martes, 10 de febrero de 2026

Casos Clínicos: Varón de 21 años que consulta por sobrepeso para iniciar terapia con semaglutida

 

Un colega de CABA Argentina envía  esta inquietud al grupo

Buenos días Doctor, quiero plantear una inquietud en el grupo, que creo que puede ser una problemática común a nuestros tiempos para muchos colegas, y si todavía no lo es, vamos a tener que lidiar con ella en los próximos años

 

Un paciente sano de 21 años, deportista me consulta para comenzar semaglutida ya que considera que su peso es excesivo y “no se siente bien con ese estado”. El BMI es de 28 y por  lo demás, no registra antecedentes patológicos personales ni familiares. El examen físico es negativo, y se lo ve sano. Mi inquietud es, qué hay que hacer con este paciente referido a su inquietud. ¿Qué haría usted?  ¿Le indicaría la droga?, ¿lo trataría de convencer que no tiene indicación del uso de la misma?, ¿lo deriva a otra especialidad? (endocrinología por ejemplo)

 

Opinión: Creo que lo primero que hay que tener en cuenta en la práctica médica antes de iniciar cualquier tratamiento con fármacos, es la consideración de los riesgos y beneficios de los mismos. En el caso concreto que planteas y aunque parezca una obviedad hay que transmitirle a nuestro paciente la necesidad de una alimentación saludable, actividad física y modificación del comportamiento, ya que el uso de medicamentos sin estos cambios suele ser ineficaz a largo plazo. Dicho esto, creo que la respuesta a tu pregunta pasa por conocer los criterios aceptados actualmente para el uso de los agonistas deL GLP1 en el tratamiento de la obesidad o el sobrepeso. En este sentido, los  candidatos para terapia farmacológica incluyen personas que no han alcanzado los objetivos de pérdida de peso (pérdida de al menos el 5 por ciento del peso corporal total en tres a seis meses) con una intervención integral en el estilo de vida y que: o tengan obesidad (IMC>30), o tengan un IMC de 27 a 29,9 más una o más comorbilidades relacionadas con el peso o tengan adiposidad central (p. ej., circunferencia de cintura elevada) más una o más comorbilidades relacionadas con el peso. En este caso, creo que el paciente no reúne los criterios para iniciar aunque no conocemos la circunferencia de la cintura. Debemos saber que estos tratamientos  no son  por un tiempo limitado y que como la obesidad es una enfermedad crónica, la mayoría de las personas requieren terapia de por vida, y la interrupción del tratamiento se asocia a una recuperación del peso. Por otro lado, el costo de estos medicamentos es alto y que las obras sociales o prepagas, no siempre se hacen cargo.

Respecto a la semaglutida en el tratamiento de la obesidad y el sobrepeso, hay que decir que se usa por vía subcutánea una vez por semana con una  dosis inicial de 0,25 mg, aumentándose la dosis cada 4 semanas hasta alcanzar la dosis recomendada de 1,7 o 2,4 mg una vez a la semana. A veces produce efectos secundarios como náuseas o vómitos. En cuanto a la eficacia en el descenso de peso, en un metanálisis la semaglutida  mostró un descenso de -10,7% en comparación con placebo después de 6 a 17 meses. Además de náuseas y vómitos se describen diarrea o estreñimiento como efectos adversos menores, que suelen desaparecer con el tiempo. Pero también se describen efectos adversos graves aunque menos comunes como pancreatitis, enfermedad de la vesícula biliar y obstrucción intestinal. Todas las terapias basadas en GLP-1 están contraindicadas durante el embarazo y en pacientes con antecedentes personales o familiares de cáncer medular de tiroides o neoplasia endocrina múltiple 2A o 2B.

En definitiva, el paciente comentado, no me parece, al menos inicialmente un candidato para el uso de semaglutida.

lunes, 9 de febrero de 2026

Casos Clínicos: Varón de 70 años con mareos...

 

Un colega de Buenos Aires Argentina, envió este resumen de historia clínica:

 

Hola Juan, te mando otro casito (en este caso no personal), para que discutan en el foro. Como siempre anónimo Juan. Abrazo y buen año.

Un hombre de 70 años, por lo demás sano, presenta episodios muy breves (de aproximadamente 1 segundo) de mareos repentinos e intensos de 4 a 5 veces por semana. Puede sentirse un poco raro antes, pero normalmente no hay ninguna señal de alarma. Lleva 2 o 3 meses ocurriendo y hasta la fecha no ha presentado síncope. Es más probable que se presente al caminar, pero puede estar de pie, sentado o, en muy raras ocasiones, tumbado. La hora del día no es un indicador, ni tampoco las comidas. No se asocia de forma evidente con movimientos específicos de la cabeza, como darse la vuelta en la cama o levantarse tras estar sentado. Ha probado diversas maniobras para el VPPB, como las de Epley, Lampert y Yacovino. Ninguna de ellas le provocó nistagmo. No hay evidencia de hipotensión ni arritmia, ni otros signos o síntomas. No toma ninguna medicación, es muy activo y está en forma. ¿Qué te sugiere?

 


