra linfadenopatía hipermetabólica en el hilio hepático (flecha).

 

Ponente

Un resultado negativo en la prueba de anticuerpos anti-PLA2R descarta la nefropatía membranosa primaria, lo que sugiere una causa secundaria. Otros hallazgos, como la presencia de crioglobulinemia tipo II, infiltrados pulmonares y linfadenopatía difusa, refuerzan la hipótesis de un trastorno inflamatorio multisistémico. La presencia de anticuerpos antinucleares de bajo título es inespecífica, y la ausencia de otros marcadores serológicos autoinmunitarios descarta una enfermedad autoinmunitaria sistémica primaria. Se ha descartado la infección por el virus de la hepatitis C, la causa más común de crioglobulinemia mixta. Otras infecciones crónicas que pueden causar un cuadro clínico similar incluyen la tuberculosis, la sífilis, la endocarditis bacteriana subaguda y la fiebre Q crónica; en particular, las infecciones por micobacterias y espiroquetas son conocidas por simular enfermedades autoinmunitarias y linfoproliferativas.

En esta etapa, se debe priorizar una historia de exposición más detallada y pruebas serológicas específicas para detectar causas infecciosas. Entre los estudios tisulares adicionales se podría incluir la tinción del factor neurotrófico derivado de neuronas, altamente específica para la nefropatía membranosa asociada a la sífilis (aunque no está ampliamente disponible). Si no se identifica una causa infecciosa, estaría justificado realizar una biopsia, preferiblemente de un ganglio linfático, para descartar un trastorno linfoproliferativo.

 

Evolución

Tras un interrogatorio más exhaustivo, el paciente reveló que, durante su servicio militar en su juventud, había tenido múltiples relaciones sexuales sin protección con parejas ocasionales y había recibido tratamiento para varias infecciones de transmisión sexual, aunque no recordaba los diagnósticos específicos. Había recibido dos unidades de concentrado de hematíes tras una lobectomía realizada 10 años antes de la consulta actual. Negó haber estado expuesto a animales o haber ingerido productos lácteos no pasteurizados. No tenía antecedentes de exposición a garrapatas. La prueba QuantiFERON-TB Gold Plus (Qiagen) resultó negativa para tuberculosis y tampoco tenía antecedentes de exposición a la enfermedad.

La prueba de hemaglutinación para Treponema pallidum (TPHA) resultó positiva y el título de reagina plasmática rápida (RPR) fue superior a 1:256. La prueba de VIH repetida fue negativa. Las pruebas serológicas para especies de Brucella, Coxiella burnetii y Borrelia burgdorferi fueron negativas. Debido al reciente episodio de parálisis facial periférica, se realizó una punción lumbar. El análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR) reveló 38 leucocitos por microlitro (de los cuales el 92% eran linfocitos) con niveles normales de proteínas totales y glucosa. La prueba de VDRL en LCR fue negativa. No se realizó una prueba de anticuerpos treponémicos en LCR, ya que en nuestro laboratorio hospitalario esta prueba se realiza de forma rutinaria solo cuando la prueba de VDRL en LCR es positiva.

 

Ponente

La prueba TPHA positiva (prueba específica para treponema), junto con el título elevado de RPR (>1:256) (prueba no treponémica), confirma el diagnóstico de sífilis activa. El conjunto de hallazgos del paciente —que incluye exantema papuloescamoso, malestar general, hepatitis colestásica, nefropatía membranosa, parálisis facial y linfadenopatía— es compatible con sífilis diseminada y corresponde principalmente a la fase secundaria de la enfermedad. Estas manifestaciones sistémicas reflejan el depósito de inmunocomplejos y la afectación endotelial generalizada, características de esta fase. Si bien la prueba VDRL en LCR es altamente específica, carece de sensibilidad, y un resultado negativo no descarta la neurosífilis. Dados los síntomas neurológicos y la pleocitosis linfocítica, se recomienda un tratamiento prolongado con penicilinas. Además, se debe informar del diagnóstico a la autoridad sanitaria local y notificar a las parejas sexuales.