Opinión: Hay pocas situaciones que cueste más interpretar, por parte del médico o de explicar por parte del paciente, que el “mareo”. Por otro lado, también es cierto que, además de inespecífico, el mareo puede ser la manifestación de una amplia variedad de etiología, tanto benignas como graves, y que aun, pueden poner en riesgo la vida. Las categorías más comunes incluyen trastornos vestibulares, mareos inespecíficos, inestabilidad o desequilibrio y presíncope. La detallada historia clínica es fundamental en la interpretación de los síntomas, y no pocas veces, después de un inteligente interrogatorio dejando explayar al paciente sobre el problema, podemos ya tener una idea muy bien encaminada antes de proceder al examen clínico, o de solicitar estudios complementarios. Muchas veces en la primera consulta, el paciente sale del consultorio con un diagnóstico.  Tal es el caso del estado presincopal por hipotensión ortostática, o síncope del seno carotídeo, síncope tusígeno, u otros síncopes situacionales. También se puede establecer en la consulta un diagnóstico de certeza, y aun, “curar” en el caso del vértigo posicional benigno a quien el médico aplica las maniobras de reposicionamiento de otolitos en su propio consultorio. Por otro lado, la aparición de síntomas como mareos, estados presincopales o aun, síncope en el momento en que el médico está auscultando al paciente o registrando su pulso, coincidiendo con bradicardias o taquicardias extremas, establecen el diagnóstico y obligan a la confirmación con estudios e incluso en ocasiones la internación de urgencia para monitoreo electrocardiográfico, o aun, la colocación de un marcapasos. La detección de nistagmo coincidiendo con los síntomas puede ser también orientador.  La conversación con el paciente durante la consulta también puede poner sobre la pista de causas psiquiátricas o psicológicas como causas de mareo (crisis de pánico por ejemplo). Muchas veces los factores desencadenantes del mareo son orientadores del diagnóstico, por ejemplo si aparecen con los movimientos de la cabeza, ola presióndel oído medio (tos, estornudos o maniobras de Valsalva). El vértigo posicional y el presíncope postural son dos afecciones comunes que se confunden con frecuencia. Ambos se asocian con mareos al ponerse de pie, como al levantarse de la cama. La clave para el diagnóstico es determinar si el mareo puede ser provocado por maniobras que cambian la posición de la cabeza sin disminuir la presión arterial ni el flujo sanguíneo cerebral. También  interrogar sobre audición (pérdida auditiva o tinnitus), puede ser orientador. Si se presentan síntomas migrañosos, coincidiendo con el mareo se debe considerar la migraña vestibular. Obviamente se podría seguir desarrollando por un buen rato el tema de “mareos”, pero creo que también tenemos que hablar del caso concreto de este paciente. Sobre él digamos que hay dos datos que pueden ser, si no preocupantes, al menos hacer que estemos atentos a causas más serias. Uno de ellos es la edad (no es lo mismo que nos consulte por mareos una adolescente, que un paciente de 70 años), y el otro punto de preocupación es el hecho de que el síntoma se presente en cualquier situación incluyendo estando sentado o acostado. Porque ello obliga a descartar causas cardiovasculares como arritmias que como decíamos antes, pueden revestir gravedad y obligan a una evaluación cardiovascular básica (¿al menos ECG, Holter, ecocardiograma, tilt test?). Por otro lado, hay un dato de la historia que puede ser orientador en el interrogatorio y es que el paciente refiere “sentirse un poco raro”, antes de  presentarse el mareo.  Esto es muy sugerente de un aura epiléptica o en otras palabras de una crisis comicial no convulsiva, como suele verse en la epilepsia del lóbulo temporal, que requiere estudios electroencefalográficos y probablemente imágenes, principalmente una RMN con protocolo para epilepsia. Por supuesto que esto debe completarse con estudios de laboratorio de rutina, y otros que surjan de la historia y del examen clínico neurológico.

domingo, 8 de febrero de 2026

Casos Clínicos: Mujer de 10 años de edad, con bronquitis a repetición y queilitis de 3 años de evolución.

El Dr. Fabian Vivar de Cuenca Ecuador envió esta imagenen con el siguiente texto:

Buenas noches doctor, le escribo por un caso interesante.



Paciente mujer de 10 años de edad, peso y talla dentro de los parámetros normales bajos. Su representante refiere que desde hace 3 años presenta procesos respiratorios a repetición (5 por año) por lo que acudían a centros hospitalarios e iniciaban tratamiento para bronquitis entre ellos antibióticos y nebulizaciones presentando leve mejoría. Hace un año presenta lesión peribucal con dolor urente que con cremas hidratantes alivia el dolor sin recibir tratamiento.

Acude a consulta médica por tos productiva de moderada intensidad, alza térmica, rinorrea.

Al examen físico a la auscultación roncus bilateral, además lesión peribucal eritematosa, descamativa, edematizada. Se observa además surcos oscuros infraorbitarios.

Se manejó con mucolítico, antipirético y antihistamínico con evolución favorable, se envía exámenes complementario con sospecha de Síndrome hiper IgE.

 


 



Dr. Fabian Vivar.

Cuenca. Ecuador.




Opinión: Lo que se ve en la imagen es una inflamación en los labios y región de piel perioral, con intenso eritema, edema, sequedad, agrietamiento y descamación de la  piel que podría ser compatible con DERMATITIS ATÓPICA de los labios, es decir,una QUEILITIS ECCEMATOSA. Probablemente haya también un componente de DERMATITIS PERIORAL. A nivel de los párpados inferiores se observa efectivamente un oscurecimiento de la zona, probablemente con algún componente eccematoso pero, habría que tener una imagen de ambos párpados y de ambos ojos para sacar conclusiones más objetivas. Me parece que está muy bien pensado o sospechado un SÍNDROME DE HIPER IGE (HIES), en una paciente joven que ha presentado en estos últimos 3 años, cuadros respiratorios a repetición, a razón de 5 por año, caracterizados por tos productiva y roncus, diagnosticados como “bronquitis”. El HIES, clásicamente presenta dermatitis e infecciones recurrentes (principalmente infecciones bacterianas sinopulmonares y cutáneas), y eccema. Sin embargo, por una cuestión de prevalencia (el HIES es poco frecuente), y, porque además, la atopía, explica toda la clínica de esta paciente, yo creo que pensaría en primer lugar en dermatitis atópica y manifestaciones respiratorias de la atopía. Hay que decir que entre la dermatitis atópica y el HIES existe mucha superposición, no sólo clínica sino humoral, ya que en ambas situaciones el nivel de IgE es alto, y aunque suele ser más elevado en este último, la dermatitis atópica, especialmente cuando es severa, muestra niveles muy elevados de IgE a niveles de HIES. Por otro lado, hay que decir que la paciente no muestra algunas características morfológicas  como son una base nasal ancha, ni un puente ancho, que son característicos del HIES. No podemos saber (porque la imagen no muestra la totalidad de la cara), si existe prominencia frontal, distancias entre los cantos externos amplios y ojos hundidos lo cual otorga a estos hallazgos una dismorfia característica del síndrome, que va empeorando con la edad. Tampoco refiere la historia antecedentes de abscesos cutáneos, dientes primarios retenidos, fracturas, escoliosis, que son manifestaciones prevalentes en HIES. No obstante, solicitaría la cuantificación de la IgE sérica, y solicitaría un frotis de sangre periférica en busca de la demostración de eosinofilia, que son los hallazgos de laboratorio más comunes en pacientes con HIES, pero que, son comunes en la dermatitis atópica así como en otras entidades que también se podrían plantear como diferenciales. Hay que decir que los niveles de IgE sérica en el HIES oscilan entre 1000 y más de 50 000 unidades internacionales/ml (promedio 8000), por lo que, como dijimos, hay  mucha superposición con dermatitis atópica, y por lo tanto, el diagnóstico de HIES, requiere además  de la clínica y el laboratorio, la identificación de un defecto genético (p. ej., variante patogénica STAT3 ) mediante pruebas moleculares.

 

 

05/01/2026:El Dr Fabian Vivar envió analítica de  la paciente

Dr aquí envié junto a la foto de la paciente analíticas

 






 

 

Opinión: la analítica muestra una  importante eosinofilia (10% para 10600 leucocitos) con aumento  muy importante de la IgE (4300 UI/ml), lo cual es compatible con el diagnóstico planteado de dermatitis atópica. Hay que decir que los valores de IgE en atopías pueden alcanzar las 10.000 UI/ml

sábado, 7 de febrero de 2026

Casos Clínicos: Mujer de 71años con enfermedad ampollar pruriginosa de un año de evolución

 

El Dr. Juan Carlos Mamani Quispe, de Santa Cruz Bolivia, envía estas imágenes con el siguiente texto:

 

Mucho gusto Dr.

Le escribe el Dr Juan Carlos Mamani, Médico general desde Santa Cruz Bolivia, me gustaría que en el Rincón y su persona me ayude con el siguiente caso que me llegó,


















Paciente de sexo Femenino de 71 años de edad, nacida en La Paz (Bolivia), pero radica desde hace más de 30 años en el oriente boliviano (Guarayos, Santa cruz, Beni), Con un cuadro de larga data de más o menos de 1 año de evolución caracterizado por presentar en primera instancia lesión ampollosa en región palpebral inferior, que posterior a la manipulación, "reventarlo y rascarlo" refiere el paciente procede a extenderse a lo largo de su rostro y cuerpo, respetando solo palmas de las manos y plantas de los pies, las lesiones son ampollosas con base eritematosa, es valorada por medicina interna, dermatología y oncología en el cuál es tratada como dermatitis crónica previa biopsia, se le deja medicación de corticoides y antihistamínicos, el cual aparentemente produce una diabetes por corticoides ya que su control  de Hemoglobina glicosilada reporta 10.4% y los familiares indican que previamente en sus controles anteriores no salía alteración en su laboratorio, las lesiones aparecen y desaparecen pero no en su totalidad, no refiere fiebre ni otros síntomas, solo refiere prurito intenso, su segundo control posterior a los dos meses de bajar dosis de corticoides reporta 7%

Genera una sobre infección donde  le aislaron pesudomona aeruginosa y es tratada con Clindamicina y meropenem posterior a cultivo, muy aparte recibe tratamiento  en otros establecimientos con ceftriaxona 1 gr cada 24 hrs x 14 días, Azitromicina x 14 días, levofloxacina 500mg c/12 hrs x una semana, las lesiones actualmente persisten en gran cantidad y aún continúa el prurito.

Adjunto fotos de las lesiones de fechas pasadas y laboratorios que me pudo proporcionar la familia y también da su consentimiento de poder publicarlo

Espero poder ayudar a la paciente y también que me ayuden para poder llegar al diagnóstico correcto y un tratamiento que pueda darle una mejor calidad de vida, agradezco su respuesta de antemano.

Fotos de fechas pasadas que la familia proporciono, laboratorios que pudo proporcionar la familia, y fotos actuales que saque en consulta

 

  





Dr. Juan Carlos Mamani Quispe.

Santa Cruz. Bolivia.



Opinión: El cuadro tiene características de enfermedad ampollar, compuesta por ampollas de tamaño variable pero en promedio entre 1 y 2 cm de diámetro, algunas de ellas fláccidas, el contenido parece ser claro (en las pocas que presentan todavía líquido en su interior), en distintos estadios evolutivos, la mayoría de ellas actualmente destechadas y en etapa de costras, afectando predominantemente el tronco y la región facial. Siempre que nos enfrentamos a una enfermedad ampollar tenemos que tener en cuenta el gran espectro de diagnósticos diferenciales que se nos abre, sobre todo considerando que las causas pueden ser trastornos autoinmunes, reacciones a fármacos, infecciones, trastornos genéticos y lesiones físicas. La semiología clínica, que debe describir dónde se localizan las lesiones, si son generalizadas, o localizadas, o en sitios específicos, si están involucradas las mucosas, si son fláccidas o tensas, tamaño, la edad, la exposición a fármacos recientemente, el contenido de las ampollas, si hay  o no signo de Nikolsky (sugerente de pénfigo vulgar aunque no específico). El estado general del  paciente  es muy importante porque hay entidades que producen una gran repercusión del estado general como por ejemplo el pénfigo vulgar, y otras que  no afectan constitucionalmente al paciente. Además de ello, la localización de la ampolla en el espesor de la piel, es muy útil para el diagnóstico y debe determinarse mediante un examen histopatológico (biopsia), para determinar el plano de clivaje de la ampolla y si el proceso es INTRACORNEAL O SUBCORNEAL (dentro del estrato córneo o inmediatamente debajo del estrato córneo), como se ve por ejemplo en el pénfigo foliáceo o en el síndrome de la piel escaldada estafilocócica, si es INTRAEPIDÉRMICO  (dentro de la capa de Malpighi), por ejemplo dermatitis de contacto, infecciones virales, si es SUPRABASAL como el pénfigo vulgar, y el pénfigo paraneoplásico, o bien es SUBEPIDÉRMICO (debajo dela basal), como se ve en el penfigoide ampolloso y la porfiria cutánea tarda. Por lo tanto, la biopsia de piel, con o sin estudios de inmunofluorescencia, es crítica en el diagnóstico y se debe tratar de sacar el mayor rédito posible de la misma, empezando por la elección del sitio de la biopsia, y la elección para la toma de muestra, si se opta por biopsia por punción, por raspado, losange etc. La biopsia por punción permite evaluar el espesor total de la epidermis y la dermis, lo cual puede ser útil en casos en los que los hallazgos dérmicos puedan ofrecer pistas adicionales para el diagnóstico. La inmunofluorescencia directa es una técnica que permite detectar el depósito de anticuerpos o complemento en la piel, y se utiliza cuando se sospecha una enfermedad ampollosa autoinmune. El reconocimiento del patrón y la ubicación de la unión de los anticuerpos puede ofrecer información valiosa para el diagnóstico. Por ejemplo, el depósito intercelular de anticuerpos en la epidermis caracteriza al pénfigo vulgar y al pénfigo foliáceo, mientras que el depósito lineal de anticuerpos a lo largo de la membrana basal se detecta en el penfigoide ampolloso. Hay que tener en cuenta que la muestra debe tomarse de piel de aspecto normal adyacente a la ampolla, es decir, perilesional. En este caso, creo que el resultado de la biopsia de esta paciente no fue concluyente, ya que el diagnóstico habla de dermatitis crónica superficial inespecífica, y además describe un infiltrado linfoplasmocitario e histiocitario dérmico que en la inmunomarcación no mostró tratarse de un proceso clonal. Creo que habría que esperar  la aparición de una lesión ampollar nueva y realizar una biopsia por punción el borde de la ampolla (en su unión con piel sana), para microscopía óptica, y una muestra de piel perilesional para inmunofluorescencia directa.