 

Evolución

Se diagnosticó sífilis secundaria con neurosífilis incipiente. Debido a la incertidumbre inicial respecto a la afectación neurológica, el paciente recibió una dosis única intramuscular de penicilina G benzatínica mientras se esperaban los resultados confirmatorios. Este tratamiento fue seguido de un ciclo de 14 días de penicilina G intravenosa, el régimen recomendado para la neurosífilis. Tras la administración de la dosis intramuscular inicial, se observó la reacción de Jarisch-Herxheimer, que se manifestó como fiebre transitoria y malestar general que remitió con tratamiento de soporte. Se notificó el diagnóstico del paciente a las autoridades de salud pública y se informó a su cónyuge, quien fue remitido para realizarse las pruebas pertinentes. El tratamiento del síndrome nefrótico incluyó diuréticos de asa, anticoagulantes y una estatina. El prurito se trató sintomáticamente con bilastina y colestiramina.

En una visita de seguimiento en la consulta externa un mes después, el paciente refirió una notable mejoría clínica. Su presión arterial estaba bien controlada, sin edema residual ni erupción cutánea ni prurito. Los resultados de las pruebas hepáticas se habían normalizado y la proteinuria había desaparecido. El nivel de creatinina sérica había mejorado hasta 1,4 mg/dl. Una ecografía de control mostró la resolución de la esplenomegalia.

 

Comentario

Los hallazgos multisistémicos de este paciente —exantema papuloescamoso, nefropatía membranosa con anticuerpos anti-PLA2R negativos, hepatitis colestásica, linfadenopatía difusa, crioglobulinemia tipo II y parálisis facial periférica— sugirieron la posibilidad de un proceso autoinmune o infiltrativo. Se descartaron precozmente afecciones autoinmunes y diversas infecciones, incluida la infección por el virus de la hepatitis C. Solo mediante una revisión exhaustiva de la historia de exposición y pruebas específicas para causas infecciosas se llegó al diagnóstico unificado de sífilis secundaria con neurosífilis incipiente. El paciente presentó una respuesta clínica a un ciclo de penicilina G intravenosa.

La sífilis, considerada una «maestra del disfraz» debido a que sus manifestaciones a menudo se confunden con otras afecciones, es causada por la espiroqueta * Trichomonas pallidum* . Tras la inoculación, principalmente por contacto sexual o transmisión vertical, el patógeno se disemina rápidamente por vía hematógena.Clásicamente, progresa a través de una fase primaria (presencia de un chancro aproximadamente a las 3 semanas), una fase secundaria (diseminación sistémica aproximadamente a las 6 a 12 semanas) y una fase latente, con complicaciones terciarias (p. ej., enfermedad gomosa, sífilis cardiovascular, parálisis general y tabes dorsal) que aparecen años después si la infección no se trata. La neurosífilis puede desarrollarse en cualquier etapa tras la infección, a menudo durante el primer año, y puede manifestarse como meningitis asintomática, neuropatías craneales (que afectan con mayor frecuencia a los nervios craneales VII y VIII) o afectación meningovascular. La afectación del nervio facial suele responder al tratamiento antimicrobiano, aunque también se ha descrito la resolución espontánea o asociada a glucocorticoides, como ocurrió en el presente caso.

Los hallazgos comunes en pacientes con sífilis secundaria incluyen erupción cutánea (presente en el 48 al 70 % de los pacientes), linfadenopatía y síntomas generales como fiebre y malestar general. La afectación hepática y renal es infrecuente (en <10 % de los casos). La hepatitis sifilítica suele presentar un patrón colestásico, a menudo con una elevación desproporcionada de la fosfatasa alcalina. La nefropatía membranosa es la manifestación renal más común y se atribuye al depósito de inmunocomplejos; se han notificado remisiones completas tras el tratamiento antimicrobiano solo. 7