Como comentario y no para relacionarlo directamente  con este caso, hace un mes tuvimos un caso con alguna similitud a este caso, también con intenso prurito, en  una mujer de esta misma edad, y mientras esperábamos los resultados de los estudios solicitados se latrató con dieta libre de gluten y dapsona, porque alguien sugirió el diagnóstico de dermatitis herpetiforme. El resultado fue espectacular en una semana y la biopsia con IFD confirmó el diagnóstico.

 

viernes, 6 de febrero de 2026

Cerrando la brecha...

En este ejercicio clínico se presenta un caso que es discutido por un médico internista al que se le van proporcionando datos de la historia clínica en forma secuencial, y este analiza el cuadro a la luz de los nuevos elementos, de una manera análoga al proceso diagnóstico en la práctica real de la medicina

Historia

Una mujer de 31 años acudió a urgencias en octubre con un historial de 10 días de fiebre, presión sinusal, tos, náuseas y vómitos. Su esposo y su hijo de un año, que asiste a la guardería, presentaron síntomas similares.

En los últimos 5 meses, a diferencia de sus familiares, había presentado sudores nocturnos, fatiga, una pérdida de peso involuntaria de 4,5 kg (10 lb) y tres episodios de tos, congestión nasal, presión sinusal, náuseas y vómitos. Sus síntomas sinonasales se habían diagnosticado como infecciones de las vías respiratorias superiores y se habían resuelto con descongestionantes y supresores de la tos.

 

Ponente

Las alergias estacionales son una causa frecuente de congestión nasal, presión sinusal y tos. Los contactos familiares enfermos del paciente sugieren la posibilidad de un proceso infeccioso agudo. Las infecciones virales adquiridas en la comunidad, como la influenza, los enterovirus y los adenovirus, son comunes en otoño e invierno y pueden inducir fiebre con síntomas sinopulmonares y gastrointestinales. Sin embargo, los síntomas generales y las enfermedades recurrentes del paciente despiertan la preocupación de un proceso insidioso. Las consideraciones importantes incluyen infecciones atípicas (p. ej., micobacterias diseminadas y enfermedades fúngicas endémicas), enfermedades autoinmunes (incluido el lupus y la vasculitis asociada a anticuerpos anticitoplasma de neutrófilos), enfermedades malignas (especialmente linfoma) e inmunodeficiencia primaria. Es posible que los síntomas sinonasales y los síntomas generales del paciente tengan causas distintas.

 

Evolución

La paciente nació en Florida y vivió en Baltimore la mayor parte de su vida. Una semana antes de su enfermedad actual, viajó a Chicago, donde, en un zoológico interactivo, tuvo contacto directo con vacas y ovejas. No había viajado de ninguna otra forma durante el año anterior. Tenía dos perros y un gato y no tenía constancia de mordeduras, arañazos, picaduras de garrapatas ni exposición a roedores. Tenía plantas en macetas y no se dedicaba a la jardinería. Trabajaba en una oficina y reportaba consumir dos bebidas alcohólicas a la semana; nunca había consumido tabaco ni medicamentos sin receta. No había tenido parejas sexuales aparte de su esposo, no tomaba medicamentos y nunca había estado en la calle ni en prisión.

A los 14 años, recibió tratamiento para trombocitopenia inmunitaria con inmunoglobulina intravenosa, y la afección no recurrió. Por lo demás, se mantuvo sana durante su infancia y adolescencia.

 

Ponente

La histoplasmosis sintomática se presenta en una pequeña proporción de personas sanas infectadas con Histoplasma capsulatum , que podría haber adquirido en Illinois (donde viajó) o Maryland (lugar de residencia). La fiebre Q ( Coxiella burnetii ) y la brucelosis (especie de Brucella) merecen consideración debido a su reciente exposición al ganado; sin embargo, los síntomas de las vías respiratorias superiores y gastrointestinales no son comunes con estas infecciones. No presenta exposición ni factores de riesgo para la tuberculosis ni para infecciones por micobacterias no tuberculosas.

Sus antecedentes de trombocitopenia inmunitaria podrían no estar relacionados, pero podrían sugerir un trastorno inmunológico primario o secundario. Entre los desencadenantes bien conocidos de trombocitopenia inmunitaria se encuentran las infecciones, como el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y el virus de la hepatitis C; el linfoma; las enfermedades autoinmunitarias, como el lupus; el uso de medicamentos; y los síndromes de inmunodeficiencia, como la inmunodeficiencia común variable (IDCV) y el síndrome linfoproliferativo autoinmunitario.

 

Evolución

Su presión arterial era de 120/68 mm Hg, frecuencia cardíaca de 122 latidos por minuto, frecuencia respiratoria de 16 respiraciones por minuto, saturación de oxígeno del 100% mientras respiraba aire ambiente y temperatura oral de 39,5 °C (103,1 °F). El índice de masa corporal era de 22,5. Los senos frontales y maxilares eran sensibles a la palpación. La dentición estaba intacta; la orofaringe era rosada sin agrandamiento amigdalino, eritema o exudado. Se palpaban ganglios linfáticos cervicales lisos e indoloros que medían aproximadamente 2 cm de diámetro. Los campos pulmonares estaban limpios a la auscultación. Había hepatomegalia indolora que medía 5 cm por debajo del reborde costal en la línea medioclavicular y se palpaba la punta del bazo. El resto del examen físico no presentó nada destacable.

 

Ponente

La linfadenopatía palpable y la hepatoesplenomegalia suscitan preocupación por el cáncer, en particular el linfoma, pero pueden presentarse en síndromes infecciosos, autoinmunes y de inmunodeficiencia primaria. La infección primaria por el virus de Epstein-Barr o el citomegalovirus puede causar mononucleosis infecciosa con linfadenopatía, hepatoesplenomegalia y síntomas pseudogripales. La infección aguda por VIH puede simular una mononucleosis, aunque la paciente no presenta factores de riesgo conocidos para el VIH. Las enfermedades transmitidas por garrapatas, como la enfermedad de Lyme, la ehrlichiosis o la anaplasmosis, son posibles en la zona geográfica del paciente, pero la tos y la sensibilidad sinusal no son características de estas infecciones. La linfadenopatía cervical puede representar una reacción localizada a una infección de las vías respiratorias superiores o una linfadenopatía generalizada.

 

Evolución

El recuento de glóbulos blancos fue de 2200 por milímetro cúbico, con un 62 % de neutrófilos, un 23 % de linfocitos, un 13 % de monocitos y un 0,4 % de eosinófilos. El recuento absoluto de neutrófilos fue de 1380 células por milímetro cúbico. La hemoglobina fue de 10,7 g por decilitro, el volumen corpuscular medio fue de 71,7 fl y el recuento de plaquetas fue de 88 000 por milímetro cúbico. El recuento absoluto de reticulocitos fue de 16 700 por milímetro cúbico (rango de referencia: 24 100 a 87 700) y la fracción de plaquetas inmaduras fue del 8,2 % (rango de referencia: 0,1 a 6,3). El nivel de haptoglobina fue de 187 mg por decilitro (rango de referencia: 32 a 197), el de ferritina fue de 104 ng por mililitro (rango de referencia: 30 a 400) y el de lactato deshidrogenasa fue de 299 U por litro (rango de referencia: 122 a 220). Un frotis de sangre periférica mostró anemia microcítica hipocrómica, ocasionalmente células en lápiz (glóbulos rojos en forma de bastón), linfopenia y trombocitopenia. El nivel de aspartato aminotransferasa fue de 87 U por litro (rango de referencia, 0 a 31), el nivel de alanina aminotransferasa fue de 79 U por litro (rango de referencia, 0 a 31), el nivel de fosfatasa alcalina fue de 328 U por litro (rango de referencia, 30 a 120) y el nivel de bilirrubina total fue de 0,8 mg por decilitro (valor de referencia, <1,2 mg por decilitro). El nivel de proteína total fue de 5,5 g por decilitro (rango de referencia, 6,0 a 8,2), y el nivel de albúmina fue de 4,0 g por decilitro (rango de referencia, 3,5 a 5,3). La velocidad de sedimentación globular fue de 11 mm por hora (rango de referencia, 4 a 25). El nivel de proteína C reactiva fue de 4,5 mg por decilitro (valor de referencia: <0,5). El análisis de orina fue negativo para leucocitos y glóbulos rojos, con trazas de proteína.

 

Ponente

La pancitopenia tiene un amplio diagnóstico diferencial, que abarca la destrucción periférica de células o el deterioro de la hematopoyesis por mielosupresión o infiltración de la médula ósea. La combinación de pancitopenia leve (sin neutropenia grave) y esplenomegalia sugiere secuestro esplénico; la anemia microcítica e hipocrómica y las células en lápiz sugieren deficiencia de hierro. Las enfermedades o infecciones hematológicas malignas (incluidos el virus de Epstein-Barr, el citomegalovirus, el VIH, los virus de la hepatitis, la ehrlichiosis y la anaplasmosis) pueden causar pancitopenia, enzimas hepáticas anormales y síntomas generales. Las enfermedades autoinmunes, en particular el lupus eritematoso sistémico, pueden inflamar el hígado e inducir pancitopenia (especialmente linfopenia) mediante destrucción celular directa o supresión de la médula ósea. Un nivel normal de ferritina sérica disminuye la probabilidad de linfohistiocitosis hemofagocítica.

El déficit gamma, calculado como la diferencia entre el nivel total de proteínas séricas y el nivel de albúmina, estaba disminuido. Cuando el déficit gamma es inferior a 1,8 g por decilitro, se infiere hipogammaglobulinemia. La hipogammaglobulinemia puede ser causada por síndromes de inmunodeficiencia primaria o, secundariamente, por afectación maligna, ciertos medicamentos, quimioterapia, síndrome nefrótico y enteropatía perdedora de proteínas; el nivel normal de albúmina sérica es inconsistente con estas dos últimas afecciones. Este paciente no tomaba ningún medicamento y solo presentó trazas de proteína en el análisis de orina. La mayoría de las causas infecciosas de lesión hepática y esplenomegalia se asocian con hipergammaglobulinemia policlonal, que a menudo se refleja en un déficit gamma elevado (>4 g por decilitro). Por lo tanto, el bajo déficit gamma en este caso aumenta la preocupación por una inmunodeficiencia primaria o una afección maligna. La cuantificación de inmunoglobulinas es un siguiente paso importante, junto con la imagenología para definir la extensión de la linfadenopatía e identificar dianas para el muestreo de tejido.