Aunque los antecedentes del paciente de múltiples infecciones de transmisión sexual durante su juventud motivaron la realización de pruebas para detectar la sífilis, no se esperaría que una exposición durante ese período explicara su cuadro clínico actual. La sífilis secundaria suele manifestarse durante el primer año tras una infección primaria no tratada y solo en raras ocasiones después de los 4 años. Si bien se podría hipotetizar que la profunda inmunosupresión debida al tratamiento con altas dosis de metilprednisolona podría haber reactivado una infección latente, se esperaría que esta cadena de eventos condujera a manifestaciones terciarias en lugar de una presentación florida de sífilis secundaria. Por consiguiente, debe considerarse una exposición más reciente no notificada. El temor al estigma puede dificultar la obtención del historial sexual, especialmente en personas mayores o casadas. La transmisión por transfusión sanguínea, aunque teóricamente posible, es altamente improbable en este caso, dadas las prácticas de detección actuales y el largo intervalo (>10 años) transcurrido desde la transfusión. Por lo tanto, el momento preciso y la fuente de infección en este paciente siguen siendo inciertos.

Las pruebas serológicas siguen siendo la piedra angular del diagnóstico de la sífilis. 8,9  Las pruebas treponémicas (p. ej., la prueba de hemaglutinación de proteínas [TPHA] y la prueba de absorción de anticuerpos treponémicos fluorescentes) detectan anticuerpos contra las proteínas de  T. pallidum y, por lo general, permanecen positivas de por vida. Las pruebas no treponémicas (p. ej., la prueba de RPR y la prueba VDRL) detectan anticuerpos anticardiolipina, se correlacionan con la actividad de la enfermedad y se utilizan para la estadificación y el seguimiento. Los títulos elevados de RPR (>1:32) son altamente sugestivos de enfermedad activa, sobre todo en presencia de hallazgos clínicos compatibles. El diagnóstico de neurosífilis se basa en los hallazgos clínicos, la pleocitosis o la elevación de proteínas en el LCR y la evidencia serológica de infección activa. Aunque la prueba VDRL en LCR es altamente específica (>95%), su sensibilidad es limitada (50 a 80%) y un resultado negativo no descarta la neurosífilis. En este caso, la combinación de afectación del nervio craneal VII, pleocitosis linfocítica en LCR y un título elevado de RPR en suero respaldó el diagnóstico de neurosífilis.

La sífilis secundaria sin afectación neurológica se trata habitualmente con penicilina G benzatínica intramuscular (una dosis de 2,4 millones de unidades), mientras que la neurosífilis se trata con penicilina G acuosa intravenosa (de 18 a 24 millones de unidades al día durante 10 a 14 días). La reacción de Jarisch-Herxheimer —caracterizada por fiebre transitoria, escalofríos y empeoramiento de los síntomas debido a la lisis de la espiroqueta— se presenta hasta en el 30 % de los casos y se trata de forma sintomática con antipiréticos.

En definitiva, este caso nos recuerda cómo la sífilis puede simular enfermedades autoinmunes, glomerulares, hepatobiliares y neurológicas. Resalta la importancia del reconocimiento de patrones, la reflexión crítica y una anamnesis detallada y empática. Si bien los factores de riesgo remotos del paciente tal vez no expliquen su sífilis secundaria actual, sí permitieron realizar las pruebas y el tratamiento adecuados. Finalmente, el diagnóstico de sífilis en este paciente implicó tanto el reconocimiento de un patógeno antiguo como la consideración de sus antecedentes médicos.

 

Traducido de:

Spiraling into a Distant Past

Authors: Jef Van den Eynde, M.D. https://orcid.org/0000-0002-5606-376X, Claire van der Pluijm, M.D., Pieter Schellekens, M.D., Thomas Vanhoutte, M.D., and Bert Bammens, M.D., Ph.D.Author Info & Affiliations Published November 5, 2025

N Engl J Med 2025;393:1844-1850 VOL. 393 NO. 18

https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMcps2507868?query=featured_secondary_home

 

 

Referencias

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