 

Evolución

Los niveles séricos de inmunoglobulina estaban disminuidos, con un nivel de IgG de 336 mg por decilitro (rango de referencia, 610 a 1616), un nivel de IgA de 17 mg por decilitro (rango de referencia, 61 a 348) y un nivel de IgM de 28 mg por decilitro (rango de referencia, 35 a 242). La tomografía computarizada contrastada de los senos paranasales, el tórax, el abdomen y la pelvis reveló sinusitis frontal y maxilar bilateral, numerosos nódulos pulmonares irregulares dispersos de tamaños variables con predominio en los pulmones inferiores ( Figura 1A ), varios nódulos hepáticos hiperdensos subcentimétricos, agrandamiento del hígado de 20 cm en la dimensión cráneocaudal (valor de referencia, <13 cm) ( Figura 1B ), esplenomegalia de 20,5 cm (valor de referencia, <13) y linfadenopatía intratorácica e intraabdominal difusa (muchos nódulos >2 cm).

 

 


Figura 1. Estudios de imagen del tórax.

Una tomografía computarizada axial del tórax muestra nódulos pulmonares bilaterales de tamaño variable en la distribución perilinfática y peribroncovascular (Panel A); una vista coronal muestra hepatomegalia y esplenomegalia (Panel B).

 

Ponente

La linfadenopatía con nódulos pulmonares y hepáticos genera preocupación por la inflamación granulomatosa diseminada. Este patrón se observa en sarcoidosis, infecciones fúngicas o micobacterianas diseminadas, linfoma e IDCV. Es improbable que la sarcoidosis se manifieste con niveles bajos de inmunoglobulinas. La sospecha de inflamación granulomatosa que afecte a los pulmones y el hígado justifica una mayor consideración de la histoplasmosis. Las infecciones zoonóticas, como la fiebre Q (que puede contraerse por exposición al ganado) y la leptospirosis (endémica en la población de roedores de Baltimore), pueden causar inflamación hepática y pulmonar, pero no sinusitis característica.

La IDCV es de especial preocupación. Para establecer un diagnóstico de IDCV es necesario descartar otras causas de linfadenopatía difusa e hipogammaglobulinemia. La evaluación también debe abordar las posibles complicaciones de la IDCV, como infecciones y enfermedades malignas. La IDCV en sí misma puede provocar inflamación granulomatosa difusa, pero no debe presumirse como la causa hasta que se investiguen otros diagnósticos.

Los próximos pasos deben incluir la prueba de suero y muestras respiratorias (incluido el lavado broncoalveolar [BAL]) para detectar infección y la obtención de muestras de tejido de un ganglio linfático o un nódulo pulmonar o hepático accesible para examen microbiológico e histológico.

 

Evolución

La paciente recibió tratamiento empírico con ceftriaxona y doxiciclina. La fiebre persistió diariamente, con una temperatura oral máxima de 103.6 °F (39.8 °C). Los cultivos de esputo, orina y sangre recolectados antes del inicio del antibiótico fueron negativos. Se enviaron cultivos de sangre para hongos y micobacterias. Un ensayo de liberación de interferón-γ para Mycobacterium tuberculosis fue negativo. Las pruebas de antígenos en orina para Legionella pneumophila y Streptococcus pneumoniae fueron negativas. La prueba de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) nasofaríngea para Mycoplasma pneumoniae y virus respiratorios comunes fue negativa. Los anticuerpos contra Helicobacter pylori y los virus de las hepatitis A, B y C no fueron reactivos. Las pruebas de cuarta generación para los tipos 1 y 2 del VIH fueron negativas. La prueba de PCR sérica para el virus de Epstein-Barr, citomegalovirus, VIH, virus linfotrópico T humano, virus del herpes humano tipos 6 y 8, parvovirus B19 y leptospira fue negativa. Las pruebas serológicas para borrelia, ehrlichia, anaplasma, bartonella y coxiella resultaron no reactivas. No se observaron parásitos en frotis de sangre de gota gruesa ni de gota fina. Las pruebas de PCR sérica e IgG para Toxoplasma gondii resultaron negativas. Los niveles séricos de beta- D -glucano y galactomanano se mantuvieron dentro de los límites normales. Las pruebas serológicas para Histoplasma capsulatum , Cryptococcus, Coccidioides y Blastomyces resultaron negativas. Las pruebas de antígenos séricos y urinarios para Histoplasma resultaron negativas.

La broncoscopia con lavado broncoalveolar (BAL) reveló un 78 % de linfocitos, un 14 % de monocitos y un 8 % de neutrófilos; la citología fue negativa para células neoplásicas. Los cultivos bacterianos, fúngicos y micobacterianos del líquido del BAL fueron negativos. La prueba de galactomanano también fue negativa, al igual que el perfil viral respiratorio y las pruebas de amplificación de ácidos nucleicos para Pneumocystis jirovecii , M. tuberculosis y citomegalovirus.

 

Ponente

Una evaluación diagnóstica exhaustiva no ha identificado una causa infecciosa. La hipogammaglobulinemia, especialmente si se debe a IDCV, disminuye la sensibilidad de los análisis basados ​​en anticuerpos; por lo tanto, los cultivos adquieren mayor importancia. El linfoma sigue siendo motivo de preocupación. En este punto, la toma de muestras de tejido, idealmente una biopsia escisional de ganglio linfático, es el siguiente paso más importante para aumentar la sensibilidad de la detección del linfoma. El cultivo de tejido puede, ocasionalmente, identificar infecciones diseminadas (p. ej., tuberculosis u hongos endémicos) que no se detectan en muestras de sangre, esputo o lavado broncoalveolar (BAL).

 

Evolución

La tomografía por emisión de positrones (TCP) reveló linfadenopatía voluminosa, con intensa avidez por 18 F-fluorodesoxiglucosa, en cuello, mediastino, abdomen y pelvis ( Figura 2 ). La biopsia escisional de ganglio linfático cervical identificó granulomas no necrosantes sin células malignas ( Figura 3 ). La citometría de flujo de sangre periférica y tejido ganglionar no identificó ninguna población clonal de células. Las tinciones especiales resultaron negativas para bacterias, micobacterias y hongos; se enviaron cultivos.

 


Figura 2. Estudios de imágenes desde la base del cráneo hasta la mitad del muslo.

Una tomografía por emisión de positrones-tomografía computarizada coronal muestra linfadenopatía voluminosa, ávida de 18 F-fluorodesoxiglucosa, en las cadenas cervical (flecha roja) e inguinal (flecha blanca) (Panel A), así como en las cadenas periaórtica y retroperitoneal (Panel B, flecha amarilla).

 

 


Figura 3. Examen histológico de una muestra de biopsia escisional del ganglio linfático supraclavicular derecho.

La tinción con hematoxilina y eosina mostró un borramiento de la arquitectura de los ganglios linfáticos debido a una inflamación granulomatosa no necrosante (Panel A); los granulomas eran pequeños, compactos y estaban compuestos por histiocitos epitelioides (Panel B, mayor aumento).

 

Evolución

Las náuseas y los vómitos persistieron. La esofagogastroduodenoscopia reveló mucosa duodenal edematosa. Las biopsias esofágica y gástrica mostraron granulomas no necrosantes.

 

Ponente

La ausencia de microorganismos infecciosos y células malignas en un ganglio linfático metabólicamente activo reduce la probabilidad de infección diseminada y de una afección hematológica maligna, respectivamente. La IDCV es ahora el diagnóstico probable y explica la inflamación granulomatosa no necrosante, los nódulos pulmonares y hepáticos, la hepatoesplenomegalia, la pancitopenia, los antecedentes de trombocitopenia inmunitaria y las infecciones recurrentes del paciente. La sarcoidosis también se manifiesta con inflamación granulomatosa, pero los niveles bajos de inmunoglobulinas séricas y las infecciones recurrentes no son característicos de esta enfermedad. Se debe evaluar la respuesta inmunitaria humoral del paciente a la vacunación para evaluar con mayor profundidad la posibilidad de IDCV.

 

Evolución

Se administró la vacuna antineumocócica conjugada 20-valente. Las pruebas serológicas realizadas cuatro semanas después mostraron una concentración de anticuerpos de 0,4 μg por mililitro para el serotipo 57 y niveles indetectables (<0,3 μg por mililitro) para los 19 serotipos restantes. La secuenciación genómica y la matriz de polimorfismos de un solo nucleótido no identificaron ninguna anomalía monogénica ni poligénica.

Los estudios inmunológicos mostraron una cuantificación anormal del subconjunto de células B y una diferenciación periférica de células B, con linfopenia total grave de células B CD19+ (4,6 % [rango de referencia, 6,3 a 20,0]; recuento absoluto, 19 [rango de referencia, 96 a 515]) y una ausencia relativa de células B de memoria CD19+/CD27+ (4 % [rango de referencia, 14 a 44]). El nivel de interleucina-18 fue de 6332 pg por mililitro (valor de referencia, <477), el nivel de CXCL9 de 32.051 pg por mililitro (valor de referencia, <647), el nivel de interferón-γ de 26,1 pg por mililitro (valor de referencia, <4,2), el nivel del receptor soluble de interleucina-2 de 11.186,9 pg por mililitro (rango de referencia, 175,3 a 858,2), y el nivel de interleucina-10 de 34,8 pg por mililitro (valor de referencia, <2,8). Hubo elevaciones más leves en las citocinas derivadas de monocitos: el nivel de interleucina-6 fue de 7,7 pg por mililitro (valor de referencia, <2,0), y el nivel de interleucina-13 de 2,5 pg por mililitro (valor de referencia, <2,3).

 

Ponente

La respuesta de anticuerpos a la vacunación es anormal (la Academia Estadounidense de Alergia, Asma e Inmunología recomienda un valor de corte para una respuesta normal de >1,3 μg por mililitro para al menos el 50 % de los antígenos analizados). Este hallazgo, combinado con la hipogammaglobulinemia, es diagnóstico de IDCV. Los niveles elevados de citocinas séricas indican inflamación mediada por linfocitos T cooperadores. La presencia de pancitopenia, hepatoesplenomegalia, inflamación granulomatosa difusa y marcadores elevados de activación inmunitaria sistémica concuerdan con IDCV; los antecedentes de infecciones sinopulmonares recurrentes y trombocitopenia inmunitaria respaldan el diagnóstico.

 

Evolución

Se inició tratamiento con inmunoglobulina intravenosa y prednisona (20 mg diarios). La fiebre, las náuseas, los vómitos, la tos y el malestar general remitieron en una semana; la pancitopenia y las enzimas hepáticas anormales se resolvieron en un mes, momento en el que se reincorporó al trabajo. Todos los cultivos pendientes fueron negativos. Durante los 18 meses de seguimiento, la gravedad de la hepatoesplenomegalia y la linfadenopatía disminuyó progresivamente.

 

Comentario

Esta mujer de 31 años presentó episodios recurrentes de fiebre, sinusitis, tos, náuseas y vómitos, con sudores nocturnos asociados y pérdida de peso involuntaria. Se le diagnosticó pancitopenia, hepatoesplenomegalia, nódulos pulmonares y hepáticos, e inflamación granulomatosa no necrosante. Una evaluación exhaustiva para detectar causas infecciosas y malignas no reveló resultados. Finalmente, la combinación adicional de hipogammaglobulinemia y respuesta vacunal deficiente condujo al diagnóstico de IDCV.

La IDCV es un grupo de trastornos inmunitarios primarios con una producción deficiente de anticuerpos, que se caracteriza por niveles bajos de inmunoglobulinas séricas y una respuesta inadecuada de anticuerpos a vacunas e infecciones. La IDCV es la inmunodeficiencia primaria sintomática más común, con una incidencia reportada de aproximadamente 1 por cada 20.000 personas. La IDCV afecta a ambos sexos por igual y puede manifestarse a cualquier edad. La mayoría de los diagnósticos se realizan entre los 20 y los 40 años. El retraso promedio en el diagnóstico es de 6 a 7 años desde la aparición de los síntomas cardinales.

Una característica distintiva de la IDCV son las frecuentes infecciones sinopulmonares o entéricas, a menudo con bacterias encapsuladas. Sin embargo, solo un tercio de los pacientes con IDCV presentan infecciones como única manifestación, mientras que en el resto pueden desarrollarse una o más complicaciones autoinmunes, inflamatorias o malignas. Estas complicaciones incluyen trombocitopenia inmunitaria (como se observó en nuestra paciente), anemia hemolítica autoinmune, inflamación granulomatosa no necrosante, enfermedad pulmonar y gastrointestinal no infecciosa, linfoproliferación benigna y enfermedades malignas (especialmente linfoma). Las complicaciones infecciosas tienden a ocurrir en las primeras etapas de la enfermedad, mientras que las enfermedades malignas suelen ser complicaciones tardías. Las complicaciones autoinmunes pueden ocurrir en cualquier momento.

La patogenia de la autoinmunidad y la inflamación granulomatosa en la IDCV está mal definida. Las investigaciones actuales sugieren un defecto inmunológico intrínseco que provoca una desregulación de la inmunidad celular, además de un deterioro de la inmunidad humoral. Junto con el deterioro de la función de los linfocitos B, muchos pacientes con IDCV presentan activación inmunitaria sistémica, especialmente una activación persistente de los linfocitos T o una elevación de las citocinas séricas. 6

La inflamación granulomatosa en la IDCV puede simular la sarcoidosis. Las características distintivas incluyen infecciones recurrentes y fenómenos inmunológicos, comunes en la IDCV, pero no en la sarcoidosis. La hipogammaglobulinemia es característica de la IDCV, mientras que la hipergammaglobulinemia se observa a menudo en la sarcoidosis. 7 Los granulomas en la IDCV suelen estar menos formados, ser menos fibróticos y tener mayor contenido linfoide que los granulomas de la sarcoidosis. 8

El diagnóstico de IDCV implica la medición de un nivel sérico reducido de IgG y un nivel reducido de IgA o IgM; la exclusión de causas secundarias de hipogammaglobulinemia; y la evidencia de una respuesta de anticuerpos alterada a la provocación antigénica con la vacunación. 9 La citometría de flujo periférica es un complemento útil, pero no es necesaria para el diagnóstico y no se utiliza comúnmente. La cuantificación de subgrupos de células B puede ayudar tanto a identificar como a clasificar la enfermedad. 9-11 Se han identificado varias variantes genéticas asociadas con IDCV, pero en la mayoría de los casos no se identifica un diagnóstico molecular. 1,12 No se identificaron anomalías genéticas a partir de la secuenciación genómica ni de la matriz de polimorfismos de un solo nucleótido en nuestro paciente.

El perfil metabólico completo puede proporcionar una pista importante para el diagnóstico. Una brecha proteica inferior a 1,8 g por decilitro, como la presente en este caso, indica hipogammaglobulinemia. 13 Otro hallazgo sugestivo de hipogammaglobulinemia es una velocidad de sedimentación globular normal con un nivel elevado de proteína C reactiva; la velocidad de sedimentación globular mide el tiempo que tardan los glóbulos rojos en sedimentarse en el fondo de un tubo de ensayo, y este se reduce cuando los niveles de proteína circulante son bajos.

La inmunoglobulina intravenosa es la piedra angular del tratamiento y se ha demostrado en ensayos que reduce las infecciones 4 ; los datos observacionales muestran que su uso se asocia con una mejor supervivencia. 3 Cuando hay evidencia de autoinmunidad o inflamación granulomatosa, la inmunosupresión con glucocorticoides también está justificada en algunos pacientes. Ambos se utilizaron en el paciente actual. Aunque faltan datos de ensayos aleatorizados para guiar el tratamiento, los datos observacionales muestran que entre el 66 % y el 86 % de los pacientes con inflamación granulomatosa alcanzan la remisión solo con glucocorticoides. 14 Si hay inflamación grave o persistente, se añaden agentes ahorradores de glucocorticoides (más comúnmente rituximab, azatioprina o inhibidores del factor de necrosis tumoral α), con una respuesta que se produce en más del 90 % de los pacientes en series de casos. 14,15

Este caso destaca la importancia de incluir la IDCV en el diagnóstico diferencial de la enfermedad granulomatosa multisistémica. En este paciente, las anomalías en la inmunidad humoral y celular causadas por la IDCV provocaron infecciones recurrentes e inflamación granulomatosa. La identificación del diagnóstico permitió un tratamiento eficaz con inmunoglobulinas y glucocorticoides.

 

Traducido de

“Closing the Gap”

Authors: Colin H. McLeish, M.D., M.B.A. https://orcid.org/0009-0008-9663-3027, Allan C. Gelber, M.D. https://orcid.org/0000-0001-8463-311X, Howard M. Lederman, M.D., Ph.D., Michael J. Chilazi, M.D., and John A. Woller, M.D. https://orcid.org/0000-0002-4684-7085Author Info & Affiliations. Published December 29, 2025 N Engl J Med 2026;394:79-85 DOI: 10.1056/NEJMcps2506820 VOL. 394 NO. 1

 

 

https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMcps2506820?query=featured_secondary_home

 

Referencias

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2. Remiker A, Bolling K, Verbsky J. Common variable immunodeficiency. Med Clin North Am 2024;108:107-121.

3. Chapel H, Lucas M, Lee M, et al. Common variable immunodeficiency disorders: division into distinct clinical phenotypes. Blood 2008;112:277-286.

4. Resnick ES, Moshier EL, Godbold JH, Cunningham-Rundles C. Morbidity and mortality in common variable immune deficiency over 4 decades. Blood 2012;119:1650-1657.

5. Janssen LMA, van der Flier M, de Vries E. Lessons learned from the clinical presentation of common variable immunodeficiency disorders: a systematic review and meta-analysis. Front Immunol 2021;12:620709-620709.

6. Paquin-Proulx D, Sandberg JK. Persistent immune activation in CVID and the role of IVIg in its suppression. Front Immunol 2014;5:637-637.

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10. Rösel AL, Scheibenbogen C, Schliesser U, et al. Classification of common variable immunodeficiencies using flow cytometry and a memory B-cell functionality assay. J Allergy Clin Immunol 2015;135:198-208.

11. Wehr C, Kivioja T, Schmitt C, et al. The EUROclass trial: defining subgroups in common variable immunodeficiency. Blood 2008;111:77-85.

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